Vivir en casas rústicas

Una de las primeras impresiones que nos ofrecen nuestros familiares y amigos apenas se enteran de que hemos decidido vivir en una casa poco convencional es la de decirnos que tal vez no estaremos tan bien como lo pensamos al comprar el inmueble. Y es que para ellos vivir en un sitio es vivir de acuerdo a ciertos patrones tradicionales. Pues bien: nosotros sabemos que esto no debe ser necesariamente así y que tenemos otros lugares, otras opciones para vivir una buena vida. Las casas rústicas son unas de esas opciones.

Una vida nueva

Para muchas de nuestras amistadas, que nos hayamos mudado para una de esas exóticas casas rústicas significa algo muy parecido a una traición. Para ellos vivir en una casa simple, estándar, es el sueño que deberíamos haber conseguido y no este.

Pero esto, al contrario, debe ser más un desafío que otra cosa: un reto que nos conmueva y mueva a pensar en cuál será el lugar en el que deseamos pasar nuestra vida.

Y si para nosotros el lugar que elegimos es una casa que puede causarle poca simpatía a nuestro círculo es porque tal vez nuestro círculo de amigos no ha logrado comprendernos a nosotros.

Cambios

Saber que vamos a vivir en casas rústicas exige no pocos cambios en la manera que tenemos para percibir nuestros espacios y hábitos. Y es que el lugar que vivimos define en buena medida cómo va a ser nuestro comportamiento y desempeño tanto individual y social.

Por ejemplo, si toda nuestra vida hemos ejercido como diseñadores graficos y no sabemos cómo hacer para desenvolvernos en un ámbito en el que tal vez las facilidades modernas no van a estar a la orden del día, entonces tendremos que saber que las casas rústicas van a exigirnos un cambio: mirar hacia nuestros orígenes.

Recuerdos en casas rústicas

Si hay algo que nos hizo decidirnos por vivir en este tipo de casas, eso es, definitivamente, que nuestros recuerdos en ellas van a ser distintos: más profundos, con más nexos. Las casas rústicas son espacios de contemplación y holgura.

Además, a todos nos recomiendan pasar no sólo una temporada, sino el final de nuestras vidas en casas y localidades de este tipo. Lo que no nos dicen es que vivir en ellas es como un renacimiento. Un renacimiento tan personal como importante para el desempeño profesional y los logros que nos propongamos.

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