Tan valientes

El miércoles llegará la hora de retratarse. Ante la convocatoria mundial para un paro laboral, de cuidados y de consumo por parte de las mujeres, vamos a poder comprobar qué personas, qué jefes y qué sectores están de su parte. Quién apoya con sinceridad, quién apoya de boquilla y quién sigue odiando sin razón y sin medida. No se queden en los titulares y busquen en el subtexto, que allí se encuentra la intención.

España lleva gran parte de su historia intoxicada por una cultura patriarcal que asfixia y oprime a la mitad del país. Durante siglos, fueron hombres los que decidieron sobre las mujeres; determinando en qué medida y grado podían ellas decidir sobre sí mismas. Está pasando aquí y ahora. Sigue pasando aquí y ahora.

La batalla contra el machismo es dura porque es, también, una batalla que libramos en nuestro interior. Educados para el dominio, cegados a la ternura; los hombres nos hemos convertido en sembradores de muerte, tiranos de habitación, bufones de una sociedad consumista, salvaje. Hijos sanos del patriarcado.

Al machismo se le puede combatir, pero hay que ser valiente. Es esta una categoría especial de valentía. Una valentía que no se basa en la agresión, sino en el empeño y sacrificio personal. En el triunfo de la voluntad. En la victoria de quien se enfrenta a la corriente. En no matar esa parte de nosotros que la sociedad capitalista tanto se empeña en matar. Levantar un puño es un acto que puede llevar a cabo cualquier cobarde. Quitarse la venda y ayudar a los demás a ver es una tarea solo para valientes.

Tal vez, y solo entonces, descubramos que se pueden cambiar las cosas. Que podemos ser iguales. A día de hoy, mucho camino nos falta por andar y muchas batallas tenemos que librar para ser tan fuertes, tan buenos y, sobre todo, tan valientes.

Tan valientes como las mujeres.