Fue

A Lille, 2004–2005

Era un cuarto pequeño
 en el que todo lloraba:
 lloraban las paredes,
 lloraba el congelador,
 lloraba la calefacción
 en los cascabeles de la muerte.
 Era una ciudad pequeña,
 pero grande,
 descuidada,
 de lluvia y anhelos,
 una ciudad de cielos desconchados.
 Era un tiempo vivo y cruel
 entre el frío
 y la metralla helada del viento,
 hurgaba en el descosido
 espacio que se abría
 a un paso del corazón,
 justo detrás,
 donde aprietan las emociones
 más agudas,
 las que ahogan y las que lloran,
 las que se escapan en besos
 y las que tocan el alma para quebrarla;
 se hizo todo,
 hasta el fuego de la última
 visión que no llegó a inflamarse,
 todo,
 en una terrible pirueta
 que hizo enredar
 la pena con el recuerdo,
 la memoria con el encanto
 dorado de la alegría,
 los sueños en agujas
 que rasgaban el cielo;
 todo se hizo,
 que era una ciudad grande,
 aunque terrible,
 y un cuarto empapelado de rosa roto,
 y las calles siempre anegadas
 en risas,
 en una vida de gritarla feliz.
 Era una mezcla extraña,
 todo arreglado,
 todo engranado para funcionar
 como solo funcionan las flores,
 durmiendo de día,
 henchidas, orgullosas de aromas
 en cuanto huelen venir la noche.
 Eran unos ojos tan raros
 que hasta entre la sombra
 podía verse a la luz, envidiosa,
 buscar en su contra
 la dispersión de ese azul
 que rasgaba el aire,
 que cobraba en silencios y distancia
 la atracción violenta
 de su errática tempestad.
 Era una sirena,
 y su canto era de meses:
 meses de lluvia,
 de ardor y de frío;
 meses de llorar
 hasta las paredes,
 hasta las paredes de un rosa roto
 que sólo dejaban pasar la luz.
 Era una ciudad pequeña,
 pero tan grande…
 Eran unas manos,
 una voz antes de dormir,
 una risa escapando de la nieve;
 éramos nosotros…

Lo erais todos,
 como una galaxia
 que no ha parado de crecer;
 ¡lo fuimos todos para todos!
 Y no habrá ni muecas ni olvido,
 no hay ni dolores ni tiempo,
 sólo la imperturbable realidad
 de una risa, de unas manos,
 un cuarto pequeño,
 de la nieve y el vino,
 un esfera perfecta en cada momento.
 Lo fuimos todos para todos,
 y lo seremos,
 y aunque implumes, estaremos;
 hasta la última emoción,
 en el último de los recuerdos.


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