En la secundaria intentaron bajarnos una ideología.

En 2015 terminé la secundaria, una etapa que creí que no se iba a terminar jamás.

En su momento, pensé que había tenido profesores geniales que me habían inspirado a seguir lo que a mí me gustaba y demás… y los tuve, de verdad, pero hubo otros que dejaron una mala impresión en mí ahora que lo miro desde otro punto de vista.

En la materia trabajo y ciudadanía, por lógica se enseñan temas referentes al trabajo: derechos de los trabajadores, historia de los sindicatos, etc.

Bien, todo esto estuvo presente, pero también hubo un no muy sutil intento de manipular a los estudiantes.

¿Cómo se intentó esto? Bueno, mediante clases enteras dedicadas a preguntarnos a cada uno de los estudiantes qué queríamos estudiar y donde. Según lo que decía cada alumno, variaba la respuesta.

Recuerdo perfectamente que aquellos alumnos que decían que querían continuar sus estudios en la UBA (es decir, la Universidad de Buenos Aires), la universidad pública más reconocida en mi país, eran recibidos con una felicitación y una frase similar a esta:

Vas a tener que esforzarte mucho, pero con sacrificio lo vas a lograr. Muy buena elección, vas a tener prioridad laboralmente por sobre graduados de otras universidades.

Cuando escuché aquella frase no pensé nada, al fin y al cabo, tenía el derecho de opinar lo que quisiera, ¿no? Pero lo que no podía, o mejor dicho, no debería hacer es tratar de hacer sentir mal a los demás por no elegir una universidad pública.

Una compañera mía, respondió que iba a estudiar abogacía en la universidad de Morón, a lo cual mi profesora pasó a contestar con un semblante serio:

Esa universidad no es buena. ¿Nunca vieron en los clasificados de los diarios los avisos donde las empresas ponen bien clarito: graduados de la universidad de Morón abstenerse? No les conviene eso, para progresar en la vida hay que hacer esfuerzos.

En ese momento, y sabiendo que yo también iba a estudiar ahí, sentí vergüenza y decidí responder que no sabía ni qué quería estudiar ni donde. Con el tiempo, y aún más ahora que me encuentro en la universidad, me doy cuenta de que esas frases no estuvieron bien. No por el hecho de que le parezca que una universidad es mejor que la otra, sino porque no tiene derecho alguno a hacer que los demás se sientan mal por sus elecciones.

En mi caso, elegí ese lugar por dos razones: tiene la carrera que quiero seguir, y me queda lo suficientemente cerca de mi casa como para ir caminando y ahorrarme el transporte público. Y no me arrepiento de haberla elegido, podrá no ser la UBA pero estoy muy conforme con el ambiente sin contaminación política que hay.

Por otro lado, recuerdo que aquellas clases afectaron a mis compañeros de diferentes formas. Por ejemplo, una amiga mía, que en ese tiempo quería estudiar medicina en la UBA me había repetido varias veces que no entendía porque iba a ir a una universidad privada si había publicas, que me iba a graduar y conseguir trabajo porque siempre iban a estar por delante los que salían de la UBA, etc. Esos comentarios no solo me molestaron, sino que me lastimaron.

Finalmente, me planteé que la que iba a estudiar era yo y que lo que opinaran los demás no era realmente importante. Así que hice las paces con ese momento de mi vida, pero me quedé pensando en cómo puede manipular a un adolescente una profesora, un maestro o cualquier adulto al que el joven le otorgue ese poder… Y quizás, también habría que hacer reflexionar a la gente en general sobre lo que dice en presencia de niños y jóvenes, y cómo esas palabras pueden afectarlos.