¿Para que discutir, si podemos pelear?

Mi familia no son gente normal
de otra época y corte moral.
Resuelven sus problemas de forma natural.
Para qué discutir, si puedes pelear.

Creo que pelear no está mal. Cuando realmente esrtas enojado lo que sucede es que uno aprieta los dientes y los puños, y la ira como una bola de lava líquida, nubla la razón y se vuelve una parte importante del raciocinio. Bueno. Se vuelve el raciocinio.

Y todos hemos peleado. Yo creo que he peleado un uno a uno tres veces en mi vida. La pultima siendo un adolescente. Creo que empaté, pero la nariz medio torcida muestra que no soy el más artístico de los peleadores. Soy dee los que meten muchas patadas y trata de no meterse en una meleé.

Y sí, en Ecuador la idea de ser un buen puñete es una cierta garantía de dos centavos más de testosterona en su haber. Yo tengo panas que son leyenda negra del golpe callejero. Letales y rápidos, de jab limpio y rodillazo al plexo solar certero. De apretar la espalda en la pared y y saber esquivar peligrosos puños. De la zancadilla adecuada y de la barrida en el asfalto. Grandes peleadores.

Ya más grande, he visto pelear a los mejores, tanto en el boxeo, el mma, o la lucha libre, de la que pude hacer una serie divertidisima de fotos que pueden encontrar por aquí.

Pero todos han hecho clara la regla número 1 de la pelea callejera mundial:

EN LA PELEA NO SE HACE ALHARACA: LOS AMIGOS HACEN BOMBA PA QUE NADIE MÁS SE META.

La regla más importante de todas, la que se utiliza cuando todo se va al carajo. Los amigos tratan de que quienes pelean resuelvan esa bronca de una vez y para siempre, sin que haya ruptura en el tejido social. Evitan las malas artes y los golpes bajos. Recogen al tipo en k.o. y evitan la entrada de terceros. Los panas aseguran que el conflicto se resuelva con igualdad de armas. Eso lo he visto en Quito, Bogotá, Madrid, Jerusalem, Tegucigalpa o El Cairo; si dos seres humanos decidieron partirse la crisma, los amigos de lado y lado evitan distrorsiones en las reglas de un uno a uno. Si a mi me preguntaan, mis amigos han vigilado que eso si suceda.

Después del festival de los hombres duros entre el Presidente y el Asambleísta Paez, en el que han pactado un encuentro uno a uno para arreglar sus diferencias personales, creo que hay que hacer una reflexión:

a. Fuera de cualquier crítica sobre el machismo, ejemplo para los niños o cualquier otro asunto que nos aqueja, creo que hay que ser muy claros: No hay ningún impedimento legal para que dos seres humanos en el ámbito privado se rompan la crisma, para resolver sus conflictos. De hecho estuvo reglado en gran parte de la historia humana: Don Joaquín Escriche, en su Diccionario Razonado de Legislación y Jurisprudencia(1851), describe al duelo como “ “un combate regular entre dos personas, con peligro de muerte, mutilación o herida, en presencia de testigos o sin ellos, precediendo reto o desafío hecho por palabras, por escrito o por gestos, y aplazando tiempo y lugar para tenerlo”.

b. El Conde de Uautuvilleard en su Jurisprudencia sobre duelos (1891), establece unas reglas claras para este trance, y lo pone muy claro: el llamamiento a duelo no puede darse de forma colectiva, y ojo:

Pueden ocurrir asuntos graves que, necesariamente arrastren instanténeamente a una represalia; pero en principio general es conveniente evitar semejantes actos de violencia. No hay necesidad de llegar a las maanos para provocar un duelo.

En ese orden de cosas, los que nos hemos equivocado hemos sido todos nosotros. Si la gente quiere arreglar las cosas a los golpes de manera privada, de acuerdo. Si quieren hacerlo público también. Lo malo es este festival de apoyos y “déjeme meterme para casquearlo” que sucede en redes sociales. Creo que cada uno decide sobre su cuerpo y exponerlo, pero no terminar en un circo, que es lamentable para el país.

O peor, que eso sea un lamentable reflejo de lo que somos: Un país que celebra la agresión como un mecanismo de encontrar las respuestas más importantes. Que nos hayamos vuelto Roma, que necesita espectaculos terribles para justificarse a si misma. Y que no necesitamos políticos, sino gladiadores, y que nuestra buena conciencia tenga debajo una turba hambrienta de golpes y rabia.

Espero que este asunto se resuelva de la manera más sensata para todos los involucrados, en nombre de la paz social, y el retorno a los valores de caballerosidad, inteligencia y “saber estar” que corresponde a una política decente.

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