El peligro del #Hashtag

A medida que pasan los días y más transito las calles, más observo a las personas, a los tratos que tienen entre ellos, a las cosas que demuestran de manera verbal o no verbal, más me da la sensación de que estamos constantemente buscando etiquetas, hashtags para los demás, patrones que podamos detectar en sus comportamientos externos basándonos en sus gustos, preferencias, maneras de vestir o de pensar. Como si eso lo definiera todo. Como si la sumatoria de tus historias, elecciones, experiencias y cómo eso se fue arrastrando hasta el día de hoy definiera un 100% quién sos y cómo tenés que pensar. Y si no pensás así, está mal, es erróneo. Entraste en un hashtag del cual no te podés alejar ni separarte. Si externamente parecés así, adaptate a ese molde, porque es el que ‘’elegiste’’. En realidad, es el que la sociedad eligió para vos, el estereotipo que inconscientemente buscas alcanzar para asimilarte a ese tipo de persona que te ‘’tocó’’ ser, y atraer también a otras personas como vos, porque si no lo cumplís, tampoco se van a interesar en establecer un vínculo con vos. ‘’ ¿Y lo que hay entre medio?’’ por ahí se te cruza por la cabeza, ‘’No, no hay medio, es así o así’’, se te responde, como si fuese tan irrefutable y científico, como si fuésemos la etiqueta de información nutricional de un producto de supermercado, como si el resto de las personas fueran el lector de la caja, que te lee y ya sabe tus ‘’propiedades’’. Sí, así es como nos estamos tratando, como mercancías, ignorando completamente nuestra condición de humanos, y que una de las características más bellas que tenemos es que todos, absolutamente todos, aunque lo neguemos o no seamos conscientes de ello, somos un oxímoron, una combinación de elementos completamente contrapuestos que juntos definen un significado totalmente nuevo. Y nosotros, en cambio, vemos al estereotipo, vemos a la etiqueta antes que a la persona. Estamos cegados por ello. Al oxímoron lo ignoramos, lo desvirtuamos y lo castigamos. La persona que en un momento emitió un comentario, una opinión de una índole, en otro momento no puede desmentirse, porque no sería estable, entonces no es confiable. Como si ninguno de nosotros se fuera a dormir todas las noches a su habitación y en el medio de la enigmática oscuridad no haría a su mente divagar, imaginaría nuevos mundos, situaciones que ‘’nunca pueden llegar a pasar’’, realidades completamente distintas para nosotros. Vivimos teniendo este tipo de pensamientos en nuestra mente, y sin embargo lo castigamos cuando estamos en sociedad. ¿Y si lo premiáramos? ¿Y si nos desveláramos de los hashtags que estamos creando? ¿Cómo sería todo? Personas que simplemente se liberen y compartan lo que está pasando por sus mentes, no se auto-encarcelen en prisiones absurdas sin sentido. El resultado sería en fin una especie de brainstorming a gran escala, en donde entre todos lleguemos a conclusiones jamás antes imaginadas y cambiemos nuestra manera de ver las cosas, empezando por nosotros mismos. Y todos sabemos que el estar bien con uno mismo es la única manera de estar bien con los demás, entonces el resultado a gran escala sería un mundo mucho más compasivo y solidario.

Ahora bien, ¿Cómo conseguimos este objetivo? ¿Cómo podemos difundir esta idea de que el dejar de buscar etiquetas es un medio efectivo para llegar un estado de fluidez, de libertad, y por consecuente es un punto clave para lograr más solidaridad en el mundo? Las respuestas las tenemos en nuestras manos. Vivimos en un período de la historia en donde estamos más comunicados que nunca. En tiempos pasados las comunicaciones estaban restringidas a unos pocos medios y unos pocos productores de contenido, teniendo como resultado su fácil manipulación, llevando así a un pueblo con opiniones casi unánimes, y eso no puede ser saludable bajo ningún punto de vista. Con la llegada de Internet y las redes sociales ese paradigma cambió radicalmente, quién ahora adquiere una computadora, un smartphone o una tablet no solo se convierte en un nuevo consumidor de contenido sino que también en un nuevo productor. Ahora, los medios son los mismos tales para consumidores como para productores, entonces la excusa de que no se nos está dando el espacio para expresarnos no es más válida. Consumimos información de múltiples fuentes, desde canales de noticias en la televisión hasta diarios locales y también, por ejemplo, el tweet de un conocido en el que confiamos que comentó sobre cierto tema en particular. Y hago principal hincapié en esto último: ¿Por qué es que las personas en general eligen leer este tipo de información, la de un conocido? Porque las redes sociales no tienen censura, ni manipulación de la información, conocemos al productor y tal vez hasta tengamos cierta experiencia con esa persona, tal vez hasta hayamos trabajado o estudiado con ella. Si prestamos atención, tenemos el don de poder detectar lo genuino de lo falaz, y a nuestro par lo detectamos genuino, por eso le confiamos. De esta manera, estamos cada vez más cerca de la transparencia total de las comunicaciones, y esto se ve reflejado en, por ejemplo, el aumento de manifestaciones ante injusticias a lo largo y a lo ancho de todo el mundo. Por un tweet o una publicación en Facebook de alguien que con sus propias manos fotografió una injusticia se puede desatar una oleada de denuncias y protestas. Las comunicaciones no son más de uno a muchos, sino que son de muchos a muchos. Las personas están armando su propia red de comunicaciones. Tenemos que aprovechar la magnitud de esta situación para reforzar los vínculos humanos. Aprovechemos de todas las plataformas que la World Wide Web nos está brindando para poder compartir nuestras experiencias, nuestras historias. Tal vez poniendo en palabras lo que nos está pasando en este momento estemos ayudando a una persona que físicamente puede que esté muy lejos a nosotros pero aun así hay algo que nos une. Tal vez ese video en YouTube, esa publicación en Facebook o esos tweets diarios provoquen el despertar de esa persona, el descubrirse a sí mismo, y esa persona tal vez pueda ayudar a otra persona que esté luchando con lo mismo, generando así una especie de cadena de favores virtual en donde todos podamos conseguir como resultado un mejor entendimiento de las cosas que nos están pasando.

Estemos sedientos de vínculos. Busquémolos, anhélemelos por absolutamente todos lados. Busquemos nuestro denominador común con cualquier persona que nos relacionemos, las cosas que nos mueven, nuestros propósitos, nuestros sueños, nuestras maneras de ver al mundo. Busquemos cierta linealidad entre todos los oxímoron. Nunca sabemos en qué puede desencadenar eso. La historia por sí sola ha demostrado que la unión hace a la fuerza. Entonces, busquemos unión. En un mundo cada vez más diverso, el desafío de todos nosotros está en prestar principal atención en las cosas que nos unen en vez de las que nos separan, y aceptar que el otro es diferente, no tratar de cambiarlo, sino ayudarlo a que pueda descubrirse mejor así mismo y explotarse a un 100%. Celebremos la diversidad, y busquemos la unión en eso. Una ‘’small talk’’ estándar o una búsqueda desesperada de un hashtag para una persona no va a ayudar para nada en ello, en lo contrario, va a generar más distanciamientos. Tenemos que cambiar nuestra manera de ver las relaciones humanas. Si generamos un vínculo más profundo, vamos a poder generar cambios más profundos, más organizados y de mejor calidad. Así que vos, millenial, fiel hijo de la internet, no te olvides que no sos un perfil de Facebook, un filtro de Instagram o 140 caracteres de Twitter, porque sos mucho más que eso. Que nadie en este mundo tenga que sufrir un día de su vida por tratar de encajar en una etiqueta que la sociedad le quiso poner. No somos A o B, somos A y B, y C también, y D, E, F, todas las letras del abecedario, somos un alfabeto entero.

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