Mi storytelling a la australiana
Oda al cambio
Si, lo se, hace tiempo que no escribo. No es que mi vida se haya parado de golpe o que haya dejado la acción a un lado y ande deprimida por las calles de Melbourne.
Lo que ha ocurrido es que me he metido en el mundo laboral.
No se si pertenece a otra esfera paralela, lo que si que es cierto es que le estoy dedicando bastante tiempo.
Creo que me quedé en el hotel Stamford, en el primer lugar que trabajé en Melbourne. Un hotel de cinco estrellas un poco decayente. Me contrataron como “kitchen hand” lo que viene siendo, ayudante de cocina. Mi primera labor era limpiar platos, aunque me encargaba de cocinar cantidades industriales para la cantina de trabajadores (50 personas aprox) y ayudar al chef cuando fuese necesario.
Limpiar platos puede ser un acto meditativo, pero en un hotel se convierte en una hazaña. Rascacielos de platos, cubertería por doquier y comida a la basura. Los que me conocéis entenderéis el conflicto moral en el que me hallaba.
Al cabo de unas semanas también me pusieron a vender perritos calientes. La verdad que se me da muy bien vender (no puedo evitarlo, me encanta hablar con la gente) por lo que me cada día al volver a casa me preguntaba: imagínate si intentase vender aquello en lo que creo, ¡me iría genial!
Al cabo de mes y medio, enfermé (llevo ya varios años donde enfermo cuando entro en conflicto, lo que viene siendo, cuando tengo que tomar decisiones importantes o estoy haciendo una actividad que no es coherente conmigo). Estuve varios días sin voz, y cuando la recuperé, decidí que lo soltaba, que me iba de Stamford. Tuve una charla con el chef del hotel y el segundo chef (ambos personas maravillosas) y les expliqué toda mi teoría y práctica sobre el reciclaje, que no me gusta servir comida que yo no quiero comer (cocinaba a veces carne y no de buena calidad) y cada día se desechaba muchísima comida y envases que no se reciclaban (yo era el último eslabón, puesto que tiraba la basura y me dolía) por lo tanto no podía seguir ahí.
Para sorpresa mía, al acabar mi charla (estaba muy roja) me ofrecieron otras posibilidades dentro de la misma empresa, pero claro, no iba a cambiar la gestión de residuos aunque yo cambiase de puesto. Por lo que me mantuve y dimití.
Al día siguiente reflexionando, pensé que había actuado desde la emoción de enfado y escribí un proyecto de sostenibilidad y mejora en la gestión de residuos (aunque lo de la carne es algo que me afectaba, es más complicado que toda una cadena hotelera se vuelva vegetariana a petición de una Kitchen hand). El chef recibió con cariño y aprobación el documento, y me confirmó que lo tendrían en cuenta. Fui a verle al cabo de un par de semanas, hablamos, me dijo que había estado indagando e investigando maneras alternativas de gestionar los residuos. Le comenté que me encantaría ayudar y que si estaban dispuestos a embarcarse hacia el rumbo de la sostenibilidad que contasen conmigo. He ido un par de veces más a verle y de vez en cuando le envio emails, pero todavía no han hecho nada al respecto.
Creo que altere el orden del proceso. Estando tan inmersa en mi enfado, di la solución, pero me aparté en vez de responsabilizarme. Quizá si hubiera dado el documento y me hubiera ofrecido desde dentro a ayudar, el cambio hubiera sido posible. Otro aprendizaje.
Me puse a buscar convencida de que una vez soltado lo que no era coherente conmigo misma, encontraría algo coherente. Busqué empresas más familiares.
Acabé en un restaurante griego pero que resulto que era de comida rápida: kebap y patatas fritas a doquier (no sabía que en Grecia había kebap pero con nombre griego). Las condiciones de trabajo eran bastante buenas, contrato, bien pagado y no trabajaría fines de semana. Al cabo de tres días, cuando me ofrecieron firmar el contrato, decidí que no, que no iba a estar bien. Asimismo, la gestión de residuos era nula, mucho plástico de un solo uso a la basura y se tiraba muchísima comida al final del día. Conocí el mundo del kebap: se necesitan aproximadamente 15 barrigas de cerdo para hacer un pincho gigante de carne, que se va cortando. Al final del día, la carne restante está tan seca que la desechan. El día que trabajé hasta el cierre, llené 5 tuppers de barriga de cerdo para mis suegros, lo que pude salvar de la basura. Pensaba que si esto ocurría en un día, cuantos días, cuantos kebaps, cuántos cerdos al cabo de la semana, del mes, del año. Todo un proceso de crianza, matadero, transporte, controles de calidad y proceso para acabar en una bolsa de plástico y vuelta a empezar. No sólo lo considero inhumano, también estúpido, qué puedo decir.
Continúo rápido. De aquí hice una prueba otros 3 días en el café de un centro de rehabilitación cuya calidad de comida también dejaba mucho que desear. Afortunadamente me pidieron cortésmente al tercer día que no hacía falta que volviera. Se habían dado cuenta que era una ignorante de la comida rápida y que tendrían que invertir mucho tiempo en enseñarme las diferentes modalidades de bocatas y muffins. Además de que no era lo suficientemente rápida en el hornillo de los sandwhiches. Qué le vamos a hacer.
De ahí hice varias otras entrevistas y acabé donde estoy ahora. Un restaurante calidad-media alta (a ojos del consumidor) muy focalizada en el detalle y en la apariencia. Tenemos varios menús: menú vegano, menú de no cebolla ni ajo y menú libre de gluten, menú de bebidas, menú de niños y menú de postres. Además del menú general, que engloba un poco de todo. No se cuantificar la de errores que he cometido con los menús, pero aquí sigo. Me pagan en negro, por lo que será fácil hacer la declaración de la renta en Australia. Tampoco reciclan, pero esta vez le he comentado con dulzura al jefe que un par de basuras más para el reciclaje no irían nada mal. Lo ha apuntado en una hoja de papel, algo es algo. Me encanta estar al servicio del público, siento que es como si vinieran a verme a casa, fueran mis invitados y yo les acomodase. Me encanta ver a la gente cuando disfruta de la compañía y la comida. Osho dice que el comer y el sexo son de los actos más íntimos del ser humano. Confirmo, la experiencia del comer y del beber varía según con quien nos rodeemos.
Ahora es dejo, que acaba de llegar mi comida.
