Reformas en la BBC, ¿un viraje hacia el interés público?

Britain has a love-hate relationship with the BBC. The public tends to love the programmes but resent the corporate infrastructure required to deliver them, afirma Richard Sambrook.

Hay una característica de la BBC que no encontramos en RTVE: la BBC está muy presente en la vida de los británicos. En palabras del Secretario de Cultura: The BBC is at the very heart of Britain. It is one of this nation’s most treasured institutions — playing a role in almost all of our lives (BBC Charter Review Consultation. Introducción). Se diría que es parte de su orgullo nacional y algo así como la versión tecnológica de su antiguo imperialismo.

Una batalla que interesa a todos
En efecto, una articulista de The Guardian define la polémica reforma como «una batalla que interesa a todos en Gran Bretaña, y más allá de sus orillas» (@chiggi: “The battle for the BBC”) . También es global el análisis al que se está sometiendo a la corporación: misión y valores, contenidos y formatos, financiación, tamaño… y orientación político-ideológica. Por alguna razón utiliza la periodista el término «batalla». Por desgracia, la voz de la gente común es la más difícil de escuchar. Políticos, empresarios y periodistas lanzan invectivas en todas las direcciones. El público, hasta ahora, ha hablado con los hechos.
Los hechos son que la BBC es la preferida por la audiencia. Sin embargo, también crece el número de quienes evaden el impuesto que sostiene a la BBC (canon solicitado a los propietarios de un aparato de televisión). Según la ley, quienes lo incumplen pueden ser castigados incluso con la cárcel. ¿Tiene esto algún sentido en nuestros días? Esto es lo que muchos se preguntan, quizás mientras ojean las últimas noticias en su teléfono móvil.

Tiene sentido «luchar por ella si ella lucha por nosotros», apostillaba Freedman, reconocido profesor universitario. El debate sobre la BBC ha llevado al debate sobre la democracia.

Principios reguladores (¿mejor siete páginas o seis frases?)
La BBC se rige actualmente por un decreto de regulación que data de 2006 (y que expira a finales de 2016). En él se leen seis propósitos; toda actividad de la compañía debe perseguir uno o más de ellos:
1. Sustaining citizenship and civil society;
2. Promoting education and learning;
3. Stimulating creativity and cultural excellence;
4. Representing the UK, its nations, regions and communities;
5. Bringing the UK to the world and the world to the UK;
6. Delivering to the public the benefit of emerging communications technologies and services.
En sí mismos, esos seis puntos son claros. Para nuestra mentalidad, quizás demasiado sintéticos. Si tomamos como punto de comparación los principios básicos de la programación de RTVE (también fechados en 2006) están redactados con mucho más detalle y con más extensión: ocupan siete páginas .
El Gobierno británico desea reformar esos principios. Arguye que la BBC saldrá beneficiada, si se determinan con mayor claridad sus cualidades diferenciadoras; sus objetivos y sus valores, incluidos la independencia y la imparcialidad.
Para algunos críticos, la preocupación gubernamental por los contenidos y el servicio público es sólo la «tapadera» de una estrategia política . En cualquier caso, merece la pena dedicarles espacio, pues ocupan buena parte del Libro Verde.

En concreto: qué entendemos por servicio público

Tony Hall, actual director de la BBC, afirma que les mueve una filosofía democrática; que todos tienen derecho a acceder a lo mejor:
At the heart of the philosophy behind the BBC is therefore a very simple, very democratic idea: everybody should have access to the best, whoever they are, wherever they live, rich or poor, old or young. We are here to bring the best to everyone.

El equipo de Cameron acusa a la BBC de «imperialismo», sobre todo en relación a la búsqueda de nuevos formatos tecnológicos. Mientras, la corporación se defiende, explicando que su intención es servir a su público donde esté. Y el público está cada vez más en sus dispositivos móviles.
El Gobierno también rechaza el concepto de «universalidad» y sostiene que la BBC no ha de llegar a todos y por cualquier medio. Debería centrarse más en los contenidos y audiencias que el mercado tiene desatendidos. El secretario de cultura explica detalladamente en una entrevista a The Guardian su concepto de servicio público:
[It] doesn’t just mean narrow programmes about Guatemalan hill tribes eating habits; it actually does extend into high-quality drama, risky material, arts and culture, news and current affairs at the core, religion, education, children.
There are some areas where I think the BBC is way outside the definition of what I call public-service broadcasting, shows where quite obviously they are copying a format which is already available in the market, such as The Voice
(La Voz, concurso también popular en España) .

El público y los públicos
En algo están casi todos de acuerdo. La BBC tiende a incumplir el cuarto de sus principios: reflejar la diversidad, tener en cuenta a las minorías. Parece que no conseguirán resultados mucho mejores después de la confrontación. No suena muy realista, ni muy rentable, la pretensión gubernamental.
Otro dato hace pensar que los grupos étnicos no son la gran preocupación de ninguno. Paradójicamente, el director de la BBC sueña con una expansión del servicio mundial de noticias. Lo anuncia como «un regalo democrático para el mundo», pensando en Oriente Medio, la India, Rusia y los estados que formaban parte de la Unión Soviética. No se excluye llegar con un canal satélite al público ruso y con un programa de radio a Corea del Norte.
¿Qué pensarán los británicos de todo esto? Es lo que todos quieren saber. Estas palabras del director de la BBC podrían haber sido emitidas por cualquiera de los actores implicados:
It is important that we hear what the public want. It should be for the public to decide whether programmes like Strictly or Bake Off, or stations like Radio One or Two, should continue. The BBC is not owned by its staff or by politicians, it is owned by the public. They are our shareholders. They pay the licence fee. Their voice should be heard the loudest
 .
Precisamente por esa razón, añadimos aquí algunos interrogantes a la cuestión, que vienen a sumarse a la montaña de los que siguen esperando una respuesta:
¿Llegaremos a saber qué quiere el público británico de la BBC? ¿Cuántas personas están respondiendo a la campaña lanzada por el Gobierno? Los que opinen, ¿serán una muestra representativa de la población? Lo que elijan, ¿serán realmente contenidos de «interés público»? De momento, la BBC tiene preparado un nuevo Doctor House y otras series al estilo de Juego de Tronos.

Consecuencias para RTVE
Lógicamente, habrá que mirar con atención cómo se desencadenan los acontecimientos en la isla vecina. No sería la primera vez que España saca inspiración de sus decisiones en este ramo. Así, por ejemplo, en 2008, la Unión de Televisiones Comerciales Asociadas (Uteca) abogó por una reforma publicitaria que asemejara RTVE al modelo de la BBC. Sabemos que actualmente no sólo se ha reducido la publicidad sino que ha desaparecido por completo.
Una revisión de los contenidos es algo más delicado. Sería interesante lanzar al público español una consulta similar a la británica. Haría falta una campaña previa de concienciación, encomendada a un grupo de sabios de matriz independiente. Quizás así todos sabríamos por fin de qué hablamos cuando hablamos de interés público.