Tengo cáncer... pero me voy a curar.

Me diagnosticaron cáncer testicular el 14 de diciembre del año pasado. Me operé y me prescribieron tres sesiones de quimioterapia de una semana de duración cada una además de seis sesiones de refuerzo que duran una tarde cada una. Solo me falta una sesión de refuerzo; ya recorrí gran parte del camino y gracias a Dios estoy llegando a la meta de manera muy satisfactoria.

El tratamiento fue duro, muy duro. Hubo momentos en los que quería que se apague el mundo, pero reconozco que dentro de todo mis molestias fueron leves en comparación a otros casos. Conocí a gente realmente guerrera que en circunstancias tan difíciles le ponían garra y peleaban con entusiasmo; lo mejor de todo es que estos guerreros ganan. La palabra cáncer asusta, pero hay que entender que hoy en día los tratamientos son efectivos y existen muchas posibilidades de ganarle. Es clave el diagnóstico temprano: es decir, tenemos que irnos al médico a controlarnos por lo menos una vez al año. Tenemos que romper esa cultura de ir al médico recién en las últimas.

Durante estos meses aprendí muchísimo y viví cosas que sin dudas me van a marcar para toda la vida. Quiero mencionar la enorme generosidad de la gente. Dios me concibió en el seno de una hermosa gran familia y me regaló valiosos amigos en el camino de mi vida. Debo recordar también a toda esa gente desconocida que me ha brindado su ayuda como si yo fuera su hijo, entre ellas los médicos y enfermeras que me cuidaron. Gracias a ellos hoy puedo decir que tengo cáncer… pero me voy a curar y voy a vivir mi vida con generosidad y gratitud.