La muerte y los cortes de luz nos igualan a todos


La semana pasada vi llegar a mi vecino con su nuevo aire acondicionado. Al principio pensé que era Papá Noel por todo eso de la barba y la panza, pero al final resultó que no, que era mi vecino y que ese aire tan hermoso no era para casa sino para la suya. Era grande y lindo, como su casa y su jardín que siempre tiene el pasto tan verde y bien cortado. Sus dos perros son tan lindos como el aparato que se trajo. Todos son lindos en esa familia. Todos son lindos y huelen bien. Y ahora que tienen aire acondicionado, ni hablar, seguro hasta huelan mejor. Como los jazmines que tienen en el fondo, siempre los miro a través de la medianera y los envidio en secreto. Yo también tengo mis plantas y también son hermosas. En realidad todos dicen que son horribles pero a mi me gustan porque son feas como todo lo demás y hacen juego de alguna forma medio retorcida. Como que son lindas por aproximación, cosa que me gusta porque me hace pensar que soy un tipo coherente y en algún lado leí que en la vida eso es lo único importante. El resto tarde o temprano o se rompe o se corrompe. Además, por más feas que sean (mis plantas) me refrescan el cuarto un poquito: de 38 horribles y letales grados a otros igualmente insoportables 37 y medio. Mi mamá dice que 37 y medio no es fiebre, así que todo bien. También dice que mis plantas no son eso sino yuyos y que los tire porque son feos, pero yo no pienso tirar nada hasta que me compren un aire acondicionado. Yo también quiero oler bien. El aire es libre siempre y cuando no toques al otro, eso lo sabemos desde chiquitos, así que teóricamente a mi también me corresponde uno. Un aire, un techo y una canasta básica ajustada por el índice de precios al consumidor al día de la fecha. Lo justo es justo.

Pasados los 35°C se desvanecen las ganas de vivir. Está comprobado, lo leí en facebook. La vida sin aire acondicionado no es tal cosa, sino más bien todo lo contrario: una muerte lenta y absurda. Ayer se cortó la luz y mi vecino se murió, me enteré hoy cuando volvió el suministro y sonó el teléfono y era mi tía, que también es vecina, y no se como pero ya se había enterado del chisme. Parece que el tipo estaba durmiendo y como el nuevo aire chupaba mucha corriente, saltó la térmica y el aire se paró y entonces empezó a transpirar y transpirar hasta que se ahogó en su propio pegote. Y mientras yo acá muriéndome de calor. Así no llegamos a fin de año.

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