El pecado de ser “rocker”

Mi reflexión de año nuevo llega unos días antes del 31. Es un viaje a través de una de mis historias de vida más emocionantes. Resumida para no aburrir a la banda…

Joy Division, Blur, The Mars Volta, Nightwish, Stratovarius, Mudvayne, HIM, The Used, Muse, Lacuna Coil, Korn, The Strokes, Garbage, Nirvana, Arctic Monkeys…Led Zeppelin, Black Sabbath, Queen, Guns N’ Roses, The Doors, The Rolling Stones…Joe Satriani, Steve Vai, Nick Johnston, Tony McAlpine…Radiohead, Tesseract, Portishead, Oasis…

Güey…I know rock music. La he respirado desde aquel día que compré A Little South of Sanity de Aerosmith sin saber qué chingaos estaba comprando. Tenía 12 años.

Edición especial con bordado y toda la cosa

Y claro, un chavito que no sabe cómo ser adolescente va a tomar como bandera cualquier cosa que encaje con esas ganas de romper las reglas. Yo lo encontré en la legendaria voz de Steven Tyler escupiendo profanidades entre canciones iluminadas con el genio de Joe Perry. Después de una vida de escuchar radio y grabar en cassette todas las canciones pop noventeras que te puedas imaginar (no había más en el radio de mis tiempos), al parecer había encontrado ese empuje que culminó en mis primeras clases de guitarra eléctrica. Y el mundo de la música apenas comenzaba a abrirme las puertas.

The Metal

¿No te gusta Metallica?, preguntó mi maestro mientras en su guitarra acústica tocaba las 20 primeras notas de la canción más bonita que había escuchado, pero no sonaba a lo que esperaría de una banda llamada Metallica.

Nothing Else Matters fue la primera canción completa que me aprendí en guitarra. Y claro, había algo en ese solo pentatónico distorsionado que me hizo querer más.

¿Black Album? Got chu fam. ¿Reign in Blood? Bitch, please. ¿Vulgar Display of Power? Obvi. Pero hubo un sonido más crudo, divertido y menos técnico que encendía mi teen angst como ningún sonido lo había hecho antes.

Fuck everything

Después de escuchar The Kids Aren’t Alright toda mi atención se fue al punk y a su historia. Hay algo en la monotonía de un down strumming constante y distorsionado que prende como nada más. Y cuando le mientas la madre al sistema como en Never Mind the Bollocks, sabes que encontraste tus himnos. Sin embargo, toda esa música no era de mi época. Chingona, pero no de mi época.

Una obra maestra llamada Ten

…y el concierto que cambió mi vida.

El último empujón hacia la música moderna fue de Eddie Vedder y su característica y copiadísima voz. Las luces y los brincos con Evenflow, el OMGWTF de Jeremy y los encendedores con Black mientras gritas WHY? WHY? WHYYY?!?!? con todo el Palacio de los Deportes despertaron otra bestia. Esta era más seria, con más profundidad y permanencia.

Nirvana y la nueva moda, los gritos de Chris Cornell con Soundgarden, el unplugged de Alice in Chains, los poco valorados Silverchair y el ya difunto maestro del escenario Scott Weiland con STP estuvieron ahí para impulsar mi atención a Bush, Staind, 3 Doors Down, Candlebox , Chevelle, Finger Eleven, Stone Sour, Godsmack, Third Eye Blind, Drowning Pool, Switchfoot, Dishwalla, Audioslave, Alien Ant Farm, Jimmy Eat World y las bandas que hoy en día llevo en el corazón llamadas Incubus y Foo Fighters.

Nada como tocar en vivo

Con un nivel decente como guitarrista, al menos podía echar el jam y sacar los covers necesarios para prender cualquier fiesta. La faena de cargar con un amplificador y una guitarra a los ensayos, aprender a conectar con un baterista, un bajista y un vocalista al mismo tiempo, comer pizza y tacos, escuchar el “Otra, otra, otra”, las miradas de la mujeres, subirle a 10 cuando los vecinos se están quejando del ruido nomás por chingar…Rock n’ roll, maddafacka.

Y después canté. Estudiar a Bruce Dickinson, Freddie Mercury, Axl Rose y demás íconos destapó otro demonio, que en las tardes daba clases de canto.

Business or pleasure?

Ambas. El rock se volvió mi vida. El negocio de la música (y más cuando es educación musical) y el rock te conecta con personas increíbles y llenas de talento, que van desde mis pequeños grandes alumnos hasta genios como Rudy Sarzo, Paul Gilbert, Lzzy Hale, Nick Johnston, Victor Wooten, Tal Wilkenfeld y más.

The Long and Winding Road

Joe Bonamassa, Andy McKee, Screaming Headless Torsos, Mayhem… no termino con nombres de bandas que me han llevado del rock a otros lugares nuevos. La pregunta es ¿Qué tanto estoy alejándome de otras propuestas musicales de gran valor al seguir en este camino? En otras palabras, ¿si la música fuera un árbol, lo voy a explorar como gusanito o como pájaro? ¿Me voy a ir explorando una rama y sus ramitas como gusano o voy a visitar diferentes ramas de vuelo en vuelo? ¿En qué momento la especialización te aleja de todo lo demás que también es importante?

¿Por qué decir que Kanye West es un pendejo si sólo tengo un punto (o una rama) de referencia? ¿Por qué negaría el evidente nivel de masterpiece de All Eyez On Me de Tupac? La respuesta es simple: porque el camino que yo he recorrido para encontrar el valor de actos como Deep Purple, Levin Minnemann Rudess o Immortal es el mismo camino que se debe recorrer para encontrar el valor en Tom Waits, Steve Aoki, Chance the Rapper y cualquier otro artista o género que no va con mi paradigma original. Que no debe ser un camino igual de largo y pesado, sólo debo tener la mente más abierta de lo que digo que la tengo.

Ese es el pecado de ser rocker, reggaetonero, salsero, jazzero, popero, runner, skater, fashionista, fotógrafo, escritor, tatuado, taekwondoin, mercadólogo y cualquier otra ETIQUETA con la que decidimos describirnos. El grupo al que tanto presumes que perteneces, esa etiqueta que portas con orgullo, es tu zona de confort. Y el hecho de no tener una historia como la mía en algo que no conoces no es razón para quedarte en esa zona de confort. Al final yo soy Beto. Sí, soy guitarrista, coach, profesor, escritor, ingeniero y más; pero entender que mi historia no define mi presente o mi futuro es lo que me permite salir de esa zona de confort y empezar de cero a explorar esas etiquetas de las que muchos dependen para que su existencia tenga sentido.

¿Quién eres sin tu título profesional? ¿Quién eres sin tu Nirvana o tu Behemoth? ¿Quién eres sin tu gorra New Era y tus Air Force 1 Camo? ¿Quién eres sin tus tatuajes? ¿Quién eres sin tu guitarra Carvin custom made? ¿Quién eres sin tus trofeos de artes marciales? ¿Quién eres sin tu “puesto” en “la oficina”?

Pero la respuesta más importante no es la respuesta a “¿quién eres?”. Pregúntate quién quieres ser ahora y trabaja en aterrizar tu respuesta. No te preocupes, tus logros, avances y recuerdos bonitos seguirán ahí. Sólo vas a abrir un nuevo camino mientras sigues recorriendo los que ya te sabes.

>>BK

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