Cómo invertiría 50 millones de dólares para refundar el ecosistema de medios en América latina

Por Mariano Blejman

El ecosistema de innovación en medios está roto en América latina. Los grandes medios tradicionales ven caer su distribución en papel de forma sistemática y no hay innovación en el aspecto tradicional de la industria que pueda reflotar el impreso. No a largo plazo. Los ingresos publicitarios por las versiones en papel siguen siendo tan altos en relación al on line que han demorado la inversión en negocios provenientes de las plataformas digitales. Los medios periodísticos -enfocados en otros negocios paralelos, vinculados familias tradicionales- no han agregado valor. Y así vamos. En marzo de 2011 fundamos en Buenos Aires el capítulo local de Hacks/Hackers que hoy es el más grande del mundo con más de 7000 miembros activos. Esperábamos generar una disrupción, que no ocurrió como imaginamos.

Fundé la Media Party, reunión productiva más grande de América latina, donde cada año juntamos más de 2000 personas a trabajar en innovación, inventamos el primer fondo de aceleración de periodismo de datos y el primer programa de aceleración para medios periodísticos del mundo en 2013. Hemos abierto la puerta a decenas de entusiastas emprendedores en fondos de inversión, filantrópicos, grandes corporaciones; y aún sí no hemos podido ver el crecimiento de medios digitales dominantes en América latina. Decenas de buenas ideas y grandes emprendedores terminan siendo tergiversadas por las oportunidades de mercado, cajoneadas por la falta de estímulo o directamente pisoteadas por otros operadores. Decenas de proyectos quedan en el medio del camino por la incapacidad de potenciales inversores de acompañarlos.

El sistema de financiación también está roto. El sistema de innovación auspiciado por la filantropía se basa en espasmódicos esfuerzos para utilizar fondos (o los intereses de ellos) provenientes de negocios altamente rentables sin necesidad de apuro alguno. Es como si la culpa de generar nuevos negocios, les invita a financiar proyectos que de otra manera no podrían existir pero que sin ellos también dejarían de hacerlo. Quieren ser primeros, pero no quieren estar solos. Y van generando un tetris difícil de hacer andar. La dependencia de la filantropía en innovación en medios ha convertido a las comunidades de innovadores en mendigos de oportunidades. Al menos en América latina, hay entre los fondos disponibles y los emprendedores de medios, una capa de intermediarios más interesados en administrar la renta que en acelerar innovación. El resultado de ese sistema, es que los grandes emprendedores terminan abandonando sus economías y se suman a proyectos en países centrales relegando sus propios mercados.

¿De dónde debería venir la financiación para acelerar innovación y lograr medios digitales nativos o reconvertidos capaces de dominar el mercado de la monetización? La filantropía es acotada, lenta, insuficiente. La inversión de riesgo se mueve rápido enfocado en beneficios exponenciales y no espera. Las ideas, equipos y proyectos que pudieran detectarse temprano terminan poniendo esfuerzos en mercados más lucrativos o disruptivos y -como en un capítulo de Los Simpson- al final todo vuelve a la normalidad.

El sistema de entrenamiento también está roto. Las universidades están totalmente desenfocadas en cuanto a la apuesta a los negocios periodísticos, los espacios de entrenamiento han sido cooptados por las grandes corporaciones de Internet más interesados en que los periodistas aprendan a usar sus opacas tecnologías que encontrar negocios en conjunto. Las comunidades están un poco perdidas, hay que decirlo. Debatiéndose y peleándose entre filantropía y negocios sin demasido rumbo, ni impacto, abrazando los datos como nuevo relato.

Mientras para muchos eso se transforma en desaliento, esta es justamente una oportunidad de negocio. Si pudiera crear un fondo para acelerar la innovación en medios en América latina y tuviera que ofrecer retornos importantes a los inversores, lo haría de una forma completamente diferente a la que actualmente existe en el mercado. El modelo de inversión de empresa por empresa, tradicional en el mundo del capital de riesgo, no funciona para generar impacto en el ecosistema de medios. Es lento, poco eficiente y las empresas crecen en letanía, los inversores se asustan rápidamente y buscan otras zonas de comfort. Al fin y al cabo, terminan echándole la culpa a los emprendedores, y los emprendedores sugieren, siempre sin ofender al inversor, que no les han dado el tiempo suficiente para crecer y seguir recibiendo capital.

¿Cómo invertiría 50 millones de dólares para hacer un negocio redituable, y transformar el ecosistema de medios en América latina? Imaginemos por un momento que América latina es una ruleta en donde en una primera vuelta se puede apostar por todos los números, asumiendo que si en algún momento futuro finalmente sale uno de esos números, aquellos que jugaron desde el principo tendrán derechos especiales por cada número para entrar a jugar cada vez. Concretamente, aplicaría un modelo de cascada 15/15/20 a ser distribuido en 3 años. 15 millones de dólares destinados a generación de nuevas oportunidades, 15 millones de dólares destinados a validación de producto y 20 millones de dólares destinados a estabilización y crecimiento.

No se trata de despilfarrar los primeros 15 millones de dólares para ver qué ocurre, sino de establecer flujos continuos de financiación, capacitación y transferencia de valor agregado. Trabajar en etapa temprana con decenas de emprendedores, periodistas, programadores y diseñadores y organizaciones, mejorando capacidades, y creando puentes permanentes en el despliegue de oportunidades, en donde al final lleguen los mejores.

El método de cascada en selección de innovadores funciona tanto para las inversiones de capital de riesgo, como en el proceso de selección que hace la escuela de música cubana para elegir a sus mejores pianistas. En las escuelas de música de Cuba todos tienen derecho de ingreso a los conservatorios pero sólo aquellos que destacan por mérito terminan en las filarmónicas. Lo mismo hace Y Combinator. En muchos casos, los inversores odian pagar gastos, entrenamientos y programas. Lo ven como un costo innecesario. Sobre todo aquellos que administran capital que no es propio, y son los más conservadores en asegurar el retorno. Pero la inversión a pinceladas no ha dado sus frutos en nuestra región. El ecosistema de inversiones y aquisiciones es casi inexistente en América latina para el mundo de los medios. Los grandes medios tradicionales han sido más bien expulsivos cuando se trata de adquisiciones y compra de servicios. En su gran mayoría -sino toda- no se definen como empresas de tecnología, sino como empresas de contenido que necesitan tecnología y terminan delegando el desarrollo del corazón de su negocio a grandes empresas que “les hacen” sus plataformas. Alguien preguntará, por qué invertir en oportunidades y en personas cuando lo que quiere un inversor es maximizar los retornos de empresas que estén facturando.

La retribución final estaría asegurada desde el comienzo, y le daría la oportunidad de entrar en contacto en etapa temprana con emprendedores antes de que decidan mudarse a otras latitudes. Y aún si lo hicieran, serían apuestas a futuro. En Hacks/Hackers Buenos Aires hemos visto cómo decenas de los emprendedores e innovadores más ambiciosos que detectamos terminaron mudándose a Nueva York en busca de hacer crecer sus proyectos. En este caso, el fondo podrá tomar acciones en las financiaciones tempranas obteniendo derechos especiales en la detección de talento. Con esa primera inversión, no será difícil llegar a estimular el nacimiento de unas 500 nuevas empresas. Algo de eso aprendimos con el primer llamado de Media Factory, como parte de mi Knight Fellowship de ICFJ, donde recibimos más de 300 aplicaciones: marcar el camino con oportunidades permite a los emprendedores dubitativos enfocarse en nuevos pasos. Más de una docena de nuevos medios salieron de la primera camada de Media Factory, aún sin ser financiados directamente.

La segunda fase incluiría disponer 15 millones de dólares para trabajar en prototipos o emprendimientos pequeños y medianos, pero también algunos grandes con derecho prioritario a inversiones posteriores. Urban.us es un modelo interesante a seguir para establecer un flujo de conocimiento permanente: el fondo de inversión enfocado en la solución de ciudades del futuro tiene un fluido proceso interno de detección de talento y transferencia de conocimientos. No importa si está incubado, acelerado o invertido, si los equipos están en una misma ciudad o en varias al mismo tiempo. Lo importante es que estén conectados. Un porcentaje esperado de conversión hacia una segunda etapa de crecimiento es esperable que sea del 5%. Es decir que en esta segunda fase, se podría esperar que -de las iniciales 500 empresas- nazcan 25 a 30 nuevas empresas de medios, tecnología para medios, emprendimientos de datos abiertos, etcétera. Es una cantidad razonable para un mercado de 700 millones de personas. De esa forma dejaríamos de discutir sobre quién paga servicios y comenzar a pensar sobre cuál es la forma más eficiente de transferir valor para mejorar la calidad y el acceso a los datos de información.

La tercera fase es la que cierra el círculo. En esta etapa, es como si aquellas apuestas pequeñas a todos los números de una supuesta ruleta inicial vinieran con opción de compra: 20 millones de dólares para invertir en media docena de empresas. Crecer en un ambiente desarrollado y con distintos actores en juego mejoraría el ecosistema de ventas, fusiones y adquisiciones. También aprendimos que para dar el salto de crecimiento y calidad una vez validada la ejecución de los equipos, hace falta una inyección grande de capital y espalda comercial para llevar el medio o startup a otro nivel. Luego de los esfuerzos iniciales, al tener un medio maduro en reclutamientos y adquisiciones, este nivel de empresas operaría capitalizando la inversión inicial en el ecosistema, y adquiriendo o contratando recursos de otras empresas desarrolladas durante el proceso de innovación.

La parte más alta de la pirámide lograría tener algunos emprendimientos sustentables y de impacto, con conocimiento, capital y red de contactos para seguir creciendo y convertirse en dominantes. Al finalizar el proceso, además del impacto cultural, social y económico, además de mejorar la calidad de la información y lograr democracias más sólidas, los inversores de riesgo podrían participar de un crecimiento de 10 x del capital y una tasa interna de retorno del 30%. Por otro lado, aquellos partners estratégicos podrían consolidar el crecimiento de sus negocios y tener prioridad en realizar adquisiciones que permitan hacer sus negocios sustentables.

Para que esto ocurra, es necesario coordinar fuerzas con todas las organizaciones filantrópicas, corporaciones tecnológicas y fondos de inversión de riesgo. Desarrollar la búsqueda de capitales regionales para equilibrar las inversiones provenientes de países centrales. Abandonar por un período la conversación sobre la letra chica y el ego del venture capital, y concentrarse en la discusión central sobre cómo ser disruptivos. Quien sabe, tal vez, al final del camino salga el doble cero y nos llevemos como resultado las ganancias de todas nuestras apuestas.