El 80 por ciento de un político

Político en campaña. Omar Turcios.

El sábado pasado, en Manzanillo, el gobernador de Colima, Ignacio Peralta, fue 80% lengua y 20% saliva. ¿Que cómo fue posible tal cosa? Aguante un poco, ya se lo explico. Sucedió, como siempre le sucede a nuestro gobernador, por llegar tarde a todos lados. Desde las nueve y media de la mañana ya lo esperaban en el puerto en un acto convocado por empresarios. ¿Y qué tan tarde llegó? Hombre, no mucho. Una hora y cachito nomás. Tiempo suficiente para que cualquier persona, educada y paciente, se hartara de esperar y se largara de ahí echando pestes y revistiendo con maledicencia la investidura de nuestro gobernante.

El acto en mención fue la clausura de una campaña contra la corrupción (que deviniera en campaña de desprestigio a la puntualidad y el respeto se lo deben a Ignacio). Ahí, frente a empresarios jóvenes, y otros no tanto, nuestro gobernador dio un breve discurso sobre la corrupción (uno no esperaría menos de alguien como él). Mientras lazaba al micrófono exclamaciones sobre el tema, su lengua fue ocupando el 80% de su persona.

Y es que vaya usted a creer lo que dijo. Yo apenas lo creo porque no sólo escuché lo que decía, también vi cómo lo decía. Ahí estaba él, hecho toda una lengua, expresando que la corrupción es un “acto cultural”, que es difícil y harto complejo combatirla, pero que su administración hacía esfuerzos, etc. Y cuando la lengua con lentes decía, con refinada resignación, eso de que la corrupción es parte de nuestra cultura, a los ciudadanos no nos quedaba más que imaginarnos atados por in sécolua secolórum a la corrupción imperante (y a la impuntualidad, desde luego, que siempre corrompe la credibilidad de las personas). Habló también de que copiar en un examen es corrupción, pero no dijo que guardar silencio o solapar a quienes malversan (o malversaron) dineros públicos, es corruptela común. Y así fue, entonces, que Ignacio Peralta fue 80% lengua.

Un poco mas tarde, luego de tomarse fotos como si hubiera librado, y ganado, una batalla contra “el cáncer de la corrupción”, el gobernador se volvería 20% saliva, completando así su metamorfosis. Esto sucedió media hora después, ya en una reunión con la militancia porteña priista. Ahí, Peralta les dijo a los presentes, con la misma facilidad con la que llega tarde a todos lados, que para evitar que el PRI perdiera espacios electorales en el 2018, sus prioridades como gobernante (y priista) serían 80% políticas y 20% administrativas. Es decir, 80% lengua y 20% saliva. Puedo imaginar a sus compañeros de partido, mirando con satisfacción, el poder de su líder estatal para transmutar, su persona y prioridades, en lo que se le pega la gana.