Abril, mes del testamento, digital.

Voy a comenzar una campaña vehemente como la que hace el Gobierno de la República Mexicana cada septiembre, para que la gente tome las medidas necesarias para dejar todo arreglado antes del inesquivable (por ahora) proceso de estirar la pata. La neta, es muy injusto—para los que se quedan a sufrir de esto que llamamos vida—el irse a disfrutar de paradisiacos y etéreos reinos, intestado. Y es que créanme, he visto familias de las comúnmente conocidas como «muegano» desmoronarse como mazapán, al intentar comerlo, en el coche y con pantalones negros. Nadie sale limpio, aunque sea por dos yuntas y un buey.

¿Y por qué en abril?. Bueno, les voy a contar. Durante este mes, se conmemora la fecha en que uno de mis mejores amigos —en toda la extensión de la palabra—decidió que era ya tiempo de dejar estos envases hórridos, imperfectos y con tendencia a la obsolescencia, para entregarse a la infinita, pura y libre vida ectoplásmica. No es el primer ser querido que decide hacerme eso, pero Luisalponcho, fue uno de los pocos locos con los que podía compartir el gusto por la tecnología sin que me viera como bicho raro, digo, el estaba peor que yo. Recuerdo cuando nos íbamos a las fiestas del canal #Guadalajara del servidor undernet.org del IRC protegidos bajo los pseudonimos de el Rase (él) y el_blondy (su servilleta) a conocer gente variopinta—algunas con las que me he vuelto a topar decadas después—para terminar y regresar a nuestras vidas “normales”.

Ahora, ¿qué tiene que ver esto con testamentos y esas cosas de las que evitamos hablar al punto de sentirnos inmortales?. Bueno, lo que pasa es que para la cantidad de conversaciones, discusiones y pleitos álgidos que he tenido sobre tecnología en los más de 20 años que he estado de una u otra manera inmiscuido, rara vez nos planteamos, abiertamente, la respuesta a la pregunta: ¿y qué pasa con mis cuentas o identidades en línea?. ¿Qué pasa con mi cuenta de Facebook una vez que yo ya no esté aquí?. Si bien, hay países que ya tienen legislación al respecto, en mi somera investigación—que se basó en unos minutos de pegarle al Google—en México y en muchos países de Latinoamerica, no existe nada para proteger esos activos que no expresamos en nuestra contabilidad.

¡Pero que exagerado es éste cabrón!. ¿A quién le puede interesar el historial de pleitos que me ponía en Twitter con Noroña?. Ok, te la compro. Si no eres Belinda que puede vender tuits en varios cientos de miles de pesos, a pocos nos puede. Pero, ¿te has puesto a pensar que en el lapso en el que la muerte decide llevarnos, podemos recibir un monto de dinero en nuestra cuenta de Paypal?. ¿O, que en tu Gmail tienes algunas facturas guardadas que pueden ser de gran importancia para tu empresa?. Y no nos pongamos solamente materialistas. Por ejemplo, en mi cuenta de Google Photos, tengo respaldadas más de 12,000 imágenes que dan fe y legalidad de mis últimos 6 o 7 años de dejar huella de carbón en este planeta y que para mi familia y amigos pueden significar algo. Ustedes hagan el acto de reflexión sobre todas las cosas de valor que tiene ya, almacenadas en la nube, esa no es mi tarea.

Oye Jesús Oscar, pero ¿y qué puedo hacer?—porque de entrada te digo que yo no voy a andar compartiendo mis contraseñas con nadie, no sé sí conozcas el termino privacidad. Pues de entrada te respondo que esa es una de las pocas opciones para algunos de los servicios que usamos todos los días (si Paypal estamos hablando de ti). La otra es la vía legal, que ya sabemos puede ser tortuosa.

La buena noticia, es que por lo menos, tres de los servicios que mayor penetración tienen, y bueno, los que más información acumulan, cuentan con herramientas para por lo menos, controlar los daños.

Facebook: La red de los likes y de las etiquetas peligrosas en las fotos, cuenta con dos opciones. Una para los precavidos, que permite nombrar un «contacto de legado» que podrá administrar tu cuenta una vez que fallezcas. Pero no te me paniquees. Tan solo podrá cambiar la foto de perfil—ya tú sabes, ponerle un moñito negro o una frase cursi—anclar una publicación hasta arriba o aceptar (o rechazar) nuevas solicitudes de amistad (ya pa’que). No podrá ver tus publicaciones privadas o conversaciones en el Messenger. No te esperes y nómbralo siguiendo las instrucciones en este vínculo.

La otra opción es para el que le vale madres y así dejarle la tarea a sus familiares para que puedan solicitar a Facebook—después de acreditar que realmente ya nos pintas atardeceres desde desde el más allá—ya sea para que eliminen la cuenta o la conviertan en conmemorativa. Básicamente la cuenta conmemorativa sirve como un altar en el que tus seres queridos y chismosos puedan dejarte palabras de aliento o publiquen recuerdos juntos. En tu nombre de perfil aparecerá la palabra “en memoria” o con esto evitarle un susto a un descuidado al ya no aparecer en las sugerencias de: “personas que quizá conozcas”.

San Google: Que no es solamente el buscador, cuenta con una herramienta muy robusta para básicamente recordarte que sigues vivo. Si eres una persona solitaria y no le importas a nadie (de seguro te lo ganaste), con el Administrador de Inactividad de Cuenta, al configurarlo, te manda un correo si dejas de usar tu cuenta por un periodo determinado [por ti] para preguntarte si aún respiras. Básicamente es como el conserje del edificio que va y toca a la puerta a los dos meses de que detecta que algo huele feo y no te ha visto salir de tu departamento. Si no respondes, pues ya le avisa a alguna de las personas de confianza (que puedan pagar los meses de renta atrasados) que determinaste y les da acceso a descargar información que uno determina de los distintos productos de la empresa (lease: YouTube, Google+, Gmail, etc.). Puedes configurar hasta 10 contactos. También puedes instruirlo para que una vez que eso haya ocurrido, elimine la cuenta con toda la información en ella.

Twitter: Bueno a Twitter como que le vale madre. Para la del pajarito azul, este rollo es menos planeado y solamente cuenta con una herramienta, que es un formulario— y que es el mismo que se utiliza para reportar una cuenta de un menor de edad—para que te acredites como familiar para desactivar la cuenta. Este formulario lo encuentras aquí.

Existen otras formas de dejar un legado digital. Ya dependerá de cada quién cómo hacerlo. Desde utilizar un administrador de contraseñas como Lastpass y compartirle a alguien de muuuuuucha confianza esa única contraseña y si esa persona deja de serlo, tan solo tienes que modificar una sola contraseña. O existen otros especializados como Password Box, que cuenta con un servicio especializado para este motivo que se llama Legacy Locker; el cual, básicamente te permite determinar un heredero al cual le otorga acceso a la información que tu decidas.

Ahora si que no hay pretextos. Haz tu testamento (el de neta) y prepara HOY, tu plan de legado digital para evitarle a tu familia otro dolor.

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