Querido y remoto Gen X

réplica a Estimado millennial de Francisco García

Claro que quiero vacaciones, elegir a mis clientes y un buen salario. ¿Tú no? ¿Nunca te has detenido a mitad de una junta excesivamente técnica preguntándote si no estarás desperdiciando tu vida? ¿Y para qué quieres estar en una oficina 15 horas de todas maneras? Hace un día hermoso allá afuera.

Encuentro mi trabajo, al igual que muchos, más como un lastre necesario que como una fuente de placer. Crecí con Internet y sé que hay un mundo sucediendo allá afuera mientras a uno se le pudre el alma encerrado en una oficina sin ventanas.

En tu texto le pides a los millennials que despierten pero, ¿sabes qué? No. Despierta tú.

Si no me ves entusiasmado en tu clase, en tu oficina o en tu sala de juntas, es porque en realidad no quiero estar ahí. Yo he sido ese millennial que criticas. No estoy dispuesto a poner el esfuerzo necesario en un trabajo porque en realidad no me importa lo suficiente. El Camino a la Felicidad™ no necesariamente pasa por trabajar o tener una carrera, te hago saber. Mucho menos pasa por tener una carrera como la describes.

Hay mucha gente, incluso tal vez esos millennials que se te acercan a pedirte trabajo, que aunque tienen una actitud desinteresada y pésimos hábitos laborales, en realidad son personas plenamente realizadas en alguno de los muchos otros aspectos que tiene para ofrecer la vida además de la posibilidad de hacer dinero y ser visible en la burbuja que es el mundo laboral.

Así que perdóname si me parece una afrenta a mis principios trabajar en fin de semana, pero tengo la suerte de no tener hijos y de que nadie dependa económicamente de mí, de poder hacer las cosas a medias y aún así salirme con la mía.

En Facebook escribiste: Encuentra lo que amas y dedícate a ello (malcitando a Bukowskiy y su “Encuentra lo que amas y deja que te mate”). Pues esto es lo que amamos y a lo que nos dedicamos: al placer, a la tecnología, a nuestras relaciones y a nosotros mismos. Es hermoso. ¿Y sabes qué es lo mejor? No somos los primeros ni seremos los últimos.

Cada generación ha sido así desde el principio de los tiempos. Quejarse de que los jóvenes de ahora no saben un carajo es una consigna tan vieja como la cultura. Aristóteles mismo se quejaba de sus jóvenes de ahora. Si tu texto se hizo viral es porque apela a un desprecio hacia lo nuevo bastante enraizado entre la población. Nada nuevo bajo el sol.

Entonces odian lo que alcanzan a percibir de algunos de nosotros y le ponen una etiqueta y nos describen en medios en donde no estamos representados, con definiciones de lo que ellos entienden de nosotros pero sin derecho a réplica. Lo de toda la vida, pues: no entienden ni les interesa entender.

Te quejas de que los millennials no son pilas, pero la verdad es que el talento en todos lados es escaso. Y la relación va para los dos lados. Por cada equipo de millennials desinspirados y malhechos hay un jefe chambón que no se toma el tiempo de educar, impulsar y mentorear a su equipo de trabajo.

En muchos lugares la dirección se hace de mañas y compensa su falta de talento con prepotencia, prefieren resolver en lugar de preveer y su cerrazón de no escuchar o enriquecer genuinamente a los más jóvenes de sus equipos a menudo resulta en seguir haciendo las cosas de la misma torpe manera de siempre.

Entonces perdóname si no doy el 110% pero es que sinceramente no me interesa. No fue hasta que encontré un trabajo que está a la altura de mis sensibilidades posmodernas que empecé a dar lo mejor de mí mismo. Sé que este trabajo me cuida y por eso lo cuido yo a él. Pero con empleadores mediocres no me quedaba mas que ser un empleado mediocre.

Quid pro quo es la base fundamental de todas las relaciones laborales y por supuesto que espero que mi lugar de trabajo respete mi equilibrio oficina-vida. Y es precisamente porque sé que mi trabajo lo entiende que estoy dispuesto a desvelarme por él, a adquirir nuevas habilidades y entender la lógica del negocio para ayudarlo a crecer. De lo contrario no se merecen ni una gota de mi sudor.

Le daría mi alma a un trabajo flexible y bajo mis términos, pero nada menos que eso. De lo contrario, si se van a hacer pendejos, entonces yo también me voy a hacer pendejo. Todos podemos jugar ese juego.

Y ahí es cuando me deja de interesar aprender cómo usar Excel, hacer presentaciones decentes o elaborar presupuestos y empiezo a enfocarme en cosas como ir a la playa, coger, coger en la playa. Ya sabes, esos pequeños momentos de los que en realidad está hecha la vida, las cosas que (quiero creer) uno recuerda de viejo y no todas esas horas en una oficina que de tan iguales se derriten en una misma hora que parece no terminarse jamás.

Saber vivir es tan importante como saber trabajar. Envejecer es inevitable y las posibilidades de la vida van disminuyendo o se van acotando, el físico va menguando, pero las ganas de vivir siempre van a seguir ahí con la misma intensidad. Y de alguna manera, puedas verlo o no, los jóvenes de todas las generaciones lo saben bien. Ya habrá tiempo para desvelarse después.

Solo miren a esta chica millennial, bailando despreocupada. Sabe que puede morir en cualquier momento pero no le importa, ¿acaso no es trágicamente hermoso?