El día que entendí la importancia de una imagen.

Rosa y Diógenes. Fotografía por: Andrés Bernal Guarín

Día 1 (Lunes 26 de Marzo, 2012)

El primer día fue principalmente de reconocimiento. Traté de recorrer el pueblo de Palomino, ubicado en la Guajira, al norte de Colombia y los proyectos que estaban siendo desarrollados por la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana. Este día fue muy importante, pues conocí a Rosa Arregose y su esposo Diógenes Ramírez. Al hablar con ellos, Rosa me decía que no servía para nada, que su vida estaba por terminar. Sin embargo yo no pensaba lo mismo, considero que en la vida de una persona mayor existe un gran conocimiento y una enorme sabiduría que debemos aprender a valorar y a respetar. Tenemos que dejar el vicio por lo nuevo y aprender a valorar el poder de los años. Con esta foto quería mostrar que Rosa y Diógenes incluso algunos años después, seguían siendo las mismas personas que cuando tenían 20 años. La única diferencia es la sabiduría y el poder de la experiencia que existe en sus arrugas.

6 Meses Después: Fui de nuevo con el proyecto nuevos territorios a Palomino, Guajira. Lo primero que hice fue entregarle la foto impresa a Rosa, como se los había prometido. Quería demostrarle a Rosa y a su esposo que ellos podían creer en las personas y sobretodo mostrarles que el proyecto así tenga un corte de 6 meses en sus visitas, sigue estando presente en Palomino. Cuando llegué a su casa me encontré con su hija Betty quien llamó a Rosa. La saludé, pensé que no se iba a acordar de mi, sin embargo no fue así, me saludó por mi nombre y me dijo que me había estado esperando. La saludé con un abrazo y me senté a hablar con ella. Luego de varios minutos le dije “te traje algo” a lo que ella respondió “¿qué me has traído?”. Saqué de mi maleta una pequeña foto, la foto que le había prometido. La miró y hubo un pequeño silencio, me dijo que nunca pensó en que fuera a volver. Me dijo que le habían prometido situaciones de este tipo un millón de veces, sin embargo nunca le habían cumplido. En un momento decidí preguntarle por su hijo Juan Antonio y su esposo Diógenes, pues no los había visto por la casa. Me contó que Juan Antonio estaba trabajando en St. Marta como electricista. Cuando le volví a preguntar por Diógenes se quedó en silencio y me dijo en voz baja “me abandonó”. En el instante que oí eso, no sabía qué pensar, no sabía si él la había dejado abandonada, si se había ido con otra, etc. Fueron millones los pensamientos que cruzaron mi cabeza en ese momento, no entendía muy bien si lo que estaba haciendo era lo correcto, sin embargo no abandoné la situación. Con un tono ingenuo le pregunté “¿cómo así?” con un tono seco me respondió “se murió”. Hicimos un minuto de silencio, quise respetar lo que había sucedido. Sin embargo no entendía por qué había pasado, sobretodo luego de ver la imagen; ella muestra una cara triste con un aire de brava y él muestra la felicidad en todo su esplendor. Me contó que tres días antes de tomar esta foto le habían diagnosticado una enfermedad complicada de curar, esto nunca lo supe, sino hasta el momento en que volví a entregarle la foto. Luego le pregunté “¿cuándo sucedió esto?”, me contó que Diógenes había fallecido hacía dos semanas y continúo: “llevo dos semanas sin esperanza, sin ilusión, esta acción que Ud. hace me ha devuelto la esperanza en la vida, las ganas de vivir, Ud. me ha demostrado que sí se puede creer en la gente”. Me invitó a tomarme un jugo de tomate de árbol, seguimos conversando un tiempo más y cuando nos despedimos, señalando la foto, me dijo “este es mi tesoro, lo guardaré en mi caja fuerte. Muchas gracias por todo lo que hace por nosotros”. Fue un momento inolvidable, sin duda.

Un Año Después: Volví a visitar a Rosa. Cuando llegué a su casa, mientras barría la parte frontal de su casa, levantó la cabeza, me miró y con mucha frialdad me dijo: “pensé que habías muerto”. Resulta que en este tiempo circuló un diario, el cual había compartido la noticia del fallecimiento de un estudiante parecido a mi, físicamente. Me contó que los niños del pueblo y sus vecinos se acercaban varias veces al día con el periódico en la mano y le decían “nuestro amigo ha muerto”, a lo cual ella sólo insistía “no es cierto, no es cierto, ese no es él”. Debo confesar que no fue fácil pensar que esto hubiera pasado, fue una sensación extraña. Luego tuve la oportunidad de conversar con Rosa por un largo rato al igual que conocer a otra de sus hijas. Esta visita a Palomino ha sido de las más cortas que he tenido, en todo caso fue muy especial cuando le pregunté por la foto, también me interesaba saber si la conservaba como me había dicho en una oportunidad. Enseguida entró a su cuarto, tomó una pequeña caja que estaba protegida por un pequeño candado, la abrió, sacó la foto y me la enseñó. Rosa, un año después, conserva a Diógenes muy cerca de su corazón.​

Rosa. Fotografía por: Andrés Bernal Guarín

Andrés Bernal Guarín.
Palomino, Guajira / Colombia.
2012 – 2013

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