Sig Ragga aterrizó en la calle Corrientes

La banda fundada hace veinte años en Santa Fe hizo alucinar a un Teatro Ópera prácticamente lleno.

A 200 metros del Obelisco, el pasado sábado 25, un escenario vibró con ritmos folklóricos, teatro dramático, idiomas inventados, poesía, expresionismo, jazz, rock progresivo, música clásica y reggae. Sig Ragga propuso un juego sonóro y visual que invitó a viajar a otra realidad.

La presentación de La promesa de Thamar fue una excusa para hacer un recorrido por 22 canciones viscerales que repasaron toda su carrera. Desde su primer disco homónimo influenciado principalmente por el reggae jamaiquino, pasando por Aquelarre, álbum registrado en Texas que recibió tres nominaciones en los Premios Grammy Latinos, y terminando en su último LP, grabado en 2016 en un estudio que construyeron en Santa Fe, nuevamente nominado a los máximos premios de la música latinoamericana.

Los santafecinos debutaron en el teatro Ópera.

El vestuario (caras platinadas y túnicas blancas), las luces con colores potentes, el humo, el sonido y la música fueron las aletas que le dieron vuelo a un sofisticado show de casi dos horas que el cuarteto compuesto por Gustavo Cortés (voz y teclados), Ricardo Cortés (batería y coros), Juanjo Casals (bajo) y Nicolas Gonzaléz (batería) presentó el pasado sábado en la calle Corrientes al 800.

Como de costumbre, los Sig Ragga no interactuaron verbalmente con el público. Sin embargo, reinó una innegable conexión. Promediando el show, un sofisticado gesto del frontman Gustavo “Tavo” Cortés fue suficiente para que la gente se levante de sus butacas y comience a vibrar al compás de las melodías de la banda.

La emotiva lista elegida para esta fecha tuvo su origen en Arlequín, una canción épica sinfónica con guiños a Miguel Abuelo. Promediando el show, hubo espacio para Ángeles y Serafines, una oda a la desigualdad que se ve en las calles, y para otros hits que también conforman el último álbum de pop barroco producido por Eduardo Bergallo (Soda Stereo, Gustavo Cerati, Natalia Lafourcade, Juana Molina), quién estuvo a cargo del sonido del show. Sobre el final, tuvieron lugar algunos temas de su primer y segundo disco: Antonia, el rocksteady Severino Di Giovanni o Feliz, que tiene una frase que resume la trayectoria de Sig Ragga: “Vengo volando muy lento a hacerte feliz”.

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