NO-ESCRIBIENTES


Me aburre la gente que sólo escribe por obligación.
Que escribe lo que puede y no lo que quiere.
Y a la que no se le encoge el corazón, aunque sea un poquito, cuando lee una historia de amor. Cualquier tipo de amor.

Tal vez aburrir no sea el verbo, es dar pena.

O puede que se caguen de miedo de pensar en que lo que guardan dentro no le importa a nadie. Seguro que a más de uno le tiemblan las piernas al descubrir que lo que tienen que contar les aburre hasta a ellos mismos.

Pero dentro de todo el género de “no escribientes”, los que más pena me dan son los que ni siquiera se plantean la posibilidad de hacerlo: “escribir es para los estudiantes y los maricas”.

También existen los que podrían hacerlo, cumplen todos los requisitos, pero no lo hacen. Simplemente no lo hacen. Aunque estos sí que leen, ojo, que tienen ese sexto sentido que tenemos los blandengues para emocionarnos ante cualquier tontería. Pero prefieren ser espectadores. Estos no me dan pena, me dan rabia.