Realmente, ¿qué haces con tu vida?

Sofía Barrantes
Nov 8 · 3 min read

Parte II de ¿Qué haces con tu vida sin hacerme caso?

Dos meses después de que él hubiese desaparecido de mi vida sin dejar huella, volvió. Mis amigas más cínicas siempre han dicho que quien se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen. Más verdad nunca se ha dicho.

El interludio de su partida estuvo compuesto por una variedad de eventos impresionantes.

Mi familia vino de visita. Fui feliz.

Puerta del Sol. Fuente: Flickr

El chico que me había roto el corazón se presentó por sorpresa en la Puerta del Sol para quedar conmigo. A día de hoy me pregunto, ¿por? Esta sorpresa que casi me deja sin pelos en la cabeza y al borde de un desmayo. Me hizo pensar que estaba regresando a mí. No era así. Pienso que quiso dejar claro que entre él y yo no iba a pasar nada que no fuese superficial. Esa es otra historia que luego escribiré.

Además, conocí al maravilloso chico con el que estoy ahora. Y de a poco estoy volviendo a confiar en el amor. Esa también es otra historia que se está escribiendo.

Después de pasar un fin de semana idílico con esta nueva persona, me volvió a escribir. “Me gustaría hablar contigo aunque sea por teléfono”.

Respondí, “Hubiese preferido hablar las cosas en persona, pero realmente no tengo tiempo. Llámame esta tarde”.

Me olvidé del asunto hasta que a las 17:00 horas le dije, “Puedes llamarme”. Al minuto siguiente sonó el teléfono. Yo en verdad me quería reír. No sé si fueron los nervios, pero le contesté muy casual. En su voz noté seriedad.

Dijo que desde que llegó a Madrid quiso comunicarse conmigo, pero yo le salí muy antipática. “¿En serio esperabas que te hablara como si no hubiese pasado nada?”, contesté. Dijo que no, pero que quería hablar las cosas. Se disculpó. Dijo que no había tenido tiempo para hablar conmigo. “No me molesta tanto que no me hayas hablado, me molesta que me hayas utilizado”. “Lo siento”, dijo, “De verdad no creía que esto fuese a pasar”. Refiriéndose a volver con la otra chica. “Es que lo sabía”, dije, “Y te lo dije mil veces, eso me molesta: que me hiciste creer falsamente en ti”.

“Te pido perdón. Mi intención no fue utilizarte”.

Comencé a pensar que esta llamada era una excusa para que él se perdonase de lo que había hecho. No tanto yo.

“No me tienes que perdonar, pero tenía que decirte que me sentí muy mal por lo que hice”.

Efectivamente.

“No entiendo la intención de esta llamada”, dije.

“Simplemente no quería que hubiera mal rollo entre tú y yo. Nos llevábamos muy bien. No quiero que, si nos volvemos a ver, estemos huyendo el uno del otro, o que sea incómodo.”

“Agradezco que hayas hecho esta llamada. Honestamente no pensé que te importaría.”

“Claro que me importas”.

La paz me colmó el alma y supongo que la suya también, porque terminamos bien la conversación. Preguntó por mis clases y cómo me iba.

Después de eso fui a ver el concierto de mi cantante favorito.

Sofía Barrantes

Written by

Journalism student | Costa Rican in Madrid | “Escribir es la manera más profunda de leer la vida.” | Modern Love de NYT sirvió de inspiración

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