Fábula: Mario Contrera.
En el colegio le llamaban “El Rey de las Plumas” porque no era un pájaro cualquiera. Tenía un estilo que se imponía en cualquier espacio. Su estridente armario se podía comparar casi tanto como su personalidad, “una maldita explosión atómica”; creo que explosión atómica está de más, mejor decir “una maldita”, que es peor todavía.
Era una noche de verano, el jóven de 11 años estaba en su cuarto acompañado del desagradable calor… para Mario Contrera “el fogón” de temperatura no era subestimar, siempre se reía de las cosquillas que hacían las gotas de sudor al bajar desde sus pechos hasta su barriga. Las carcajadas que le visitaban en la soledad de la madrugada fueron las que al fin lo agotaron hasta dejarlo vagar en su subconsciente. Por primera vez y de manera automática se quitó los pantaloncillos, acomodó sus bolsas entre las piernas y en cuestión de segundos cayó rápidamente en el sueño, o más bien, la pesadilla que cambió su vida.
Mario Contrera se encontraba en un cuarto sumamente oscuro, lo poco que podía ver no pasaba de a tres pasos de su posición actual, con miedo de toparse con lo desconocido decidió quedarse sentado en el mismo lugar dónde se encontraba. El sonido de unos misteriosos tacones despertó su atención, cada paso se hacía más cercano, y así más ruidoso eran los latidos del corazón de Mario entre los ecos y las paredes del infinito. Una última pisada tan cercana a él fue lo que provocó que el “valiente” muchacho se convirtiera en una planta de gas metano, tenía tanto miedo que hasta sus tripas le advirtieron que no estaba en una zona segura.
“No te asustes”, dijo una extraña y áspera voz femenina. “No estoy para asustarte”. Poco a poco la voz se fue alejando de la oscuridad y entrando a la zona donde la luz le daba directamente a Mario. Una araña del tamaño de Mario, tipo viuda negra mitad mujer. Esta se colocó frente al muchacho; allí fue cuando él con su nerviosa voz de flauta dijo: “¿Me puedes explicar que coño eres?”. La araña fuertemente gritó: “Soy un hada maldita, suelo aparecer en los sueños de chicos especiales, así como tú”. Incómodo por la desagradable respuesta de la mujer araña, exclamó: “¿Qué tengo de especial?”. A lo que la araña respondió: “No estás seguro de ser maricón, pero creo tengo la solución, este hechizo te servirá”. Anonadado, el chico responde: “Espera, el hechizo me servirá para?…”… “Te servirá para hacerte hombre”, gritó la mujer araña y en segundos un fuego consumió la diabólica figura despertando de la pesadilla a Mario.
Se disparó de la cama empapada del sudor que le provocó el mal sueño y desnudo corrió al baño para limpiarse de todo lo que su cuerpo expidió. Frente al espejo vió que algo no estaba bien… había una especie de cascarón blanco que cubría el glande. La reacción instintiva que tuvo entre tanto pánico fue arrancar de allí ese extraño sombrero. Haló, y sin dolor lo despegó hasta que un poco de sangré fue motivo de un mareo. Sentado en el retrete y con las pupilas dilatadas nuevamente sudando, recibe una reconocida visita… “Hala de tu pene la tela de araña que está dentro de tí. Sácala toda y mientras vayas eliminando todo eso que tienes allí te saldrá barba. La barba que todo hombre necesita, la barba y el bigote que te cerrarán la boca. La barba y el bigote son los árboles que siembra la adolescencia en tu cara, poco a poco vas a recoger los frutos, estas en una etapa de la edad dónde no sabes que es lo que realmente quieres, per un poco de testosterona te ayudará”…
“Araña de mierda, que estúpida eres. Árbol que crece torcido, nunca su rama endereza. Si de todos mis problemas el que me querías solucionar no era el correcto. ¿Por qué crees que una barba y un bigote me ayudarán a ser mejor?”, gritó Mario mientras halaba de sus adentros el hilo de la bestia. “Está en tu ADN ser maricón, mi hechizo es la única manera de cubrir tu plumaje”.
“No quiero cubrir nada, yo quiero ser maricón. La maldición la tienes tú por querer cambiar lo que soy. Sin mi consentimiento y sin razón vienes y destruyes mi vida, me obligas a ser algo que hasta ahora no pedía. Rompes mi corazón con las mierdas que te inventas, experimentas con mis genes y deformas mi cabeza. Soy pájaro, tengo sentimientos, me molesta tu ignoracia y por tonta se te olvida la regla que no falla. La cadena alimenticia dónde el grande se come al pequeño, los gatos comen ratones, y los ratones comen queso, los pájaros como yo, los artrópodos de tu familia, corre porquería, ya que hoy no es tu día”. Mario Contrera saltó sobre la mujer araña y se la comió sin dejar rastros de ella. Al poco tiempo vió como la maldición se rompió y de su pene desapareció el hilo blanco con lo que esa noche por intenet descubrió que fué su primera eyaculación.
