El mundo como dulce de leche

Para los que como yo cultivamos el delicado sabor de la torpeza, el mundo es un mar de dulce de leche en donde todos los dias tenemos que nadar, superando obstáculos que para cualquier otro son apenas anécdotas. Se nos caen los tenedores por el delgado intesticio que hay entre la hornalla y la cocina, estrellamos parte de nuestra dañada humanidad contra cualquier cosa que se atraviese en el sendero e incluso, contra cualquier cosa que no esté en nuestro sendero, las tostadas vuelan por sí mismas y caen siempre con la mermelada para abajo, etc. Los simples mortales, los que andan por ahí viviendo como si tal cosa ni siquiera imaginan cómo es la existencia del que no tiene una buena relación con el espacio-tiempo. Por eso sonríen como en una propaganda de dentífrico. Así cualquiera.

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