EL CAMINO DEL COLPORTOR

El camino es angosto, para el fiel siervo de Dios, hay días donde el frio nos ataca, y días donde el calor nos atormenta; una cosa sabemos, que en nuestros corazones arde la llama del porvenir, y solo el Dios de los cielos es exaltado en esta obra. A cada paso que damos, sembramos una semilla sin importar cuán áspero sea el terreno, esperando las promesas de nuestro gran salvador.

Llevamos el mensaje de salud como excusa en nuestras mochilas, solamente con el propósito de que amanezca una luz salvadora en dominios de las tinieblas, esperanzados en ver los frutos por la gracia de nuestro salvador, peregrinamos por el mundo, mas con una seguridad de que nuestro hogar será la Cannan Celestial.

Al ser atendidos por las personas, mostramos nuestras más tiernas sonrisas con el propósito de que las puertas se abran, para así dejar una luz encendida en donde la oscuridad allana, y la maldad atormenta, y la salvación cuan alba en la mañana se apodera de aquellos sinceros y dispuestos corazones. Cuan ardoroso es el trabajo del fiel colportor (misionero) que “no avergonzándose del evangelio” (Rom 1,16) se entrega a “la oración humilde y ferviente” (c.e, pag.74). Y la dulce compañía de los ángeles celestiales, “quienes irán delante de ellos a las moradas de las gentes, preparando el camino para ellos” (TS, t.4, p.359.Año 1900), y asi poder preparar a un “pueblo que este en pie en el gran día de Dios que está delante de nosotros” (Review and Herald,20–5–1890).

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