Rosa Spinosa: “Creo que Venezuela saldrá adelante si se enfoca en el cacao”

Vista al mar desde el restaurante escuela de la USB | Fotos: Miguel Acurero

La profesora de la Universidad Simón Bolívar quiere involucrar todas las áreas académicas de la casa de estudios al sector del cacao y el chocolate venezolano en proyectos que estén en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de Naciones Unidas (ONU)

Por Bárbara Paola Lugo | barbara.lugo@bitnibs.com


Rosa Spinosa es una apasionada de la enseñanza, le gusta conectar a las personas y que siempre entre todos se genere sinergia para la consecución de planes y eventos que trasciendan. Si los planes tienen que ver con el cacao, de seguro sabrá cómo y a quien contactar. Sin duda, es una experta en poner todas las piezas en su lugar.

Es egresada de la sede del Litoral, estado Vargas, de la mencionada casa de estudios en la carrera de Administración Hotelera. Fue testigo de cómo la universidad que la vio crecer se destruyó por completo a causa de una vaguada ocurrida en el año 1999. Pero, también ha sido parte de ese grupo de profesores que poco a poco han puesto su esfuerzo para reconstruirla.

Uno de sus mayores logros y proyectos de vida fue la creación del primer Diplomado de Gerencia de la Industria del Cacao, un programa que ha acercado a venezolanos de distintas disciplinas a la Universidad Simón Bolívar, sin importar su grado de especialización.

Biblioteca de la USB, sede Litoral | Foto: Miguel Acurero
“El cacao también es flores es colores, es alegría. Es aromas, es historia, es patrimonio. Así es como veo el Proyecto Cacao Simón Bolívar”

Es referencia cuando se habla de educación y planes para el desarrollo del sector del cacao en el país. Sin duda, su espíritu es uno de los que mueven a todos los jóvenes emprendedores que a través del “fruto de los dioses” consiguen un motivo para seguir luchando. La profesora Rosa Spinosa los llena de energía y palabras de esperanza.


— ¿Qué relevancia puede destacar de la investigación del sector del cacao venezolano?

— Bueno en principio sería destacar el papel de las universidades. La investigación que se ha hecho sobre el cacao en Venezuela está encapsulada dentro de las universidades. Es asombroso. Lo vimos en el Congreso de Cacao de Venezuela, se han hecho tres en Venezuela a distancia de 10 años cada uno. No es que no estemos haciendo investigación, es que los profesores tienen su investigación dentro de las facultades, dentro de las bibliotecas, dentro de los postgrados y no está de manera tácita al alcance de las personas.

En la Simón Bolívar existen investigaciones en el área del cacao. Tenemos Agronomía, tenemos Biología y tenemos otras carreras vinculadas a alimentos. Maestrías y doctorados en la parte de Nutrición y en Química han hecho muchas investigaciones, pero como en Venezuela estaba eso como dormido, no había un incentivo para estudiar y desarrollar algo de la industria. Y empezó a bajar porque el control del Estado sobre esos rubros hace que se disminuya la inversión de las empresas. Y no solo eso, vas migrando hacia otros temas que más te interesan: petróleo, gas, e inclusive la investigación de la industria del agua. Ya no están buscando los yacimientos de petróleo, sino donde están ubicando las fuentes de agua subterráneas; esa es una de las cosas que es el norte desde hace 10 años.

Entonces la información está, está la investigación, pero no está levantada. En esta ecuación de sacar la información hacia afuera viene un poco por la presión y el volumen de los que usan estos productos. Los que usan los semielaborados, o los que usan los elaborados, en este caso el chocolate.

Este grupo de profesionales o de personas vinculadas a estos oficios, en los que se necesita esa materia prima, están generando una presión en la cadena de valor para que mejoren la calidad de ese producto final y, por supuesto que sea más diferenciados, y haya mayor cantidad en el mercado. Ahí es donde me hice la pregunta: ¿en dónde trabajo? ¿En dónde ayudar y apoyar?

“Nosotros tenemos una fuente inagotable de capital intelectual que puede estar al servicio de las comunidades y, por supuesto, el emprendimiento”

Viéndolo desde afuera dije que, si la demanda aumenta, la oferta se especializa, se diversifica y aumenta. Debe haber presión de un lado para que el otro lado entienda que hay un grupo de venezolanos que necesitamos cambiar. Y al estar la fruta en los patios de nuestras casas eso hace que tú hables directo con el productor. Esa investigación está saliendo ahorita por la demanda de los artesanos, que de una u otra manera la Simón ha apoyado. Digo Simón porque cuando entra una universidad tan grande como la nuestra en el panorama, con la credibilidad que tiene, la gente comenzó a poner los ojos. Eso significa que fue algo bueno. Y se fue creando poco a poco y planificando, por eso es que se está apoyando al emprendimiento. ¿Oficio y emprendimiento en la universidad? Eso volvió a hacer corto circuito. Y empezamos a atacar a los profesionales. Ya hay especialistas, como te acabo de presentar, que se van a incorporar y van a traer sus conocimientos. En este momento es lo que estamos haciendo, en principio identificando donde están las fuentes de información de algo que ya está hecho. Si eso ya está hecho ahora cómo transferimos al colectivo.

Hay universidades que no están tan hábiles de llevar ese conocimiento a otra de las áreas que de por sí es mi área: la de extensión. Los profesores tienen tres patas con las que son evaluados a nivel mundial: el área académica, el área de investigación y extensión. Extensión es cómo tú las dos áreas iniciales las llevas al colectivo o las comunidades. Hay profesores que son muy expertos en lo científico, pero les cuesta hacer eso en comunidad, por eso es que todo está encapsulado. Porque no es al estudiante, son personas mayores, son personas que tienen un perfil diferente al de la academia. Muchas veces no sabemos cómo hablarles. Y es allí cuando la universidad establece cómo hacerlo.

Pasillos del edificio principal de la USB, sede Litoral | Foto: Miguel Acurero

— ¿Cuáles fueron sus inicios y por qué decidió dedicarse la investigación del sector?

— Mis inicios fueron por una iniciativa de estudiantes, ellos querían saber más sobre chocolate. Yo fui la profesora cómplice de esta agrupación estudiantil vinculada a Hotelería y Turismo de la universidad, los apoyé hasta que lograron la actividad. Ya de alguna forma yo sabía sobre el trabajo de María Fernanda Di Giacobbe, por algunas coincidencias cuando ella empezó su proyecto de Kakao Bombones que estaba vinculado a iniciativas de Chocolates El Rey. Querían hacer unos programas de formación del oficio chocolatero en 2004 y 2005, y buscaron a la USB porque tiene un restaurante escuela en donde las personas hacen todo práctico y vislumbraron una oportunidad para crear los programas de formación para oficio chocolatero, inclusive para las personas con limitaciones personales, ya sea visuales, auditivas o cognitivas. Pero en aquel entonces no existía en ninguna universidad nacional alguna figura formativa que no fuese pregrado o postgrado y, para entrar a una universidad, tenían que pasar por exámenes de admisión, y lo que ellos estaban proponiendo no encajaba como algo técnico.

Estuvimos casi un año y medio en esa trayectoria, yo me involucré en las mesas de trabajo para hacer ese diseño, pero nunca vi a María. Cuando ella comenzó a ir tras los chocolateros internacionales junto con Chocolates El Rey siempre estaba ocupada. Después mis chicos comienzan con esas ganas de saber sobre chocolate. Y, sin querer, en esas vacaciones conozco a María Fernanda porque nos ponen a una al lado de la otra. Nos convocaron para que supuestamente ella recibiera un curso especializado en coctelería y a mí porque iba a recibir uno de chocolatería; cuando nos dimos cuenta estábamos en una oficina y era para crear y propiciar los encuentros. Los chicos querían aprender a hacer chocolate y pues nada, como soy buena para combinar varias cosas, se dio la primera actividad de María Fernanda y Kakao Bombones en la universidad el 23 de octubre de 2010. Para mí ese es el día de aniversario de arranque de las actividades del Proyecto Cacao USB. Por cierto, vamos cerca de cumplir 8 años.

Si me remonto más allá, pues mi papá apenas llegó a Venezuela lo primero que hizo fue comprar una fábrica de chocolate y, desde que tengo uso de razón, lo único que habla es de la fábrica de chocolate. Así que creo que voy a reivindicar a mi papá porque estoy haciendo cosas en el área del cacao y chocolate que él no pudo.

— ¿Cómo se llamaba la fábrica?

Fábrica El Indio. Estuvo como socio durante poco a tiempo; le tocó cerrarla porque se fue a quiebre por múltiples razones. Fue su primera experiencia en el país. Dejó el chocolate como algo que no volvería a hacer porque se dio cuenta de que no era del área. Entonces le estoy demostrando ahorita que sí se pueden hacer muchas cosas y está satisfecho por eso. Fue satisfactorio llevar a mi papá para que conociera a María Fernanda Di Giacobbe y viera todo lo que puede hacerse.

— ¿Cómo la investigación desde las universidades puede ayudar a emprendedores y a la industria cacaotera?

— Las universidades tienen toda la tecnología y jóvenes que están buscando una oportunidad para hacer tesis o crear soluciones para el sector. Entonces nosotros tenemos una fuente inagotable de capital intelectual que puede estar al servicio de las comunidades y por su puesto el emprendimiento. El detalle está en que ambos grupos están aislados por una realidad social y económica, y entonces ese punto de encuentro es muy difícil. Los que de alguna manera generamos propuestas de extensión o programas de capacitación o los profesores que hacemos eso somos esa figura o esa persona que puede unir estos dos extremos. Conectar a estudiantes, profesores, investigadores que buscan una oportunidad para generar esas soluciones con las personas que tienen problemas, en fin, todo lo que necesitan para salir adelante.

— ¿Cuál es su valoración del cacao venezolano con respecto a otros países?

— El cacao venezolano, dicho por expertos, tiene una genética biodiversa de cacaos criollos finos de aroma y eso es indudable en el mundo. Pero de ahí a que nosotros produzcamos un cacao fino de aroma que pueda colocarse comercialmente con los estándares que nos exigen tanto el mercado nacional como el internacional, ahí hay una brecha muy grande. Allí tenemos que centrarnos a trabajar. El tener la genética no significa que tengamos el cacao dentro de los sacos de apta calidad que pueda ser comercializado. Allí hay mucho por hacer.

En estas dos últimas décadas hemos dado pasos hacia atrás con respecto a eso, pero hemos dado pasos agigantados en generar emprendimientos que conecten al productor con el chocolatero venezolano. Que sea ese chocolatero el que le diga al productor que mejore sus procesos de post cosecha, sus procesos de manejo y de fermentación y ahí es donde está la clave para que podamos volvernos a posicionar en el mercado como el mejor cacao genéticamente, pero también comercialmente.

Spinosa frente a la Casa Colonial de la USB, sede Litoral | Foto: Miguel Acurero

— ¿Qué factores desde las universidades o la investigación han hecho que Venezuela pierda terreno frente a otros países?

— El retroceso en el área de investigación con respecto a cacao en los últimos 25 años para acá se debe a la falta de recursos e incentivos del Estado, no Gobierno, porque concibo al Estado como todos nosotros y los gobernantes son aquellas personas que hemos colocado allí para administrar. Y nosotros como Estado no hemos tenidos un objetivo claro, no hemos estado haciendo lo que hemos tenido que hacer, ni el comerciante ni la empresa. No tenemos una visión de hacia donde debería ir el cacao entonces los gobernantes que elegimos por votos para ponerlos a que administren el Estado, tampoco tienen la visión. Si no tenemos claro eso, la investigación tampoco va hacia allá.

Entonces son temas aislados, temas que responden a ciertas situaciones en particular. Un ejemplo de eso es cuando tenemos una empresa y nos están pasando muchas cosas, se daña la nevera, se daña una puerta, o muchas cosas simultáneamente; eso es una consecuencia de la falta de mantenimiento. Significa que nuestras acciones son solamente para remediar las consecuencias no para planificar. Si cada uno de los que formamos parte del Estado hacemos ese programa de desarrollo sostenible en el rubro del cacao, con una visión a mediano y largo plazo, todos unidos, no importa el gobernante que esté de turno; él tiene que cumplir esos lineamientos para lógicamente lograr eso que todos ambicionamos y deseamos. Así los oportunistas que estaban al margen, más bien se sumarán para que puedan formar parte de ese sistema de progreso, más allá de estar haciendo correcciones con pañitos de agua caliente.

Por ejemplo, tenemos ahora el tema del cadmio, que todo el mundo quiere correr a resolverlo porque en enero hay una nueva legislación que va a hacer que nuestro cacao no se pueda comercializar. ¿Entonces qué pasó con la planificación? ¿No es importante la salud del venezolano? ¿No deberían estar incluidos los metales pesados en una norma de alimento y no solo el cacao que es el que vamos a comercializar? ¿Qué hay con los otros rubros? Eso tiene que ser una política de Estado y que nuestros gobernantes cumplan esa normativa, para que los venezolanos tengamos en nuestros alimentos no solo los metales pesados en mínimas expresiones, sino en la higiene, en el traslado, en la calidad.

Nosotros como venezolanos también merecemos comernos el mejor chocolate, pero también comernos el más sabroso chocolate, el más sano chocolate y el más sostenible. De por sí todos los chocolates son nutritivos porque vienen del cacao, de la súperfruta, y tienen el alimento. Pero todo aquello que pasa en el procesamiento, que es humano, y que viene vinculado a las acciones del Estado, eso sí nos toca a nosotros. Inclusive que sea accesible a todos, no solamente para aquellos que pueden pagar, que sea de consumo de todos los que se merecen comer un sano y buen chocolate.

“¿Tú sabes la cantidad de tabletas de chocolate del mismo cacao, de la misma cosecha, de la misma producción, que pueden ser diferentes? Bueno, así de trabajo hay en Venezuela. Así hay para explorar en Venezuela”.

— ¿Cómo se pueden enfrentar los problemas que viven los productores de cacao?

— El mayor reto que tiene todo productor y todo ser humano es sí mismo. Definitivamente las barreras que tenemos que accionar ahorita es cómo logramos que ese productor cambie y evolucione hacia un ser mejor y con mayor conciencia del aporte que puede dar para su familia, para su comunidad y para el mundo. Allí es donde debemos trabajar. Pero no solo porque es el productor de cacao que me va a dar una semilla que yo debo comercializar en dólares. Es porque es un individuo que merece tener la oportunidad de ser mejor y que los que estamos alrededor, ya sea universidad o los que sean, tenemos que garantizar que eso ocurra. Que ese individuo tenga todo lo que necesite para ser mejor como persona y como ciudadano del mundo.

— ¿Considera que los entes gubernamentales deben tomar un rol activo en la comercialización o considera que prosperaría más en manos de privados?

— No es algo que digo yo, pero es algo que de alguna manera debe seguir un orden en nuestros sistemas. ¿Tú te imaginas que un carpintero tenga que desempeñar las labores de un albañil? Le va a faltar cosas, porque sus herramientas son diferentes, el lugar donde trabaja es diferente. Cada quien tiene su rol y su oficio. Tenemos que preguntarnos: ¿Cuál es el rol que cada uno debe tener?, ¿cuál es el rol del Estado, ¿cuál es el rol del Gobierno? A lo mejor nos estamos hibridando. Si el Gobierno está tomando otras actividades entonces tenemos que evaluar si ha sido bueno o ha sido malo. Partamos del principio que ha sido bueno, entonces, ¿cuáles han sido los resultados? Chequeemos, analicemos. Si es así hagamos un modelo que se ajuste si vamos mejor. Pero si, por el contrario, tenemos resultados que nos son tan favorables, entonces ahí volvemos al principio donde estábamos. Significa que los esquemas primarios o los esquemas anteriores sí funcionaban. Entonces tenemos que replantearnos.

Que sea bueno o malo lo que está haciendo el Gobierno ahorita, no te puedo decir, porque no tengo la información y si te lo tengo que decir como un tema personal sería muy limitado. Entonces es más sencillo pensar cuáles son las acciones que cada uno debe hacer de acuerdo a la naturaleza de su participación. Entonces nos enfocamos, que cada quien diga cuál es su tarea pero que lo haga bien. Porque también ese es otro tema. A lo mejor los roles si están definidos, peor no los estamos haciendo bien. Ese ejercicio de sentarse solo se hace cuando tú tienes una meta clara hacia donde ir. Si no lo tenemos como Estado, como pueblo, como grupo, entonces difícilmente vamos a saber cómo llegar allá.

Volvemos al tema del carpintero y el plomero: yo quiero construir una casa, está clarísimo qué es lo que va a hacer el carpintero y lo que va a hacer el plomero, y también el albañil y el arquitecto, el ingeniero, el decorador y hasta el pintor; así yo puedo tener mi casa. Podría tener un rancho que se caiga si cada uno de ellos no asume su responsabilidad y las ideas que le corresponden; entonces en ese momento tenemos una casa que se está desplomando. Ese es el análisis que hay que hacer y ahí vemos qué actor no hizo lo que tenía que hacer. O qué actor no hizo lo que le corresponde hacer.

Centro de beneficio del cacao fabricado en la USB con el aporte de la Embajada de Japón | Foto: Miguel Acurero

— ¿Reconoce la labor de otras instituciones y actores que están trabajando en pro del sector del cacao? ¿Cuáles son?

— De estos ocho años para acá he visto no solo a los que estaban, sino todos los que se están incorporando. Lo que te puedo comentar es que dentro de los emprendedores ahora hay profesionales de diferentes disciplinas: criminólogos, odontólogos, ginecólogos, administradores, gerentes, ingenieros de todo tipo, eléctricos electrónicos, de sistema, civiles, agrónomos; todo lo que te puedas imaginar. De todos los profesionales que existen, de distintas universidades, hemos tenido un aumento de la motivación y la incorporación activa como emprendedor para poder generar un oficio y una respuesta de actividades en el sector. Y lo más maravilloso es que entran como emprendedores de un oficio, pero es que también aportan esa parte de su especialidad. Te consigues, por ejemplo, con un psicólogo que me dice “profesora, yo quiero estudiar todo lo que del cacao y el chocolate porque he encontrado que el consumo del chocolate puede ir mejor para mis pacientes”. Después te consigues con un arquitecto que te dice “yo quiero saber más de cacao porque hay que construir centros de beneficios, hay que construir esos laboratorios”.

Entonces aprenden el oficio de chocolatero, pero también están transfiriendo al sector toda su especialidad. Así es como se están creando nuevas oportunidades, nuevas cosas, nuevas interacciones. Hay un universo de muchas cosas que yo ya perdí de vista porque es imposible ver a todos los que de alguna manera están generando. Es como una célula que se multiplica que a los minutos son dos o cuatro, pero a la hora ya tiene millones. Está ocurriendo así en Venezuela. Y lo mejor es que contagiamos a otros países. Después conseguimos entes privados que de una u otra forma ven esta evolución de emprendimientos que pueden apoyar. Bufetes de abogados, asesores de aduanas, asesoría de empresas y marcas, mejoramiento de la calidad. Entonces se están incorporando a prestar un servicio que estos emprendedores necesitan para salir adelante. Esa célula ya no la podemos cuantificar, porque ya somos muchísimos.

— ¿Qué áreas de expansión del sector considera que están inexploradas en Venezuela?

— Bueno aquí en Venezuela, para todo aquel que pueda escuchar o leer esta entrevista, señores aquí estamos todavía. Aun cuando en nuestra linda Venezuela tenemos esta situación tan particular. Tanto es así que yo creo que Venezuela saldrá adelante si se enfoca nada más en cacao. Porque todo el mundo podría aportar y hay mucho por hacer. Si solamente calculáramos la cantidad de hectáreas que nuestro país tiene aptas para el cultivo de cacao, no habría ningún venezolano productor que no tuviera trabajo. Y solo para transformar ese cacao o ponerlo en un puerto. ¡Dios mío, sería una cosa impresionante! Y todos estos chocolateros que quieren hacer sus tabletas, prepárense. Qué París ni qué carrizo. Tendremos nuestra Venezuela con una feria muy parecida a esa, porque la diversidad la tenemos aquí.

Qué cantidad de chocolate tendríamos nada más que por cada pueblo de Venezuela con una variedad particular. Y que haya miles de emprendedores usando solamente ese cacao, transformándolo en una tableta. ¿Tú te imaginas? Solamente con agarrar Chuao, que no exportemos que todos nuestros emprendedores con ese mismo cacao cada uno pueda generar una tableta diferente. ¿Tú sabes la cantidad de tabletas de chocolate del mismo cacao, de la misma cosecha, de la misma producción, que pueden ser diferentes? Bueno, así de trabajo hay en Venezuela. Así hay para explorar en Venezuela.

Vista del centro de beneficio del cacao y la comunidad aledaña a la USB, sede Litoral | Foto: Miguel Acurero

Como no hemos tenido investigación, pues los investigadores podrían comenzar a detectar por qué un cacao se comporta de una manera. Nuestros suelos son como son y nuestro cacao tiene características particulares. Entonces en investigación, en tecnología, en transformación, solamente ya somos tantos que es bueno que mi universidad ya está haciendo cosas, pero genial que las otras universidades se sumen y si cada universidad entiende que es importante, y se vuelve transversal y llega a todas partes, imagínate.

Sería bueno que podamos evaluar el cacao en la nutrición, el cacao en la gastronomía, el cacao en la industria, el cacao para medicina, el cacao para cosmetología, no solo la semilla, estoy hablando de todo el fruto completo, los usos medicinales que tiene todo el fruto. Si las propiedades están en el fruto, eso significa que en las hojas también hay. Si en otras plantas nosotros hemos usado las hojas, ¿qué tal si hay cosas en las hojas que nosotros no sabemos, por ejemplo? Hemos estado usando el fruto y lo demás lo descartamos. Estamos solamente enfocados en la bendita semilla y lo demás lo descartamos. No puede ser, hay demasiado por hacer.

Cuando hablamos de Tree-to-bar ya no estamos hablando de dos polos, estamos hablando de un grupo de familias en un pueblo que están haciendo cosas maravillosas.

— ¿Cómo considera que se debe desarrollar el sector para ofrecer más puestos de trabajo a los estudiantes que salen a trabajar?

— Bueno, es una pregunta bastante difícil. Me la he hecho todo el tiempo. Cómo hacer que nuestros jóvenes puedan acceder a las fuentes de trabajo. Bueno, te hablaba del aislamiento de los polos. Las universidades están encapsuladas de un lado y la realidad de las empresas en otro. Estos profesores que generan programas de formación y de extensión son los que están uniendo los polos más allá que el de investigación. Como tenemos más contactos con más personas en un curso, entonces va todo como más rápido que el área de investigación, que espera recursos para accionar.

Yo creo que se pueden hacer actividades vinculadas a ferias de trabajo y ahí es donde de alguna manera podemos poner los polos cerca. No lo hemos hecho en cacao, pero creo que puede hacerse. Donde están los oferentes y donde están los demandantes. Hemos tenido mucho éxito en la universidad al hacerlo. Se han hecho patrocinios para todas las carreras, más no se ha hecho para el sector del cacao. Pues esa es una tarea que, ahorita pensando, pues, la voy a incorporar dentro de mis acciones porque sería interesante. Lo único que tendríamos que chequear es que si este es el momento o no para hacerlo, y eso es algo que hay que medirlo.

Estudiante en la biblioteca de la USB, sede Litoral | Foto: Miguel Acurero

— ¿Qué relevancia ve usted en el movimiento Bean-to-bar para el desarrollo del sector?

— Bueno, tanta es la importancia que yo le doy a ese movimiento que desde el comienzo lo apoyé. Desde las primeras actividades que hicieron los expertos en Bean-to-bar como todas las actividades que hemos propiciado para que eso ocurra y para que el movimiento genere respuestas al sector. ¿Por qué apoyarlo? En principio porque une los polos que tradicionalmente estaban desconocidos uno del otro. Significaba que el emprendedor, chocolatero de repostería o bombonería, ni pendiente ni le interesaba cuál era la realidad de ese productor de cacao venezolano. Lo veía como el campesino, como el eslabón que está en el campo, muy lejos de la ciudad. Compraban el chocolate industrial, muy bueno para los bombones y la repostería de buena calidad.

Cuando entró el Bean-to-bar a Venezuela, y en principio se empezó a propiciar, ya aquí había un tema de responsabilidad. Entonces los principios de este movimiento generan la responsabilidad social que tiene el emprendedor de entender de donde viene su materia prima y en qué condiciones se cosecha; y que no puede ser un ingrediente importante de un producto que ese emprendedor haga si eso va en contra de los principios humanos de ese productor. Entonces ella se empezó a entender que no solo por comprar el cacao podía cambiar el entorno social de ese productor, porque ese hermano venezolano también está pasando hambre, penurias, muchas situaciones. Entonces te consigues a muchos chocolateros que tienen esa tendencia Bean-to-bar que van más allá de comprarles el saco de cacao. Se identifican cuando van a comprarles, saben que tienen niños chiquitos y les llevan ropa, o han detectado alguna necesidad y cuando van a lo mejor llevan eso. O le preguntan directamente en qué otra cosa puede ayudar.

Bean-to-bar digamos que es para los productores ese cliente exclusivo, al que hay que mimar, y como es cliente exclusivo entendió de que él va a pagar un poco mejor por su cacao siempre y cuando se hagan los procesos. Entonces estamos mejorando la calidad en general: calidad de vida, calidad de producto y calidad de procesos. Lo más maravilloso es que estos polos que son seres humanos y son venezolanos estén creciendo juntos. Y ellos sumados con otros y con otros harían un cambio. Por eso es que nosotros estamos apoyando al Bean-to-bar.

Por otra parte, esto desde el punto de vista de emprendimiento y de conexión. El Bean-to-bar, también dentro de sus principios, busca la trazabilidad y al buscar esto seguimos buscando un chocolate de calidad. Entonces ya en Venezuela no es solamente ubicar un grano, sino ubicar un chocolate, y cuando ubicas un chocolate no solamente ubicas a ese productor y a ese chocolatero que tienen nacionalidad venezolana. Entonces estás ubicando a dos familias que están apostando al país. Eso es maravilloso, es genial.

— ¿Y en cuanto al Tree-to-bar?

— Bean-to-bar significaría que ese chocolatero no esté cultivando, solo está comprando. Pero el Tree-to-bar significa que ese productor pueda evolucionar y tener la tecnología para él mismo generar instalaciones, equipamiento más su propio cacao en su propia tableta. Significa que hay un emprendimiento de tipo pequeña empresa en donde van a accionar muchas personas y van a generar mano de obra. Entonces van a querer más personas que le trabajen la hacienda y va a contratar más personas de las comunidades para que le produzcan chocolate. Allí es cuando la comunidad y esa hacienda constituyen un núcleo. No es solo una familia, es un grupo de familias que están representadas por eso.

Cuando hablamos de Tree-to-bar ya no estamos hablando de dos polos, estamos hablando de un grupo de familias en un pueblo que están haciendo cosas maravillosas. También porque cuanto más el mundo vaya hacia delante más se va a ir hacia lo industrial, más se va pedir menos cacao en esas golosinas, pero también habrá un grupo muy grande que va a querer disfrutar de esa exquisitez que permite tener 75, 80, 90, 100% de cacao.

¿Por qué también Bean-to-bar? Porque si nos vamos desde el punto de vista de la medicina entonces estamos consumiendo una tableta que nos va a dar fuentes nutricionales. Si yo estoy en una zona donde es difícil conseguir alimentos y yo puedo tener una tableta con estas características, yo puedo generar nutrición por el consumo diario de una cantidad particular. Entonces estamos hablando de nutrición, de salud, de prosperidad y de desarrollo.

Una quinta razón, cuando propiciamos cultivos de cacao impactamos positivamente en el mundo y bajamos los impactos del cambio climático. Entonces propiciar los cultivos de cacao en Venezuela significa cultivar sombra, significa cultivar frutales y significa cultivar hortalizas y otros alimentos que van junto al cacao. Así que hay prosperidad, hay desarrollo, hay muchas cosas asociadas. Entonces por muchas razones, Simón Bolívar apuesta a Bean-to-bar y a Tree-to-bar.

Prof. Spinosa posa con el logo de la USB ubicado en la Casa Colonial | Foto: Miguel Acurero

— ¿Qué significa para usted el proyecto Cacao USB?

— ¡Wow! Es muy grande. Significa la oportunidad que tiene la Universidad Simón Bolívar de tener un proyecto estratégico que le permita ser sustentable por sí sola. Sin necesidad de tener los recursos del Estado. Así es como lo veo yo en los próximos 20 años si todos apostaran a eso. No necesitaríamos recurso del Estado para que toda la universidad funcionara. Porque el proyecto vincula a todas las carreras trasversalmente: Vincula investigación, en todos los aspectos; significa transferencia en todo lo que ya hay; significa oportunidad; y ante todo una inyección de visión y motivación por hacer algo trascendental.

Entras a la Simón, a la sede Litoral, y te encuentras con una ciudad devastada que fue recuperada tras un deslave. El proyecto puede generar no solo el rescatar el bosque húmedo que teníamos, sino rescatar la esencia de la tradición del cultivo ancestral de esa zona, pero inyectándolo con toda esa energía maravillosa. De revitalizar y decir: “hay una esperanza”. Así es como veo Proyecto Cacao USB. Es más, la visualizo como la universidad del futuro en donde sus pasillos huelan a cacao, en donde se sienta el aroma y se sienta la energía positiva que genera el cacao. En donde se sueñe que se pueda transformar en cosas maravillosas. En donde haya salud porque hemos encontrado las medicinas que están en los componentes del cacao, donde nos alimentamos de la alegría que le da el comer un chocolate. Así es como me lo imagino.

El cacao también es flores es colores, es alegría. Es aromas, es historia, es patrimonio. Así es como veo el Proyecto Cacao Simón Bolívar.


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