¿Qué haces con tu vida sin hacerme caso?
Me encontré desolada y de nuevo en búsqueda de mí. Mi corazón estaba roto. Tanto que había dejado ir del pasado para recibir de nuevo una profunda herida en el alma. Tanto que entregué. Tanto que sacrifiqué. Supongo que a todos nos ha pasado. Yo lo único que he querido es amar.

Un viejo conocido entró en contacto conmigo en medio de aquel desierto. Yo estaba feliz de reconectar con él, siempre me había gustado. Desde que lo vi por primera vez, no pude evitar sentir una fuerte atracción hacia él.
Escribo esto con melancolía. Por eso las frases cortas.
Era justo el instante perfecto para volvernos a ver. Él tenía la misma nacionalidad que el chico que me rompió el corazón, las mismas costumbres, la misma tonalidad de piel, el pelo… Inconscientemente consciente empecé a buscarlo en él. Pensé: quizás con él saldría bien esta vez. Éramos muy buenos amigos, teníamos una atracción igualmente de intensa y vivíamos en la misma ciudad.
Yo empecé a intuir que había una intención de su parte después de que esa vez que quedamos por primera vez después de tanto tiempo, estuviésemos 8 horas juntos. Se dio de manera natural. Y al despedirnos hubo un momento medianamente incómodo, de no saber si abrazarnos o besarnos. Recuerdo los nervios que esto me provocó.
La siguiente vez que quedamos fui clara con él y le dije que a mí él me gustaba desde hace mucho tiempo. Que no entendía que hacía con su vida sin hacerme caso. Él se reía de los nervios. Después de esto comenzó a abrazarme cuando salíamos a caminar por ahí. Cuando guardábamos silencio me miraba los labios. El beso era inminente.
Un día de tantos, lo invité a mi casa a comer juntos. Después de comer no sabíamos qué hacer. Le dije de ver una película o jugar a las cartas —sí, sí, muy inocente de mi parte—, él me tenía abrazada y no dejaba de mirarme. Yo no podía sostenerle la mirada sin ruborizarme. Después de estos segundos eternos de silencio, él me besó.
A partir de aquel momento, cuando nos veíamos no podíamos quitarnos las manos de encima. Fueron momentos muy dulces.
Él tenía que regresar a su país por un par de meses durante las vacaciones. Yo me preocupé, pensé que estando allá podría entrar en contacto con viejos amores. Pero antes de irse habíamos hechos planes juntos. Planes importantes. Ilusiones.
Cientos de veces le expresé mi preocupación de su partida. Me aseguró que no tenía de qué preocuparme. Estoy totalmente segura de que las mujeres tenemos un sexto sentido sabio.
Le bastó con poner un pie en el avión para desaparecer de mi vida.
Quince días después publicó en sus redes sociales una foto con una chica en la playa. No cualquier foto. No cualquier chica. Rompí en ira.
Hay una parte II a esta historia. Realmente, ¿qué haces con tu vida?
