Lesiones y lecciones (de paciencia)

Desde que recuerdo siempre he tenido pocas ganas de ir al médico, simplemente porque no me gusta (me da miedo) que me digan que estoy enfermo. A medida que uno va creciendo se va dando cuenta que el cuerpo no responde igual a todos los estímulos (el guayabo dura más, el trasnocho pega mas fuerte, los helados dulces ya son muy dulces…), pasados los 30 ese efecto se multiplica, especialmente si los estímulos son de ejercicio, por ejemplo recuperarse de la primera carrera de 10km dura casi 1 semana. Hasta ahí todo estaría dentro de lo esperado, a medida que el entrenador va aumentando las cargas y los ejercicios, el cuerpo se va a adaptando y poco a poco esas sensaciones mejoran. Lo logramos, mamá estoy triunfando!

No tan rápido…gracias a que uno no es un profesional del deporte (sino un aficionado más) empiezan a aparecer lesiones en huesos, músculos y ligamentos de los que uno ni siquiera aprendió el nombre en el colegio. Especialmente, cuando uno empieza a correr, pues también empieza a familiarizarse con las diferentes lesiones que existen, aunque no se entienda claramente la mecánica de cómo se presentaron o cómo se resuelven del todo hay una conexión con todos los que las padecen. Aparecen los amigos de lesiones y durante los entrenamientos uno habla de qué tanto duele, dónde duele, a qué médico fue, que remedios y ejercicios le mandaron…no parece que uno estuviera convirtiéndose en un aficionado élite sino en un enfermo que entrena.

En mi caso hasta el momento he padecido de fractura de clavícula (en bicicleta), periostitis, inflamación de la banda iliotibial (bandeleta, o, IT band), fascitis plantar (qué corredor sabía de la existencia de la fascia en la planta antes de sentir ese dolor?), pereza, excusas…momento, esas dos últimas no son lesiones, pero igualmente han necesitado de mucho trabajo de fortalecimiento físico y mental. Además de las anteriores he oído que existen las fracturas por estrés (de la tibia y de los metatarsos), lesiones en el tendón de Aquiles y desgarramientos (de todos los músculos de la pierna) sólo para corredores, más la bursitis de hombro (por no nadar adecuadamente), molestias en el cuello y la espalda…todas las anteriores NO recomendadas!

Las lesiones, de corredor y triatleta, me han obligado a entender a la fuerza que ya no tengo 15 años y que si quiero poder correr, nadar y montar en bici tan seguido como quiero (o como mi cabeza requiere), es necesario que tenga mucha disciplina en la prevención y recuperación, de lo contrario tendré que atender citas en el médico y fisioterapeutas y a eso le tengo pereza (léase miedo) porque siempre me hacen parar de hacer ejercicio. Así que, de ahora en adelante es muy importante que cada entrenamiento sea finalizado con una excelente sesión de estiramiento que debe ser complementada con sesiones de fortalecimiento… esto nunca lo imaginé cuando empecé con el monotemático cuento del triatlón y aprenderlo ahora me esta dando lecciones muy importantes de paciencia para disfrutar todo el proceso, incluso si ese incluye evitar lesiones o tratarlas cuando aparezcan.

Me recuerda el post de Camilo sobre la generación del YA! (http://www.camilocorre.com.co/single-post/2016/07/23/%C2%A1La-generaci%C3%B3n-del-YA)


Tri Olímpico en Moniquirá (46:48min natación, 1:33 hrs ciclismo, 1:09 hrs atletismo)

Adicionalmente, quería contarles que completé un triatlón Olímpico (1500m nadando, 40km en bici y 10km cojeando) como parte del entrenamiento para el Ironman 70.3 de Cartagena.

Lo bueno: Superé mi miedo a nadar continuo en piscina de 50m.

Lo mejor: Nadé mucho más rápido que en mi primer intento 2 años atrás haciendo el doble de distancia en el mismo tiempo. He mejorado!

Lo malo: En el km 7 del atletismo la fascitis plantar me obligo a ir muy despacio y con mucho dolor. Gracias a eso escribo este artículo.

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