Incierto presente

Con solo una muerte injusta,
 un niño hijo del hambre,
 una madre llorando su rabia,
 una herida abierta en la humanidad;
 con solo un injusticia
 y el dolor solo de un hombre,
 de una mujer,
 el mundo debiera detenerse
 y recurrir su naturaleza
 desde el agua primera,
 corregir la disfunción fatal
 de un principio de indiferencia.

Con el primer pobre,
 el primer muerto injusto,
 con el primer hambre,
 hasta el último de nosotros
 debería volver a empezar.

El día en que el hombre
 dejó de cuidar
 al último de sus semejantes,
 al más insignificante,
 al más desprotegido,
 al más diminuto,
 disolvió en en la ausencia de luz
 todo rastro de humanidad…

La górgona de la guerra,
 el sulfato mugriento del dinero,
 la mezquindad en la ambición
 y su purulenta adoración por la desigualdad;
 todos merecemos todo:
 una vida,
 desconocer el hambre y la guerra,
 refugio, familia, hogar…
 Todos, del peor al último y más pequeño,
 y si no las ves,
 si de la comunidad no te permean
 las condiciones del futuro,
 revolquémonos juntos,
 radioactivos,
 en las mentiras del pasado,
 en las enquistadas creencias
 de un turbio pasado,
 de un feo e incierto presente…


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