Sobre la Calma

Inspirado por Maria Wisława Anna Szymborska

Si tuviera otra vida, ay de mí. Otros muebles me circundarían, otras notas levantarían lo que en mi pecho hay de volátil, otras caras iluminarían mis memorias. Otra vida, un rechazo, un anhelo, un miedo. Entre las costillas otro pálpito y de las letras nuevas premoniciones.

¿Qué somos más allá de lo acumulado? ¿Y qué es el sentimiento si no un deslumbramiento de la única constante de la vida: el arrebato?

Busco mi “lugar” en un espacio que me encargo de acotar. Vuelvo a la locura un complemento de mis ansias. Si soy todo esto, ¿no podría acaso con la mitad? ¡Y ansiar otra vida! La búsqueda de la reparación, la lumbre del conocimiento que tiñe con hollín el bosque de mi pecho, la suerte obtenida en el desencanto: esto y más, siempre, como un cuerpo echado en la cajuela.

Y cuando el lenguaje no basta busco la simpleza:

Toco la puerta de la calma

Soy yo calma, déjame entrar,

Entre tus jardines caminaré

Para beber del nectar feliz

De tus flores encendidas

No entrarás, dice la calma

Si acaso un destello tendrás

Con un beso despreocupado

O el amigo que viene y va

Sólo eso y nada más

Toco la puerta de la calma

Soy yo calma, déjame entrar

Algún día moriré

Esto debería conmoverte

No tengo más que estas andanzas

Más que estos caminos

Para adentrarme en tu maravilla

Para adentrarme en el sereno

Y golpear con la suavidad del aire

Todo lo que me toque

Cuerpo en la flota del suspiro

Líneas que jamás se doblan

Ruedas que se desprenden

Como el collar de un fino cuello

No entrarás, dice la calma

Pero tendrás tus noches grises

Tu búsqueda tampoco abandonará

Los espacios de tus dientes

Aquí no tienes cabida, tú no

Las rendijas bastarán

Los cuerpos en mañanas sucias

Al borde de tu cama hallarás

El resto de la cabellera

Toco la puerta de la calma

La calma no tiene puerta.