Yo no soy Juan Manuel de Prada

La anodina mente de Juan Manuel de Prada cree que un ser imaginario le marca los designios de su vida como la pluma dictatorial, soberbia e indiferente de cualquier novelista. Pero, no contento con el trato que se le da a su sinrazón, pretende que esa dificultad mental sea tenida en cuenta no sólo por los ciudadanos de a pie, sino también por esos endebles gobiernos con valores comprados en el todo a cien en forma de leyes sin consenso ni sensatez. Leyes por imposición. Gobierno por imposición.

Y una vez impuesta, eso que él llama blasfemia con el único fin de censurar lo que en realidad es libertad de expresión, se convertirá en delito punible por el bien de su conciencia. Que nadie ose ofender sus penosas e ignorantes creencias o será imputado, juzgado y encarcelado. Faltaría más.

Pero no, Juan Manuel. Lo que tú llamas blasfemia no es más que una pueril queja de alguien con la mente atrofiada por años de monotemáticas lecturas sin atisbo de crítica ni raciocinio; por años de dejar entrar en tu mente ideas de otros sin mayor labor que la de adular al hincador de tamañas mentiras; por años de obviar que lo que a ti te ofende a otros nos pasa totalmente desapercibido; por años de no pensar; por años de no escuchar.

Juan Manuel, trae tu mente al siglo XXI. No tengas fe. No te creas nada. No seas un ser irracional. Imbúyete de ideas que no sean las de siempre; que no sean las de tu libro favorito. Lee libros que no te gusten. Habla con gente que no piensa como tú. Discute con personas con diferentes puntos de vista. Despierta ante la disparidad cultural del mundo. Descubre la ciencia.

Pero, sobre todo y ante todo, Juan Manuel, piensa.