La perfección tiene nombres

Y cada uno de ellos me flipa.

Deleitarse en el presente. El amor, la pasión por la vida, la música, el arte o la pintura, una lengua o bandera. Por viajar, conocer, sentir y experimentar. Soñar con los pies en la tierra, perseguir metas, incansable, charlas con amigas. Programar un viaje, salir a bailar, jugar a cartas y ganar, saborear el éxito, escribir y emocionarte. Ver una película tumbada en el sofá, la nota final de una canción, momentos con chispa, cuando el tic tac se detiene y tu respiración se acelera.

El primer beso, tu canción favorita, el olor de la rosa recién cortada, un almendro en flor, un niño riendo, una historia con final feliz, una comida con sustancia y condimento. Los rayos de sol que trae la primavera, una caminata mañanera, dejar la mente en blanco y pedalear. Idear una nueva receta, innovar y ser creativa, cambiar aquello que lleva tiempo rondándote la cabeza, darle salida, acción.

El ‘plop’ de una botella de vino, un nuevo comenzar, leer la mente, tu primer piso, un color de uñas atrevido, un nuevo corte de pelo, sentirte bonita, feliz… el vaho en el espejo después de un baño caliente, el simple aroma a chocolate recién hecho, tararear una melodía, un copo de nieve en la ventana. La seda en contacto con la piel, una mirada cálida, un deseo ardiente como un volcán en erupción, perder el aliento, cruzar la meta, un poema de Machado, un match point, pan casero con doble horneado, un libro con chicha, la boda de tu mejor amiga, un recuerdo de tu infancia, el acabar un mueble o decorar una habitación y sentir que todo encaja, en perfecta armonía.