Déjalas salir.

Dejar que personas mierdas salgan de tu vida, se siente mejor que cuando sacas la mierda de tu intestino grueso.

No es tan difícil de comprender. Ingerimos, aprovechamos y expulsamos. Son ciclos.

Cuando conocemos a alguien, “nos la comemos” y aprovechamos todo lo que esa persona pueda nutrir en nuestra vida; sacarle jugo. Aunque “sea chatarra” o alguien muy saludable. El metabolismo de cada quien hará ese proceso más largo o no; también dependiendo de cada “ingesta”. Eso sí, llegará un punto donde tendremos que expulsarlas de nuestras vidas; no porque “queramos”, sino que ha llegado el tiempo; ambas partes disfrutamos.

O, desde otra perspectiva, existen ocasiones en que podrías “volver a comerte a la misma persona”, en la misma presentación, pero en realidad ya no sería la misma, por definición de tiempo y espacio.

Lo importante es recordar que, una vez que sale, no te aferres a eso que ya no es. Sería tan ridículo como aferrarte a un pedazo de mierda y querer irte con él por la taza de baño.

La mierda tiene su lugar y tú el tuyo.

Sé feliz.

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