Café amargo

Acabo de tomar mi última taza de café de la mañana. Ya perdí la cuenta, ¿Cuántas he tomado? La verdad que estar perdida en el espacio-tiempo se me complica cada vez más. Incluso cuando estoy escribiendo siento un éxtasis en mi cabeza, ha de ser porque tuve insomnio y no descansé bien. ¿Pero por qué? Porque mi mente me hizo una trampa, la muy atrevida me engañó por un segundo que íbamos a dormir bien para que a la mañana hagamos algo de ejercicio, pero no. Justo a las 1:25am se le ocurre pensarte, sí, en pensarte. Pero no de la manera que vos crees, sino una manera más cautelosa pero inquietante, como besarte bajo la lluvia sabiendo que mañana nos morimos. Así de inquietante, eso de morirse. ¿Por qué vivir sabiendo que no te merezco? Y me disculpo, estos pensamientos aparecen cuando mi mente vuela en una ola de cafeína de la madrugada, y vuelvo a terminar otra taza de café. No sé ni qué estoy diciendo, aunque nunca lo sé, no debería preocuparme, las grandes mentes no saben lo que dicen. O eso me dijeron, o eso siento yo cuando me dicen que se asombran de mis pensamientos.

Imagínate que dirían si supieran lo que pienso de vos, pero a vos no te importa. Dudo que a los otros les importe. Perdón, acabo de tomar otra taza de café pero esta vez le puse un poco de edulcorante. Porque dentro de todo lo amargo siempre hay una pizca de dulzura, aunque sea instantánea y te venda el comercial de que es dietética cuando sólo es cáncer líquido. Pido disculpas por mi forma de hablar o de expresarme, esto pasa cuando tengo sueño y trato de mantenerme despierta, porque son las 7:15am y tengo que ir al colegio.

Esto para vos y para mí es rutinario, ni siquiera sé qué estoy escribiendo pero sé que es para vos, si es que algún día lo lees. Pero no sé, no sé tantas cosas, tampoco estoy dispuesta a decir la frase socrática de “sólo sé que no sé nada”, frase busca fama, muchas personas empleándola sin conocer el verdadero significado o cómo surgió. Frase que te hace sentir inteligente porque admitís que no sabes nada, es como el amor. Te hace sentir que vivís en un lecho de rosas, sentís mariposas pero en el momento de encontrarte con la dura verdad te tapas los ojos y fingís que no es cierto. Como esos locos de la caverna de Platón, teniendo toda la posibilidad de ver con claridad, prefieren encerrarse en la oscuridad esperando que todo lo que ellos creen que saben son de verdad. Y así es el amor, amargo como el café pero dulce e instantáneo como el edulcorante.

Aunque no sé, y no sé lo que no sé, es un pensamiento. Aparece de manera espontánea el “no sé” capaz que ya lo tengo asimilado y nubla mis pensamientos que podrían traer la cura para la sociedad en la que vivís. ¿Cura de qué? Y la verdad que no sé qué decirte, porque ni yo sé que estoy pensando. Por eso escribo, porque no me acuerdo, porque mi mente vive en su mundo de olas de cafeína con edulcorante.

Recién lo estuve reflexionando y llegue a la conclusión que el amor es como el Fiat 1 2010 que tiene mi vieja, medio hecho mierda. Todas las mañanas mamá dice “le tengo que poner agua al auto” y llena un tubo que no sé a dónde va con agua fría, limpia los parabrisas y le pone nafta. El amor es así, como ese cuidado que hay que tenerle al auto, hay que cuidarlo cada minuto porque al momento que te descuidas, sólo con un segundo, las consecuencias son caras. Y para mí, tu amor es como un Fiat 1 2010 usado en la venta; usado porque seguramente muchas mujeres pasaron por tu vida y te arruinaron hasta llegar a tal punto que seas como sos hoy en día, y en venta porque no tengo plata para comprarlo o sea, no cumplo los requisitos para que me ames. O al menos eso creemos, porque no sabemos y nunca sabremos si no hablábamos y nos descubrimos entre risas y cerveza. Pero esta distancia no nos permite conocernos, ésta maldita que me vuelve loca con tan solo pensar que estando tan cerca estamos tan distante. Y tal vez sea cosmos que me castiga de esta manera, porque no amé a quien debía amar y ahora amo a quien no me ama.

Y a veces el amor es doloroso, como hace un rato, mi mamá me estaba llevando a la escuela y me dijo “asquerosa” porque no me reí de su chiste porque estaba pensando en qué escribir, estaba pensando en liberarme. Algunas veces amor es sólo un café amargo. Duele cuando mi propia madre me habla como si fuera su amiga, sobrepasando su límite e hiriéndome los sentimientos. Y eso es amor doloroso, bajarte del auto semi enojada diciendo “la mejor mamá del mundo” y luego subir las escaleras con lágrimas agrías en mis ojos que después bajaran hasta que mis manos las limpien una vez que llego al aula. Porque el amor de mi mamá es como el café mal elaborado. Esas lágrimas eran producto del amor que me tiene.

Y también es doloroso como esa vez que descubrí que mi mejor amiga de toda la vida me mentía tan compulsivamente que llegué a un punto de no saber con quién estuve lidiando todos estos años. Y mi amor dulce como el edulcorante se desvaneció para sentir enojo, un amor frustrado. Porque no podía creerlo, tantos años. Pero me estoy yendo por las ramas.

No quiero dejar de escribir, porque me tranquiliza, porque es la única manera en la que soy feliz, porque estoy tranquila. Nunca estoy tranquila, siempre pensando y mis pensamientos me ahogan la felicidad, algunas veces la clave es no pensar. Escribiendo me libero y digo las cosas que a nadie se lo diría ni aunque me pagaran un millón de dólares. Porque no me salen, porque las palabras se me esconden en el subconsciente para que no pueda expresarme de la manera de cómo me expreso ahora.

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