La ecuación borgeana de un problema infinito.


Desde los Caldeos, el hombre no ha dejado de sentirse obsesionado con lo que se aparenta inaccesible. Mirar las milimétricas gotas de agua y el polvo atmosférico arriba de nosotros no ha pasado de moda, ni para buscar figuritas de animales, ni para pedirle al omnipresente. Muchos miran al cielo buscando inspiración que ayude a encontrar respuestas a cosas que no logran entender, y no entender algo se ha vuelto un problema, problema que puede durar siglos, como los problemas de las matemáticas. Pero son las matemáticas las que hacen que la imaginación ofrezca un canal abierto de ilimitadas ideas abstractas.

Las matemáticas son más que símbolos, ecuaciones y dolores de cabeza. Se necesita una imaginación bastante intrépida para extrapolar conceptos matemáticos a otras áreas como lo hizo Jorge Luis Borges, el escritor argentino, quien mantuvo un sofisticado repertorio literario y a su menester concibió las matemáticas abstractas bajo una representación literaria de: cuentos, como relatos de ficciones de su imaginación ansiosa; poemas, como la revelación lírica de los estados emocionales que conservan la vigencia de un síntoma cultural; cábala, como la revelación de lo divino viviendo en cada uno de nosotros. Borges fue un erudito con una sed de conocimiento impresionante, pocos como él abarcaron tantos temas para alimentar su conocimiento. Ver como Borges abrazó tanto conocimiento da apertura al aforismo de que el conocimiento es como una esfera infinita que crece en el universo infinito. De hecho, fue el concepto del infinito lo que hizo que Borges escribiera un gran número de obras llenas de ficción para representar lo intangible e inconcebible de las matemáticas. Se puede leer a Borges sin saber matemáticas, pero no se apreciará el aspecto lógico matemático que nos brinda y nos posiciona a cuestionarnos la existencia o inexistencia de algo inagotable. Y que si somos bastante curiosos tal vez lleguemos al punto de que las paradojas que brotan de su obra cambien nuestra percepción de la realidad. Con el infinito existe una ecuación que es todo número y ninguno a la vez, que crece y decrece progresivamente, que no hace parte del tiempo y con el tiempo no es más que una ilusión.

Estoy por creer que el concepto de infinito no es más que una simple representación de nuestro lenguaje, que los corolarios hacen parte fundamental de la compresión del número y su cardinalidad. La numerosidad, como aquello innato en nosotros para percibir una noción de número y con ello relacionar una totalidad inconcebible, siendo así el infinito como algo de pura apariencia.