Un país en ojotas

En una comunidad judía ortodoxa israelí muere una mujer. Se sospecha que al marido la ha matado, pero lo único que puede asegurarlo es la autopsia. La comunidad está conmovida hasta los huesos, así que encomienda al rabino… ¡para que se robe el cuerpo de la morgue! Un cuerpo que ha sido profanado no puede ser enterrado en suelo judío. Cosas así, te cuenta la gente, suceden en Israel.

Israel tiene unos veintidos mil kilómetros cuadrados llenos de mucha arena, poca agua y una cantidad de judíos de los orígenes mas dispares. Cuando en 1989 se cayó el muro de Berlín, llevándose puesta a la Unión Soviética, los israelíes se levantaron a desayunar con un millón de judíos rusos en el país. Para un lugar con siete millones de habitantes, no es chiste. ¿Cómo? ¿no hay humor judío en el país?

Hay, sí. Y a patadas. Un cartel en una calle de Tel Aviv te avisa que es calle de mano única, pero sólo por una cuadra. En la siguiente ves otro cartel distinto y se te viene encima un auto. El representante de los ortodoxos en el parlamento puede plantear — como lo ha hecho en estos días — que hay que restringir los contenidos de internet hasta dejar la red al borde del kosher. Ya lo han hecho con los celulares de los religiosos, cuyos wallpapers y ringtones están supervisados por el rabinato, asi que la broma puede colar.

Israel es un estado judío donde los rabinos te casan con guiones de Larry David. A mi primo le preguntaron en medio de la ceremonia “¿El anillo lo pagaste vos? Mirá que si no tengo que suspender el trámite”. Y como la religión no contempla el suicidio, el Mar Muerto te empuja para arriba por más empeño que le pongás.

Israel es el país más argentino afuera de las fronteras nacionales. El israelí se viste de entrecasa para todo el día, se festeja y se putea a los gritos, se maneja al borde de la histeria y ha hecho un fetiche del celular.

La Argentina es un guiso preparado con italianos, gallegos, árabes y judíos, que comido en demasía puede provocar acidez. Israel es un yarkoie que resulta de mezclar etíopes con rusos blancos, europeos con latinoamericanos, asiáticos con mediorientales y, así y todo, es más fácil de digerir.

Uno se pregunta: ¿cómo puede ser que la Argentina no funcione, e Israel esté entre los paises mas desarrollados, cuando encima hablan en un idioma que se escribe al revés?

Están tirando unos cuetazos caseros desde la franja de Gaza y acá, como buenos vecinos, inmediatamante los salen a devolver. Mi tía, que lee el diario mientras desayuna, me dice que no me asuste. “Son unos kazamis, nada más”.

Mientras tanto, afuera, la vida sigue como si nada, informal y bochinchera. Llamándolo al cerdo vaca enana — cosa que nadie se avive — o criándolos sobre cemento para que sus pezuñas no toquen suelo israelí.

Intento cruzar la calle con el semáforo que corresponde y el bocinazo me devuelve a la realidad. Israel es un misterio que enlaza sobrevivientes a los campos nazis y noches de medio oriente, problemas medianeros y olor a flores en la oscuridad.

¿Qué es lo que mantiene a este crucigrama verde en pie en medio del hostil desierto arábigo? Nadie sabe. Los religiosos dicen que ellos tienen la posta, pero mientras hablan se larga a llover. Nadie sabe. Hay misterios del judaísmo que no te los explica ni la Torá.

Mayo de 2007.