When I´m gone

On the road again
Just can’t wait to get on the road again
The life I love is making music with my friends
And I can’t wait to get on the road again
On the road again

Es la cuarta vez que hago esto en los últimos 10 años. Armar mi vida en dos maletas de 23 kilos. Botar ropa que te parece que no está tan vieja, pero ya no te sirve en tu siguiente destino. Hacer un pequeño espacio para las chucheríuas que son recuerdos y no importan. Cargar las cámaras y pensar en las nuevas fotos.

Y dar el viaje de vuelta. Volver a Ecuador. Ahora, se supone con mejores expectactivas. Con un doctorado a cuestas, educación a tope, un par de maestrías, idiomas y todos los adornos pendejos que el sistema te exige para funcionar. Si, se supone…

Pero con las mismas sensaciones de ahuevamiento, miedo y tensión que me llevaron 10 años antes a iniciar este andar. Es simpático sentir esta sensación de que nada dentro de uno ha cambiado y a pesar de miles de kilometros en todos los medios posibles de transporte, tres continentes, decenas de camas de hotel y sofas en medio mundo, Quito todavía esta allí.

El Klondike. El lugar donde uno va a sacar oro. Donde por una pepita de buena fortuna aún se puede jugar la vida en los bares. No ha dejado de ser el sitio impredecible, peligroso y fascinante donde muchas de las mejores personas que conozco se han dejado la piel (literalmente) por sus sueños, y se han roto. No es un sitio fácil. De hecho creo que es una de las ciudades más jodidas de vivir en Occidente, ya que te obliga a inflar el ego y ponerte super agresivo con el fin de tener un nivel de vida que en otros sitios se pueden conseguir con menos pretensiones. Es cuna y es mortaja, y el gran interrogante de vida.

Pero no lo puedo negar, también tiene sus ventajas. Allí están los mejores atardeceres, llenos de llamas de luz. Está el Centro: ese damero que me lo conozco tanto a pie y al que he dedicado mis fotos. Allí está la sonrisa de mi madre y está enterrada mi abuela. En pocas, es la ciudad donde he decidido cavar una trinchera y resistir los cielos e infiernos que me aguardan en la vida. He decidido establecerme allí, e intentar de todo corazón hacer una vida allá. Una que valga la pena y de la que pueda sentirme orgulloso.

Pero es el Klondike. Desgraciadamente de un día para otrono se puede volver a amar una ciudad. Quito sabe que hay un amor profundo en mi vida, que se llama Madrid. A diferencia de ella que es un amor exigente y de todos los días, la muy Antigua, Noble, Leal, y Coronada Villa y Corte de Madrid es mi elección de vida. Un lugar lleno de gente muy valiente y con la mezcla de cariño, agresividad, pompa y circunstancia que la han hecho el lugar donde he aprendido a ser feliz y que me he hecho adulto.

En pocas, me he vuelto un chulla chulapo.

Del lado chulla, herede el pícaro pícaro social, fruto de una sociedad ambigua, con un sistema de defensa individual apoyado en el ingenio agudo, el chiste oportuno y el cuento tan gracioso como convincente. Del lado chulapo he aprendido la elegancia, inclusive en la desgracia, la actitud ruda pero amable y el respeto a las tradiciones. Y aprendí que al final del día no hay que arrepentirse de lo que uno ve en el espejo.

y espero algún día, encontrar alguien para alfombrar de claveles la Gran Vía.

Pero ahora que estamos con maletas listas y el lunes, como todos los lunes del mundo, va a llegar en dos suspiros, hay que volver a la carretera. Vamos palante, a ver si hacemos un hogar allá. Creo que eso es lo más importante:

Another airplane, another sunny place
I’m lucky I know, but I wanna go home
I’ve got to home
Let me go home
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