.:papelitos de colores:.

No hagas llorar a mis viejos, ni ahora ni nunca. Mis viejos están grandes y cansados, y son míos; así como yo soy de ellos.

Te conocí desde lejos, eras grande y ya tenías arrugas en la frente, me miraste expectante como si te debiera algo y me hiciste vomitar. La gente te tenía mucho miedo pero se reía de la estúpida valentía que me habían inyectado por error en ese hospital que no tenía ventanas. Habré tenido unas dos semanas.

No me gusta que estén tristes, porque todo me empieza a salir mal. Yo soy joven y tengo tantos sueños que casi ni duermo, y soy de ellos; así como ellos son míos.

Te volví a conocer con los libros entre las manos, las arrugas se te fugaron por toda el alma y la gente te abrazaba. Ahora, además de miedo, tenían hijos sin bufandas y poco polvo blanco. Me aguanté las arcadas e intenté caminar por la cuadra de enfrente, creo que hasta se me cayó el libro. Habré tenido unos 16 años.

Así que te aviso: cuidate, porque yo soy toda plastilina de lo mejor de los que mataste. Soy la tierra seca que las lágrimas de nuestros viejos transforman en barro, soy capaz de ensuciarte la cara. Y tengo ojos achinados que se la pasan buscando razones para que me pegues un corchazo en la esperanza, pero no te animas.

Porque ya sabes que no, a mí no me vas a hacer llorar.

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