Tensión en el campo: lo moderno versus lo tradicional.

Existen acontecimientos de nuestra realidad que si las miramos atentamente nos remiten a capítulos ya pasados de la historia. Muchas de las tensiones y conflictos que vivimos no son nuevos, ya sucedieron en otras sociedades o en otros ámbitos de nuestra sociedad. El conflicto que se vive hoy en el campo es uno de esos casos.

Principios del siglo XIX.
En Inglaterra, surgió un movimiento de artesanos que se oponía a la utilización de las nuevas máquinas en la industria de telas, ya que estas destruían el empleo y la industria artesanal. Al movimiento se le llamó “ludismo” o “movimiento ludita”. Estos destruían las máquinas, amedrentaban y atacaban a los dueños de las máquinas.

Al final se impuso la tecnología. Esto permitió el abaratamiento de las telas y facilitó el acceso a vestimenta más barata y de mejor calidad a la población. El empleo que había sido destruido en la industria de tela fue reasignado a otros sectores que fueron surgiendo en la época.

Principios del siglo XXI.
En Paraguay, surgió un movimiento de campesinos y políticos que se opone a la utilización de nuevas máquinas en la industria agrícola, ya que destruyen el empleo y la agricultura tradicional. El movimiento tiene claramente una identidad vinculada a sectores políticos de izquierda con una visión de lucha de clases. Como mecanismo de lucha realizan invasiones y marchas; a veces con una escalada de violencia ante la inutilidad de los organismos de seguridad y control del Estado.

Sin dudas el problema es mucho mas complejo y tiene diversas aristas pero al final se impondrá la tecnología. La clave no pasa por intentar detenernos en el tiempo, sino en ver cómo suavizar la transición de ese excedente de mano de obra desde el sector agrícola tradicional hacia un sector industrial urbano.

Este proceso de trasladar mano de obra desde un sector poco productivo hacia un sector mas eficiente puede ser doloroso si no lo asumimos como inevitable y nos preparamos para ello. Así también, vemos que disponer de mano de obra en abundancia constituye una gran oportunidad para desarrollar proyectos de industrialización que pueden beneficiar enormemente a la economía.

La transición es compleja por diversos motivos y debido a ello el paso de una economía a otra es muy difícil de gestionar correctamente. Debemos reconocer que mas allá del cambio de modelos económicos existen otros condimentos (xenofobia, desigualdad en la tenencia de tierras, intereses políticos e ideológicos, etc.) que hacen que la transición sea mucho mas complicada, pero estas complejidades no hacen que los resultados sean menos inevitables. Depende de nosotros prepararnos para que el problema se convierta en una gran oportunidad: el primer paso es entender que avanzar implica adoptar nuevas y mejores formas de hacer las cosas.