Mi propia forma de ir desentonando

Muchos de mis amigos tienen por lo menos una forma de ir desentonando con el resto del mundo; características que los hace destacarse entre el resto de los humanos. Tengo muchos ejemplos, en características físicas y en actitudes: tengo un amigo que decidió que su objetivo de vida es mantenerse contentote (Hola, Victor “Contentote”) y lo usa como eje rector de sus decisiones, comentarios y redes sociales. Mi amiga Mónica siempre tiene algo morado en su vestimenta o accesorios. Mi amiga Carmen siempre da “abrazos de vitaminas” y tiene palabras de aliento para cualquier persona que pueda parecer triste o estresada.

Siendo sincera conmigo misma, tengo un conjunto de características que podrían desentonar con el resto del mundo. Pero hoy quiero platicarles de la que más ha llamado la atención de la gente últimamente: mi capacidad de asombro. Y es que todo me llama la atención. Les voy a contar tres anécdotas que lo describen perfectamente.

Mi hermosa dona de Elmo

La primera, que es la que me llevó a escribir este artículo, sucedió el miércoles de esta semana. Estaba en una junta en la oficina, y al salir vi que quedaba una dona solitaria en la caja que alguien había llevado. Salí con mi dona, muy contenta, hasta que alguien me detuvo porque dijo que iba particularmente contenta y me preguntó qué pasaba. Le dije “Tengo una dona de Elmo”, mientras abría las servilletas para enseñársela. Este intercambio me pasó por lo menos 3 veces antes de llegar a mi lugar, y nadie podía entender por qué estaba tan emocionada por la dona. Y es que la dona estaba preciosa.

Hace casi un año, mi amigo Héctor y yo viajamos en coche de Mérida a Cancún. En el trayecto nos detuvimos en un lugar con tiendas y sanitarios. Junto a la construcción había un enorme basurero en el que había por lo menos 10 zopilotes tratando de abrir las bolsas. Le dije a Héctor: “¿Ya viste a los zopilotes?”. Héctor me preguntó que si ya había visto la foto del zopilote esperando a que muriera un niño que fue portada de National Geographic hace unos años. Me ofendí. “¿Qué tiene que ver esa foto horrible con lo que estamos viendo?”. A lo que él contestó “Los zopilotes son horribles. No entiendo por qué te gustan”. “No es que me gusten”, contesté, “pero, ¿cuándo habías visto tantos zopilotes juntos tan cerca?”. Me dejó hablando sola. El asombro de los zopilotes se me acabó rápido, porque al entrar a la tienda descubrí que los encargados hablaban maya. Y el maya suena tan bonito. Seguro estaban diciendo cosas como “esta mujer tiene alguna obsesión rara con los zopilotes y nos está viendo mientras sonríe aunque no sabe que estamos hablando de ella”, pero sonaban sumamente melódicas en maya. Héctor me recuerda esta anécdota cada vez que hago algún comentario acerca de algo, sea un insecto sumamente rojo, o una característica sumamente extraña de algo.

En la última anécdota, mi amigo Fernando y yo estábamos en la calle, y en eso pasa un coche con una placa de letras “AKA”. Deben saber que esas son las letras de mi coche. Y últimamente he visto muchos coches con placas “AKA”. Le hice el comentario a Fernando, y me contestó “Sí, y la semana pasada me dijiste que viste muchos Vento con llantas de refacción”. Y es cierto, la semana anterior vi muchos Vento, como mi coche, con llantas de refacción. A lo mejor tuvo que ver un poco con el hecho de que la semana anterior se había ponchado mi llanta. Y con esto, descubrí que mi capacidad de asombro también es un poco selectiva.

Estas son algunas de mis historias sobre mi capacidad de asombro. Es una de las características de las que estoy más orgullosa, y estoy segura de que me ha traído muchas cosas buenas.

¿Y ustedes? ¿Cuál es su forma de desentonar?