Manual de demagogia buena

Llevamos dándole vueltas unas cuantas conversaciones. Otros han escrito artículos preguntándose incluso si se debería mentir cuando se gana con mentiras. Los más puristas, mi hijo mayor, en plena rigidez mental adolescente, me dice que es imposible que haya una demagogia buena y, claro, qué fue Chuchill y su sangre, sudor y lágrimas. Aquel verano que, como escribió CP Snow, un país que iba a la guerra se sintió unido y feliz. He llegado a la conclusión de que sí, de que se necesita un manual de demagogia buena y empezaré con la educación gracias a mi amiga Ana Alonso, que me ha dado un ejemplo esta mañana.

Rankings: En un momento dado del Salvados de De Hijos a Padres o viceversa, el presentado Jordi Evole le pregunta a los padres y a los profesores que si no estamos demasiado presionados por los ranking de los colegios, para que nuestros hijos consigan entrar en uno de ellos. Claro, flipé. No existen esos ranking oficiales. Los hubo unos años en la Comunidad de Madrid, pero sindicatos, padres, partidos, consiguieron retirarlos. Curiosamente, en aquellas clasificaciones salieron a la luz colegios públicos de zonas modestas que lo estaban haciendo muy bien. Y aquí es donde entra la frase de Ana. “No hay nada más elitista que fomentar la mediocridad”. Y esta va a ser la primera frase de manual de la buena demagogia. Cuando me quejo de cosas de la educación en España, alguna vez escucho: “No te entiendo, si cuando peor vaya todo eso, mejor le irá a tus hijos”. A corto, claro. Puede ser. Sabrán idiomas, le habremos inculcado amor por aprender, tendrán una pátina más o menos aparente de cultura general, sabrán expresarse con educación y sentarse en una mesa a comer manejando bien los cubiertos. Formación y educación. No sentirán que tienen que competir con chavales que vienen de colegios e institutos donde se sabe que lo están haciendo muy bien. Sitios que, como se sabe por un ranking que están arriba, son capaces de atraer a alumnos con ganas de trabajar y aprender. No, es mucho mejor que no se sepa nada. Salvo que en ciertos colegios privados y concertados se hacen contactos entre familias, se aprende el lenguaje informal de la élite, se responde a unas exigencias de esfuerzo que luego pueden servir para Medicina o para banca de inversión. Mejor sigamos a oscuras y fomentando la mediocridad. La élite, como dice Ana, se frotará las manos ante la perpetuidad de su status quo.

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