La desgracia de la atención selectiva

Prácticamente todas las noches, cuando subo a mi coche en camino a casa, le marco a mi mamá para platicar sobre nuestros días. En una de las llamadas de esta semana, mientras estaba en un alto, de pronto le dije: “no sabía que habían tirado el edificio de “El Globo” de Londres y Salamanca”, de manera un poco triste.

Mi tristeza no tenía nada que ver con que ya no hubiera una tienda “El Globo” en ese lugar. Creo que varias veces en mi infancia acompañé a mi mamá a comprar pan o pasteles a esa sucursal. Pero hacía años que no iba. Mi tristeza surgió del hecho de que había pasado no menos de 8 veces en las últimas dos semanas por dicha esquina y no me había dado cuenta de que ya no existía el edificio.

Y eso me hizo investigar un poco acerca de la atención. Enfatizo: un poco. No soy experta en la materia ni me van a dar un premio Nobel por mi investigación. Pero encontré que nuestro organismo está hecho para concentrar la atención en uno solo de los estímulos que está recibiendo. Y a ese fenómeno se le denomina atención selectiva.

Hay muchas teorías acerca de cómo nuestro cuerpo selecciona el estímulo más relevante para centrar su atención. La verdad, yo creo que las prioridades se asignan en función de la satisfacción de necesidades de la pirámide de Maslow. Por eso, cuando tengo hambre, mi mente no se puede concentrar en nada más.

De acuerdo, hay que agradecerle a la atención selectiva porque no choqué ni atropellé a nadie en las últimas dos semanas en el cruce de Londres y Salamanca. Pero la verdadera desgracia es que hace que nos perdamos de miles de cosas. Y algunas de esas cosas merecen tener nuestra atención.

Por ejemplo, esta misma semana descubrí la siguiente escultura en una caminata por la calle de Río Sena (por la que había pasado varias veces en el último año):

Escultura “Hombre mirando al infinito, Homenaje a Bertha” del escultor Jose Luis Cuevas

Y, la verdad, la escultura me pareció hermosa. Las jacarandas que la encuadran la hacen aún más linda. Desgraciadamente la Plaza Necaxa, donde se encuentra la escultura, está un poco descuidada y la escultura ha sufrido bastantes agravios en forma de graffitis y raspaduras.

A un costado de la escultura se lee “Homenaje a Bertha”. Después, leyendo sobre Jose Luis Cuevas, descubrí que Bertha Riestra había sido su esposa durante 39 años, y que esta escultura la hizo cuando ella falleció después de una lucha contra el cáncer.

Firma de José Luis Cuevas, junto con el escrito “Homenaje a Bertha”

De nuevo, gracias a la atención selectiva por mantenerme con vida. También gracias a mi mente rebelde por obligarme de vez en cuando a cambiar mi foco de atención y descubrir cosas nuevas.

Y ustedes, ¿qué batallas le han ganado a la atención selectiva?