Sexismo y confetti.

La palabra feminismo comenzó a utilizarse en México en los últimos años del siglo XlX. Para principios del siglo XX, el término se había vuelto de uso común en la capital del país. En la primera década del siglo XX, la oposición al gobierno de Porfirio Díaz favoreció la incorporación femenina a la actividad política.

Entre las mujeres que combatieron al régimen con la pluma, estaban: La poeta Dolores Jiménez y Muro, y la señora Juana Belén Gutiérrez de Mendoza; ambas denunciaron injusticias y llamaron a la rebelión en artículos de la prensa clandestina. Además, Gutiérrez de Mendoza editó y dirigió el periódico opositor Vésper.

En esa época, el feminismo reivindicaba la igualdad entre los sexos en lo relativo a la capacidad intelectual y a los derechos educativos de hombres y mujeres. Al mismo tiempo, propugnaban por la valoración de una serie de atributos subjetivos considerados característicos del sexo femenino: la capacidad emocional, la dulzura y la superioridad moral, entre otros.

¿Qué busca el feminismo del siglo XXl?; las feministas actuales buscan abolir la depilación femenina, argumentando que es una costumbre propia de mujeres esclavizadas y sometidas por una sociedad machista. Se busca criminalizar los piropos como acoso callejero, con diferentes iniciativas como “Caminar sin violencia”.

El feminismo actual también se ha unido al movimiento “queer”, que busca abolir el género binario, es decir, lo femenino y lo masculino; por ello muchas mujeres feministas, dicen ser lesbianas, como acto de rebeldía.

Entre otros ideales, se encuentran el satanizar el amor romántico, idealizar la sangre menstrual, sobreponerse al género opresor (los varones) dejando de lado el apoyo que ellos pudiesen brindar al movimiento feminista, como alguna vez lo hicieran Poullain de la Barré y Platón, entre muchos otros.

Se demanda la legalización del aborto, se exige que el hombre ceda su lugar en el transporte público; pero, ¿qué pasa cuando éste pregunta si la señorita gusta sentarse?, inmediatamente se le acusa de machista por considerar que la mujer necesita el asiento, debido a que es el “sexo débil”. Y, ¿qué pasa cuando el asiento no es cedido?; se le acusa al hombre, una vez más, de ser machista por no ceder el asiento y no ser un caballero.

Al parecer, los varones deben seguir los estereotipos de hombres bien educados, pero las mujeres feministas modernas, predican que la mujer no tiene que ser respetuosa, ni amable. Ni siquiera entre mujeres.

Lastimosamente, el feminismo ha abandonado sus nobles ideales originarios y los ha sustituido por otras luchas que avergonzarían a sus antecesoras.

Durante toda la revolución, se fundaron clubes femeniles y las mujeres realizaron servicios de espionaje y transportaron pertrechos de Guerra; se alistaron en la Cruz Roja, fueron alimentadoras y acompañantes de las tropas. Además, disputaron a los hombres la exclusividad del espacio político de la guerra, empuñaron las armas como soldados y obtuvieron sus grados y ascensos militares.

En medio de un despertar socialista, propiamente mexicano, a caballo, entre utopismo, anarquismo y liberalismo radical, se destaca la participación de intelectuales mexicanas, quienes fueron autoras de importantes proclamas y documentos, como el prólogo al Plan de Ayala, redactado por la poeta potosina Dolores Jiménez y Muro, Coronela del Ejército Liberador del Sur.

Con el paso del tiempo, otras mujeres como Dolores Jiménez han quedado olvidadas, como es el caso de Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, mujer feminista, intelectual, anarquista, editora, dirigente social, escritora y parte importante de los movimientos sociales que tuvieron como consecuencia la Revolución Mexicana. Mujer rebelde e incómoda social que fundó “Las Hijas de Anáhuac”, grupo conformado por unas 300 mujeres libertarias en 1907, que pedían, mediante huelgas, mejores condiciones laborales para las mujeres. Participó en la elaboración del Plan de Ayala, y fue encarcelada al declararse partidaria de Emiliano Zapata, quien la nombró Coronela, encargándose ella de organizar el regimiento Victoria.

Actualmente, “Las Hijas de la Anáhuac” no existe más, pero eso no significa que los movimientos feministas se hayan terminado. A las feministas del siglo XXI, les quedan pseudo representantes como “Las Hijas de Violencia”, colectivo fundado en 2012 que nace a partir de una obra de teatro creada por sus integrantes, Ana Beatriz Martínez, Karen Condés y Betzabeth Estefanía, con el tema “Ser mujer” y basada en experiencias de acoso y violencia hacía el sexo femenino. Utilizan el performance, la danza y las artes plásticas para dar a conocer el proyecto y su ideología feminista radical, con el propósito de “cambiar el rol de poder que tienen los hombres sobre los cuerpos feminizados”, así lo afirman las “violentas”.

Estas feministas confundidadas quieren transformar el “acoso violento” de los piropos y miradas lascivas en la calle, a algo, en palabras de ellas mismas, “positivo y liberador”. ¿De qué se trata?, apoyan la idea de que cuando una mujer vaya caminando por la calle y se encuentre siendo violentada por miradas, chiflidos o cualquier forma de “acoso callejero”, enfrente a su agresor disparándole con pistolas de confetti y evidenciar su agresión cantando una canción escrita por el propio colectivo: “Sexista punk”.

Ya que la mujer es vista como una mercancía de la cual el varón es amo y señor, otro de los ideales antipatriarcales que defiende el colectivo, es el de idealizar la sangre menstrual, debido a que, según su ideología se “oprime” a las mujeres durante la menstruación y se les impone vergüenza y censura por el hecho de vivir aquél proceso. El colectivo utiliza la sangre como un instrumento y sus performances suelen incluir a mujeres sangrantes, así como ropa interior manchada de sangre que cuelgan en monumentos importantes del estado, avientan toallas sanitarias y tampones al macho opresor, práctica que conlleva a la contaminación del ambiente y a la agresión hacía el género masculino.

Otra de las luchas del feminismo actual, es la búsqueda de legalizar el aborto, alegando que no hay igualdad, ya que: “Si las mujeres abortan y los hombres no, ¿por qué ellos deciden al respecto?”, según Marta Lamas, activista feminista de Xochimilco. Pero, ¿acaso no el feminismo buscaba una igualdad en la toma de decisiones?.

No es novedad que al movimiento feminista se le vincula con otras corrientes que buscan la no discriminación, como la que ha nacido a partir de la lucha LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y personas Transexuales) . El movimiento “queer” (LGBTQ) que incluye a personas pansexuales e intersexuales, se opone radicalmente a someterse a la rigidez de las clasificaciones duales hombre/mujer, homo/hetero. Los “queers” no se sienten cómodos bajo ninguna etiqueta de identidad, de orientación sexual, ni de raza; ya que se sitúan en el amplio espectro de complejidades que conforman la dimensión humana, alejándose así de las simplicidades y los extremos antagónicos.

Nuestras ofuscadas feministas del siglo XXI se denominan lesbianas o bisexuales, supuestamente como acto de rebeldía y en apoyo a este movimiento; la realidad es que terminan por cometer una ironía auto etiquetándose en una orientación sexual. Lo que le quita credibilidad a ambos movimientos.

Esta nueva ola de feminismo es un marxismo trasnochado, ya que todo se reduce a la “lucha de sexos”. Donde antes había “lucha de clases”; el opresor ya no es el burgués, sino el hombre, y su etapa histórica no es el capitalismo, sino el patriarcado; por lo tanto, la lucha no es en contra del capital, sino en contra del falocentrismo, un orden simbólico que centra en el falo (pene) la diferencia sexual entre hombres y mujeres.

¿Qué relaciona a las Hijas de la Anáhuac con las Hijas de la violencia?. Nada. Se ha llegado a un punto en el que el feminismo ha sido deformado para convertirse en una posición radical y violenta que, disfrazada de crítica social, ataca y desprecia a los hombres, tratando de romper la equidad de géneros para situar a la mujer por encima, mediante una convicción estereotipada de que los hombres son inferiores a las mujeres por naturaleza, es el extremo opuesto al machismo. Las mujeres ya no son feministas, son hembristas. Y me refiero sólo a las mujeres, porque estas feministas no dejan que los hombres sean participes en los movimientos y protestas que se realizan.

“Hay tantas faltas de respeto en tantos ámbitos a las mujeres en este país, que no me sorprende pero ni tantito que haya algunas a las que les gane la rabia, que se expresa de manera extrema en muchos aspectos.”, así lo afirma Miguel Rico, quien ha tenido roces en el periodismo y actualmente estudia literatura.

Se considera que la primera ola del feminismo comienza con la obra de Poullain de la Barré, “De la igualdad de los dos sexos”, debido a que éste libro fundamenta un concepto de igualdad válido contra el Antiguo Régimen y los privilegios de sangre que excluían a las mujeres.

Luego en “La República” , obra de Platón se buscaba la construcción de una sociedad perfecta. El filósofo reconoce una misma naturaleza para el hombre y la mujer, aunque para la época, pareciese algo ridículo, ya que no concuerda con el contexto histórico, debido a que ésta igualdad en la naturaleza para él es lógico que tuviesen las mismas oportunidades a través de una educación igualitaria. Aquí comienzan los inicios del derecho que la mujer tiene a obtener una educación completa, para así poder tener las mismas oportunidades que los hombres a nivel laboral.

De igual forma para Platón la mujer se convierte en objeto de razón; por lo tanto en ningún momento defiende sus derechos o los iguala a los de los hombres, sencillamente porque al ser un objeto de razón debe preparase para él, ya que el hombre (masculino) debe reproducirse con alguien similar para poder tener hijos perfectos.

Basados en estos conceptos, ¿por qué el feminismo actual no integra a los varones en el movimiento?. Hoy en día, hay hombres luchando por los derechos de las mujeres en diferentes partes del mundo. Así es, hombres feministas. El feminismo siempre buscó que la barrera entre hombres y mujeres cayera para que ambos pudiéran tener las mismas oportunidad, basados en las capacidades de cada uno como persona y miembro de una sociedad, no como un género.

“Creo que es válida la forma en que las mujeres busquen expresar el feminismo. Finalmente, la elección que haga cualquier tipo de mujer para manifestarse a favor de sus derechos y en contra de la violación de esos derechos y a favor de la salvaguarda de esos derechos es totalmente comprendida y debería ser aceptada.”, Afirma Esther Ponce Adame, Licenciada en relaciones internacionales por la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Al otro lado del mundo, la lucha feminista se encuentra más arraígada a sus raíces. Mujeres como Malala Yousafzai, protestan contra la desigualdad de género yendo a la escuela, estudiando, sin importar el vivir en un pueblo violentado.

En zonas de Etiopía, las niñas son víctimas de mutilación femenina, creyendo que se purifica a las mujeres de su feminidad. “Son sometidas através del dolor y las hacen vírgenes de por vida e insensibles al placer sexual, con el objetivo de que sean siempre, esposas devotas y fieles.”, OMS, Organización Mundial de la Salud.

Waris Dirie es una mujer Africana de infancia difícil, que decidió en 1997, ya con una Carrera en el mundo del modelaje y en la cúspide de ésta, confesar que había sido víctima de la mutilación genital, y desde entonces, se ha convertido en la portavoz oficial de movimientos para abolir ésta práctica, escribiendo libros, creando fundaciones e informando sobre este tema al mundo entero mediante películas, conferencias y entrevistas.

En la India, las mujeres son obligadas a casarse, incluso siendo niñas, en Arabia Saudita no está permitido que las mujeres manejen.

En todo el mundo hay una enorme discriminación hacía las mujeres, algunos lugares están peores que otros. Sabiendo esto, ¿de verdad vale la pena protestar por no quitarse los vellos de las axilas?, ¿en dónde tenemos puesto el feminismo?.

Hoy en día el feminismo está latente y más de actualidad que nunca en organizaciones de derechos humanos, organizaciones de bases, locales y asamblearias que día a día trabajan para reducir los efectos negativos de una sociedad que busca la no discriminación y la igualdad de géneros. Es por ello que nos toca como jóvenes, informarnos acerca del movimiento y recuperar los ideales iniciales.