El gran reto pendiente sigue siendo el de trasladar la inteligencia política y la ingeniería social que se aplica en las campañas a la esfera de la acción gubernamental.
Alfabetización digital: no basta sustituir un tótem (el libro) por otro (la tablet)
Jose Luis Orihuela
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Otra discusión que yo he visto ha sido relacionado con el concepto de tribus diferenciadas por las experiencias en Internet.

Un blog de Medium angloparlante explicó su teoría que mientras las plazas se convierten en redes sociales, también se dividen cada vez más con los intereses peronales de las personas que viven dentro de ellas. Desarrolló un pensamiento de naciones digitales, o sea, un grupo de gente que ahora no se siente ciudadano de un país pero a un colectivo digital.

De mi experiencia en los Estados Unidos hoy en día, yo puedo ver algo semejante. Aquí yo puedo pasar días leyendo Facebook sin ver ni un estado singular que apoya a Donald Trump o a la venta de armas de fuego. Sin embargo, yo sé que aquellas personas que apoyan a estas causas sí existen, pero casi como inhabitantes de un mundo completamente diferente. Cuando Amnestía Internacional-EE.UU. lanzó su compaña «The America I believe in…» («Los Estados Unidos en que yo creo…»), yo vi a muchos amigos que dijeron que sus EE.UU. no discrimina y que se esfuerzan por la diversidad, mas cuando pregunté a quién se dirigía, respondieron con «Trump» o algo distante. Es casi como si no estuviésemos en el mismo país con Trump, sino en un lugar completamente diferenciado.

Aquí, podría ser que estos movimientos no apoyarán a la acción gubernamental, sino a la parálasis política que ya tenemos.

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