Cuerpo a tierra
El otro día estaba parado en la acera del Paseo Mallorca esperando para pasar a Jaime III y en esto que cuando el semáforo se puso por fin en verde la señal acústica para invidentes empezó a sonar a tal volumen que yo mismo no supe si cruzar también o ponerme a contar los pitidos hasta que sonara el séptimo y entonces correr hacia los botes salvavidas. Eso yo, ya digo, porque alguien que no contara con mi experiencia náutica y mi aplomo natural lo normal es que al primer pitido se hubiera echado cuerpo a tierra o lanzado en busca del refugio atómico más cercano al grito de vamos a morir todos.
Lo vengo observando desde hace ya mucho tiempo y creo que es hora de denuciarlo. No hay manera de que acertemos con el volumen del sonido de los altavoces de los aparatos electrónicos. Pasa en el cine al aire libre, que la gente se queja de que no se entienden bien los diálogos porque está muy flojo. O en los televisores de los ferrys de Balearia que van a la Península, que ponen la misma película una y otra vez a tope y entre eso y el aire acondicionado por la noche no hay quien pegue ojo. Y no cuento aquí los autobuses de la EMT de Palma, que aunque la voz que anuncia la próxima parada se oye más o menos bien, hay que reconocer que da un poco de risa pensar que la gente que viene del aeropuerto pueda creer que aquí hablamos así.
Así que no quisiera pasarme de alarmista, pero lo de la señal acústica del semáforo del Paseo Mallorca habría que arreglarlo lo antes posible, no sea que un día algún invidente que esté esperando para cruzar cualquier otra calle en un radio de dos kilómetros lo oiga, crea que es el suyo y le dé por cruzar. Ese día podemos tener una desgracia.
Un paseo por Ciutat, en Última Hora