Palabras.

Me peleé con las palabras. Y hoy, de golpe, me he reconciliado.

Las creí inútiles, vacías. Si hasta una imagen vale más de mil palabras. Si cuando las necesitas no vienen y cuando llegan son como ese invitado que ya no sabes como echar.

Pero no.

Porque hay cosas que ni mil imágenes pueden decir. Porque hay palabras que son el único idioma. Porque en ellas cabe la sinceridad y la mentira. Expresan lo concreto y concretan lo abstracto. Nos permiten imaginar. Si hasta suenan joder, suenan.

Nos llenan la boca, el corazón, la cabeza y, a algunos, la cartera.

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