“Leader Code”: herramientas para adolescentes
Es corriente que un experto en Recursos Humanos hable de “competencias”. No es corriente que su público tenga 15 años. Por eso David Andrés Pérez empezó su exposición diciendo: “No sabía que existía un programa de estas características para gente de vuestra edad”.

Los adolescentes reciben muchos consejos, muchos contenidos y —dependiendo de su carácter — quizás también muchas broncas. Pero del qué al cómo hay un abismo. Para colmarlo se inventó el programa de mentoring para mujeres de 14 a 18 años, Leader Code. Cada una, con el apoyo de una mentora, desarrollará un proyecto de mejora en su entorno. Pero sobre todo adquirirá durante este curso en competencias de liderazgo que más necesita.
David Andrés, jefe del equipo de gestión de recursos humanos de BBVA, fue el encargado de la sesión inicial para las chicas inscritas al curso en Alcorcón, Madrid. De su experiencia profesional extrajo lo que más podía servir a su joven público.

¿Cuál es la diferencia entre complicado y complejo?
Hasta hace poco tiempo el contexto era complicado, comentó. Complicado es, por ejemplo, montar el motor de un coche si no eres mecánico. Ahora bien: imagínate que te dan todas las piezas de un motor, unas instrucciones detalladas y tiempo ilimitado. ¿Te atreverías?
Sin embargo, el entorno en que vivimos se hace cada vez más complejo. Ahí no sabes cuáles son las reglas de juego ni se ve una posible salida. Un ejemplo es el Brexit; hay mucha gente inteligente pensando y trabajando, y la solución nunca llega.
Mediante tres historias, el ponente ejemplificó tres capacidades esenciales para ejercer el liderazgo en tiempos complejos:
1. Adaptabilidad permanente (pollo vs pato).
2. Encontrar tiempo para conversar y escuchar (el leñador agotado).
3. Trascender lo inmediato (los picapedreros de la catedral).
¿Cuál es la diferencia entre compromiso y obligación?
Entonces Andrés quiso tomar el pulso a su audiencia. Les presentó un “acertijo práctico” que suele utilizar en sus sesiones con ejecutivos. Rara vez, comentó, alguien acierta. Pero una de las presentes, actualmente cursando 4º de la ESO, dio la respuesta adecuada. Para ella era evidente. No quiero desvelar el acertijo, pero puedo contaros la moraleja.
Cuando hacemos las cosas por obligación — explicaba — , dejamos la responsabilidad a otros. Sin embargo, el compromiso consciente nos pone en posición de protagonistas y personas capaces de disfrutar.

¿Cuál es la diferencia entre sueño y visión?
“Ojalá, molaría…” Son expresiones que usas para hablar de tus sueños, continuó David. El resultado es la frustración, porque no cambia nada. Has puesto la responsabilidad en los otros.
El primer paso para que un sueño se convierta en visión es nombrarlo. “Yo quiero…”. Cuando el sueño pasa a visión, cambia tu manera de vivir el hoy. Primero, porque empiezas a compartirla. No tienes medios para llevarla a cabo, pero tienes un entusiasmo contagioso, y hay algunos locos que te siguen.
Teniendo yo 15 años, me dieron el mejor consejo de mi vida: “Tienes que coger el toro por los cuernos”. Ahora soy yo la mentora. Me parece apasionante ayudar a descubrir “cómo” plantar cara al monstruo de manera eficaz.
