LE0.1 CitizenZero

LE0.0 start_kernel( ) — https://medium.com/@blogdramatik/le0-0-start-kernel-a213ee0c5c9a

La mano me tiembla un poco por los nervios mientras desenvuelvo el pañuelo blanco y negro que me regaló Draia la primera vez que nos conocimos. Lo extiendo en el suelo con suavidad para no hacer ruido y con los dedos palpo las puntas de las diferentes ganzúas hasta notar la forma de sierra que busco, no tengo mucho tiempo y prefiero usar la Snake para ir sobre seguro que arriesgarme a hacerlo con una individual, la puerta solo tiene cinco pines y debería ser capaz de abrirla en menos de un minuto. Con el tensor en la otra mano, le paso un par de raspadas a la cerradura y oigo el repicar de los pines contra la ganzúa, un par de veces más y el cerrojo cede ante la pequeña fuerza que ejerce el tensor, dando dos vueltas acompañándolo de un seco “clack” del seguro al abrirse. Respiro.

Han pasado 3 días des de que encontré el cuerpo de Joseph — ahora sabía que se llamaba Joseph — tendido en el suelo de su habitación, y las imágenes no dejan de pasar por delante de mi ojos como una película a cámara lenta.

Recuerdo el momento en que decidí pasar por su casa al ver que no respondía los mensajes que le enviaba, suele ser de los que está delante del ordenador las 24h y, cuando está lejos, está constantemente con el teléfono tecleando a través de SSH a cualquiera de sus servidores. Al llegar a su casa, llamé al timbre como de costumbre siguiendo el código, pero no contestó. Al principio pensé que me habría olvidado del último código que me había dado y estuve repasando mentalmente los diferentes ritmos que me había pasado en los dos últimos meses. Pi piiii piiii pi piiiii, pi piii pi pi pi, si, era esa. Repetí la operación un par de veces y, al ver que seguía sin contestar, probé sin éxito empujar la puerta y acabé por cruzar la calle y sentarme en un pequeño escalón que quedaba en la panadería cerrada de enfrente de casa de Joseph.

Mientras un cigarro se consumía entre mis dedos, ojeé las paredes de aquel viejo edificio de la calle Tànger. El edificio donde vivía Joseph era de aquellos a los que el ayuntamiento no gusta de mantener en pie, ensuciando su querida ciudad prostituida vendida al turista que mejor pague, un par de señoras que aún viven en el segundo piso evitaron su demolición mientras aguantaban presión de alguna de las grandes empresas inmobiliarias que buscaban un poco de dinero rápido con la compra-venta y llegó Joseph para molestar un poco más a la empresa y, de paso, echar un cable a las dos señoras en todo lo que pudiese. Las humedades se filtraban por debajo del balcón hasta el exterior dándole al edificio un aspecto de cara llorando y triste, como todo en esta asquerosa ciudad.

El olor de pollo quemado que desprendían mis dedos al acabar de consumirse el cigarro me devolvió a la realidad. Me levanté y volteé el edificio buscando el acceso que utilizamos con Joseph la primera vez, la ventana seguía rota así que no costó subir escalando un poco hasta poder abrirla con facilidad, y entrar. Una vez dentro, algo raro me hizo poner todos mis sentidos en alerta, así que poco a poco me encaminé subiendo los escalones hacia la tercera planta. Al pasar por delante de la puerta del 2º, pude ver que la puerta estaba entreabierta, no era una buena señal, así que seguí subiendo los escalones un poco más rápido hasta llegar a la puerta del 3º 1ª, estaba abierta de par en par.

Fui adentrándome al piso para poder observar mejor la situación. A mi izquierda, un pequeño salón presidido por un único objeto, un sofá azul apuntando a la pared de delante, aguantaba a duras penas el paso de los días. Un poco más allá, con unos azulejos azules y blancos que contrastaban con el color carne del resto del piso, una cocina del tamaño de un policlyn batallaba por dejar ver alguno de sus resquicios entre cajas de Red Bull y Pizza. Con una sola mirada pude tener controlada la zona izquierda así que decidí adentrarme poco a poco en el pasillo que salía hacia mi derecha, acercándome a lo que parecía un zumbido de ventilador que venía de la última habitación.

Asomando un solo segundo la cabeza pude contemplar la que, por desgracia, sería la primera de muchas escenas de muerte que vería en mi vida. A veces uno no es consciente de donde se mete hasta que ya es demasiado tarde, aunque también es cierto que muchas experiencias hay que comprobarlas por uno mismo.

Joseph estaba tumbado boca abajo contra el teclado de su ordenador con un agujero en la cabeza del tamaño de mi puño. Las piernas me fallaron y caí al suelo con pequeños espasmos, los ataques de ansiedad volvían. No sé cuanto rato pasé en esa posición, pero cuando conseguí recuperarme la luna se había comido al sol y una luz tétrica ocupaba ahora la casa. Intenté recuperar los sentidos y la concentración, debía salir de ahí cuanto antes. Me acerqué al cuerpo inerte de Joseph y lo cacheé en busca de información. Después de rebuscar entre las cosas de su habitación di con su cartera, con la que pude por fin ponerle un nombre a CitizenZero y saber que se llamaba, o al menos eso ponía en el carnet de conducir que encontré, Joseph Piñol.

Repasé un poco más la habitación para ver si encontraba algo y le hice un repaso al ordenador también, alguien precavido como CitizenZero hubiera desconectado de cuajo el ordenador sin dudarlo un instante al alertarse de cualquier peligro antes que dejar a la merced de cualquier atacante su información personal. Eso solo podía significar dos cosas, o bien su asesino había conseguido colarse en su casa sigilosamente y dispararle por la espalda, o era alguien de su confianza que le había tendido una trampa.

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