Camino hacia el Durazno desde Yacanto frente a las Sierras Grandes de Córdoba.

Descubriendo El Durazno, Córdoba

Desde que era muy chico, aprendí que el «campo» en realidad era siempre montaña. Esto para un cordobés de la capital es esencial. Ir al campo significa en la mayoría de los casos ir a las sierras, ese espacio sagrado de Córdoba que encierra los rincones más recónditos de la provincia.

Ya de más grande, empecé a recorrer solo sus caminos de tierra y piedras adentrándome más allá de las típicas salidas familiares a lugares que consideraba «controlados». Salir a acampar en Córdoba tiene sus contras y ventajas pero es una experiencia distinta y digna de ser vivida por todos en algún momento de nuestras vidas. Te cambia la forma de conocer realmente un lugar que en el mapa quizá lo repasamos varias veces. El concepto de viaje o turismo adquiere un nuevo significado y le vamos encontrando el sabor a solucionar problemas, también.

Fue así como en una de estas salidas conocí un paraje bien escondido llamado El Durazno, en el departamento de Calamuchita.

De entrada, ya cuesta bastante llegar ahí, siempre y cuando no se posea ningún vehículo. Los colectivos no llegan ahí. Y lo máximo que se puede hacer en recorrido de línea (con horarios limitados, también) es hasta el pueblo de Yacanto. Una vez allí, nos separan 8 kilómetros de camino de tierra en bajada y con las Sierras Grandes de frente. Hay vistas realmente buenas del Cerro Champaquí y su cordón montañoso. Y todo adornado por pinos, una especie que introdujeron en toda la zona y que ahora buscan replantar por el cedro, más local.

Río El Durazano con los bosques de pino que lo rodean.

El paraje (cada vez más cerca de ser pueblo) no tiene más de veinte cuadras y la primera vez que fui, no tenía tendidos de luz eléctrica ni gas natural. Parecía detenido en el tiempo. Ahora, han invadido algunos hoteles, restaurantes, bares y complejos de cabañas que impulsan cada vez más el turismo en la zona y alientan a que más gente se acerque al lugar con más comodidades. Lamentablemente, El Durazno parece apuntar a un turista con mayor poder adquisitivo; primero por la forma de llegar y después por la calidad de su hotel y gastronomía, sin mencionar algunas modernas cabañas. Muchas alimentadas por energía solar (como la única escuelita) y cada vez menos por la vieja garrafa.

El río definitivamente se merece varios párrafos aparte. Tiene el mismo nombre que el paraje y corre de noroeste a sureste hasta llegar al Embalse Cerro Pelado. En algunos tramos del río se forman ollas así como también lugares de poca profundidad y hasta con pequeñas playas de arena. Pero sin duda, lo más llamativo son las formaciones de piedra conocidas como «Los Cajones». Caminando río arriba desde el paraje se llega a una parte de terreno escarpado y aguas profundas. Es el lugar indicado para saltar varios metros hasta el agua y también para realizar pesca, como muchos turistas y locales.

Parte del tramo del río conocido como «Los Cajones».

El agua clara y fría de deshielo que viene de las Sierras Grandes hacen que el río el Durazno en Córdoba sea bastante particular. Se asemeja a los ríos del sur argentino por momentos, aunque con un paisaje serrano típico cordobés.

Consejos

Es el destino ideal para un fin de semana o para las vacaciones. Si se quieren evitar las cabañas, hoteles y demás, acampar ahí es bastante fácil. Hay campings habilitados para hacerlo, pero también existe la opción de caminar río arriba o río abajo para encontrar un lugar alejado al paraje, aunque no es aconsejable hacerlo directamente sobre las márgenes ya que si llueve en la montaña es muy proclive a crecer en poco tiempo, lo cual es peligroso. Y se debe contar con cierta experiencia también, no es recomendable para «acampantes» principiantes.

Y allá hay para hacer de todo. Hay miles de caminos para explorar, hacer trekking y lugares (como la capilla) que invitan a la caminata y al senderismo. Algunas rutas para hacer son las siguientes:

Hay que destacar, también, que muy cerca de ahí se encuentran dos parajes aún más escondidos e igual de increíbles como Pinar de los Ríos (al sur) y San Miguel de los Ríos (al norte). Ambos de difícil acceso.