He estado desconectado de la redes sociales, lo cual me intranquiliza de vez en cuando, pensando que estoy situándome al margen del sistema -y encima tengo un producto, una marca, lo cual se supone que debería hacerme sentir obligado a estar alimentando continuamente la curiosidad por lo que hago, y ofrecer más y más, más nuevo y más nuevo, para que no pare la rueda … Resulta que tras una profunda inmersión en el mundo de la moda (de finales de los 80 a los 2000), decidí crear un producto que mandara a todos los «hay que» del sector a tomar por saco. Porque desde mi perspectiva, el sector en sí estaba como para mandar a tomar por saco. Y creé un producto básico (camisa), pensado en términos de diseño «universal» a partir de cero, no sólo en la forma (el 98% de las camisas, incluso de sport, están condicionadas por cuando se usaba la corbata, tanto en los cuellos como en mostrar todos los botones cuando no se usa el lazo), sino en el fondo: es atemporal, es decir, no cambia, no hay novedades semanales, es siempre igual, y por eso se puede reponer, y repetir; es unisex, lo que encuentro muy sexi (a diferencia de la moda transgenérica); y está producida con conciencia, tanto del medio ambiente (todo es orgánico), como del medio humano (en industrias artesanales de Italia, España y Portugal, bien remuneradas).

Y resulta que de un tiempo a ésta parte, ésta actitud se ha expandido del producto que hago, a la vida que llevo. A partir de cero, he desmontado todo relato que marcara mi vida para liberarla, un proceso que no ha dependido sólo de mí, en muchas ocasiones (o quizás, en el fondo, sí, aunque no lo parezca).

El caso es que soy consciente de que todo sistema tiene sus exigencias. Ya no me siento «obligado» a ser un genial creativo, menos aún un exitoso emprendedor. Pero de alguna manera, sí me siento obligado a ofrecer un relato atractivo y publicar en las redes sociales. La vida en sí es una broma de lo que pensamos de nosotros mismos, y esa broma se convierte en esperpento cuando se da rienda suelta al ego para que explique a los demás lo estupendo que es. Por eso, me inquietan los «selfies», me dan risa y vergüenza los «photocall» o las alfombras rojas, y no veo en soltar frases de pocos caracteres ningún interés poético, menos aún informativo (lo cual hace evidente el nuevo presidente tramposo).

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