Libros Cartoneros: De América para el mundo

Sergio Prado
8 min readJan 2, 2018

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“Van a significar algo diferente en cada región, en cada lugar donde estén hechos; pero, al final de cuentas, es una oportunidad para sentir al libro”

Nayeli Sánchez (La Cartonera — Cuernavaca, México)

La Niña Que No Era Invisible. Meninas Cartoneras, 2010

Las personas que recolectan cartón de desecho mientras recorren las calles de Latinoamérica son conocidos como cartoneros. Ellos se encargan de suministrar el material y de prestar el apelativo cartonera a las casas editoriales dedicadas a elaborar libros de manera artesanal, con la generalidad de fabricar las portadas o cubiertas con cartón de reuso.

Parecieran ser sólo editoriales que publican en materiales reciclados, pero significan algo más. Cada una tiene la personalidad que le infiere su nombre y portan con orgullo el mismo apellido. Algunas buscan los textos de determinados autores porque saben que ello se transforma en una postura, más que política, ideológica. Se presentan como un agente para la democratización literaria, pues frecuentemente lanzan convocatorias para publicar sobre temas y géneros específicos que dan oportunidad a nuevos talentos. De igual manera, las portadas que son intervenidas por artistas plásticos y diseñadores gráficos le aseguran originalidad a cada ejemplar; pero coincido con Aurelio Meza en que son las producciones donde participan niños, escritores e incluso los cartoneros, las que le dotan de un espíritu no-lucrativo y una frescura que consigue desligarlas de lo establecido.

¿Cómo nacen las editoriales cartoneras?

Según el análisis de Martha Hellion, el establecimiento de redes latinoamericanas de comunicación es consecuencia de la falta de interés (casi generalizada) del centralismo cultural europeo. Los países latinoamericanos, además de ser naciones que comparten antecedentes de represión social en su historia reciente, se habían limitado a adoptar las tendencias transcontinentales para abordarlas con la temática local. Sí hubo escritores que destacaron en el modernismo literario; otros, en la producción gráfica; y las manifestaciones artísticas de mayor influencia se presentaron a partir de 1950. Mientras era un periodo de florecimiento para la prensa fina en México, con sus ediciones de bajo tiraje e innovaciones en el grabado, la tipografía y la litografía, en Brasil, el tropicalismo llevó a la poesía concreta a su forma purista.

El Principito. Calafate Cartonera, 2013

Ya en la década de 1960, la revista bilingüe El Corno Emplumado permitió a sus colaboradores reconocerse como bloque, y a Latinoamérica como región, para realizar una especie de entrenamiento en guerrilla de autosuficiencia que se interrumpió con la represión al movimiento estudiantil de 1968 en México. La Revolución Cubana, la instauración de dictaduras militares en Nicaragua, Brasil, Argentina, Uruguay y Chile también son eventos que provocaron una fuerte oposición por parte de los círculos intelectuales con críticas, protestas y acciones de resistencia, ante las cuales el gobierno reaccionó desproporcionalmente. A partir de eso, el arte postal constituyó el método para circular publicaciones alternas. Muchos artistas, escritores y poetas tuvieron que emigrar para desarrollar una base sólida que soportara esas ideas y pensamientos; con preocupación política y estética no sólo en los medios de edición, también en la música, el cine y la fotografía. A partir de los años 70 el British Arts Council, que apoyaba todo tipo de actividades culturales, sirvió para dirigir el flujo de artistas hacia colaboraciones que aterrizaran más propuestas editoriales.

Póster. Eloísa Cartonera

Al regresar a Argentina después de su “exilio”, algunos artistas continuaron apostando a las revistas como medio de difusión; otros, comenzaron a experimentar con el offset y la fotocopia, la caligrafía, la instalación y los eventos públicos. En Uruguay dieron seguimiento a la poesía visual y aparecieron los fanzines. En Chile se frenó el avance del campo editorial, lo más simbólico fueron las obras dedicadas a los caídos durante el golpe de estado a Salvador Allende. Colombia se caracteriza por no haber tenido relación con las vanguardias europeas, le bastó el realismo mágico del imaginario de Gabriel García Márquez para inspirar la fabricación de libros en dos categorías: 1) como objetos y 2) como productos artísticos de expresión gráfica. A lo largo de todo México la prensa fina fue remplazada por las imprentas independientes que abarcaban una amplia variedad de temas, de lo político-social hasta el arte conceptual.

La primera cartonera data de la crisis argentina de principios de siglo, cuando el elevado costo de los insumos orilló al sector editorial a buscar alternativas para seguir funcionando. Eloísa Cartonera nació en 2003 como proyecto alterno a Ediciones Eloísa, una iniciativa coordinada en Buenos Aires por Washington Cucurto y Javier Barilaro. De inmediato aparecieron sus réplicas en otros países; en Bolivia, Mandrágora Cartonera y Sarita Cartonera en Perú; vinieron Dulcinéia Catadora en Brasil y Yiyi Jambo en Paraguay, después, Animita Cartonera en Chile y La Cartonera en México, para seguir expandiéndose por toda Latinoamérica.

Características

El proyecto sueco Poesía ConC estableció las siguientes características en su trabajo, que bien pueden ayudar a definir al movimiento en su totalidad:

Oiga Mire. Cayó La Teja Cartonera, 2015
  • La minimización en los costos de los materiales
  • El reaprovechamiento de los materiales utilizados
  • La difusión de obras que no tienen lugar en los grandes mercados editoriales
  • La solidaridad internacional y el intercambio de productos y servicios

“Son muy importantes desde lo simbólico, desde proponer algo que cuestione justamente a todo ese sistema de poquísimos grupos multinacionales que se dedican a las ediciones de sus propios criterios que son bien particulares”

Joana Cuni, antropóloga

Engrosando filas

El movimiento de las editoriales cartoneras parece una familia que rebasa los límites del idioma y adquiere personalidad propia en cualquier lugar que se establece. La propuesta que ya tiene presencia en Europa, sigue creciendo con un prometedor comienzo en el continente africano. Sin duda, la creación de un blog como canal para dar a conocer la existencia de una nueva cartonera era casi indispensable y facilitó el desarrollo de esta red con un carácter más amplio que el informativo; ahora los blogs han sido reforzados y hasta sustiuidos con otras herramientas como Facebook y Twitter.

A Contracor. Akademia Cartonera, 2012
Poemario Dilema Peñaloza. Calafate Cartonera, 2013

Por cualquiera de estos medios, se alcanza a percibir el entusiasmo con que se reciben las nuevas propuestas y se crean más conexiones. Como ejemplo el caso de Felicita Cartonera que dio la bienvenida a su hermana menor, la aventurada Mamacha Cartonera (de corte erótico) y a otras cuatro editoriales nacidas en la revolución de cartoneras paraguayas del otoño de 2008, como lo describe Douglas Diegues en su blog. Un año después, el mundo presenció el casamiento Uruguay- Paraguay en la primera cartonera binacional, Caracoles y Kurupís; y en 2010, Eloísa Cartonera conoció a su prima francesa La Guêpe Cartonniè. “Van a significar algo diferente en cada región, en cada lugar donde estén hechos, pero, al final de cuentas, es una oportunidad para sentir al libro” dice Nayeli Sánchez de La Cartonera de Cuernavaca.

Plástica Cartonera de Monterrey fue la primera en especializarse en las artes plásticas y elaboran una especie de libros de artista con textos de crítica, usando la misma técnica de reciclaje. En Maputo, Mozambique, Kutsemba Cartão apostó por acercarse al público al editar obras de teatro, una disciplina de gran popularidad en la región; recibió tal aceptación que, la segunda cartonera mozambiqueña, Livaningo, cartão d’arte comenzó sus actividades en 2012.

En ocasiones parece un virus que muta libre y buscando la misma libertad; esa que les otorga a Liliana Cabrera y Silvina Prieto de Me Muero Muerta. Ellas, además de la típica portada pintada a mano, entregaban acordeones de poesías en frascos de vidrio y estuches de cassette, ediciones en Braille e inglés, siendo internas de la Unidad 31 de Mujeres en Ezeiza, Argentina.

Su reconocimiento dentro del ámbito editorial va en aumento, sobre todo para los sellos de mayor antigüedad. Tan es así, que se dio el caso de una cartonera pasó a producir piezas con en tirajes mucho más amplios, pero no menos cuidados; a dos años de su creación Santa Muerte Cartonera, proyecto del poeta Héctor Hernández Montecinos y Yaxkin Melchy Ramos, se transformó en 2.0.1.2. Editorial para continuar con su tarea de promoción para escritores emergentes. En esa transición surgió algo denominado cartonera nómada: Hasta la Vista Baby Cartonero, una propuesta del mismo Hernández Montecinos. De forma similar, a partir de 2011, Dulcinea Catadora descartó la idea de contar con un espacio físico determinado y continúa en operación como una editorial itinerante, realizando talleres de creación literaria, empastado y decoración en diversos puntos de Brasil para fomentar el desarrollo de más grupos y más escritores. También brasileño, Instituto Caracol es un centro cultural que coordina talleres de lectura, escritura, teatro, manualidades y los entrelazó en Dengo Dengo Cartoneiro. Otro ejemplo, con más de 35 años, es el Taller de Leñateros de Chiapas que elabora papel artesanal para fabricar hermosos libros en serigrafía y xilografía, contando con su propia propuesta: Cuxtitali Cartonera.

Los Derechos de la Mujer y la Ciudadana. Gata Galáctica Ediciones, 2017

Es común que los títulos publicados por una cartonera se editen en otro país con otro prólogo y otro estilo gráfico, siempre al margen de la industria formalmente instituida. Si bien algunas cartoneras gozan del apoyo de Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) o programas de gobierno, la mayoría prefieren mantenerse independientes y editan libro tras libro para recuperar la inversión y asegurar la producción. Los tirajes tan reducidos hacen difícil la preservación física de este fenómeno, por lo que algunas universidades han destinado esfuerzos para la documentación del mismo. Llama la atención que sean instituciones estadounidenses las primeras en expresar su interés por conservar títulos de estas producciones casi efímeras. Además de conservar una de las mayores colecciones de ejemplares cartoneros, la Universidad de Wisconsin-Madison (UW-Madison) coordinó el Congreso de Editoriales Cartoneras en el Festival del Libro de Wisconsin 2009 con el objeto de articular un foro de análisis con ocho de las editoriales más representativas. Otras colecciones universitarias importantes son las de Harvard y de la Rhode Island School of Design (RISD). En Chile, la Biblioteca de Santiago dio impulso a algunas editoriales con actividades en las que abordaban temas relacionados al diseño, gestión y difusión mediante el intercambio de experiencias entre las mismas. El paso del tiempo y la facilidad para la elaboración de estos materiales ha desembocado en el establecimiento de un estilo, demostrando que la producción hormiga merece un vagón en el tren de la comunicación, con interacciones que involucran casi todos los sentidos y a su vez ofrece la posibilidad de la especialización de tareas si se piensa como herramienta para la participación colectiva. En una época donde lo digital marca el ritmo y camina a pasos agigantados, el libro cartonero aprovecha esos avances para celebrar la tradición de su materia prima como invento milenario.

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