Y, ¿cómo está tu… gato?.

Oficialmente acabo de convertirme en la “loca de los gatos”, a mis casi dieciocho años, encajo perfectamente con aquél estereotipo de amargada solterona que ama los gatos.
No lo digo de forma pesimista o porque haya terminado una relación y esté enojada por ello y me haya resignado al pensamiento de que jamás voy a encontrar a una persona que me ame, ni porque se me haya pasado por la cabeza dejar de creer en el amor. No. Claro que creo en el amor.

Estoy en una etapa de mi vida llena de cambios, en la que por primera vez, me siento inmadura. No, no soy de las pubertas que van por la vida haciendo “dab” para verse cool; soy inmadura porque estoy experimentado sentimientos de los que hace un año era totalmente ignorante. No son sentimientos que no hubiera experimentado antes, es sólo que nunca les había prestado atención o se arreglaba con un “abuelita, ¿qué me pasa?” y bastaba con un “aunque estés triste, come. No castigues a tu estómago” y no lo castigaba.

A mi edad, puedo decir que he amado, en un amor de pareja. Y sí, tal vez sueno a la típica muchacha que se clava con el primer novio serio que tuvo y que porque siente mierditas en las tripas y le brillan los ojitos cuando lo mencionan ya siente que fue amor. Tal vez sí, pero me gusta creer que es algo que va más allá. El caso, es que fue una relación tóxica de la que ambos tuvimos que salir huyendo. Y esto lo menciono para que quede claro que puedo distinguir muchos de mis sentimientos, aunque muchas veces no sepa explicarlos.
Después de está relación de casi dos años, me ha sido muy difícil volver a encontrar pareja. Tampoco es como que todo el tiempo esté buscando compañía amorosa, pero tampoco falta alguien que quiera algo conmigo. Y éste es uno de mis problemas, quieren “algo” conmigo, pero no saben qué es lo que quieren.

Mientras las cosas con el novio de los dos años terminaban, tenía un amigo que estuvo madrugadas hablando conmigo para que no me sintiera tan mal. Al finalizar mi relación, mi amigo se me declaró y quedamos en “a ver qué pasa”, y… pasa que sólo era una calentura, por su parte. Suena cruel, pero ahora que lo pienso yo lo veía como ese “un clavo saca a otro clavo”, así que tampoco buscaba una relación seria con él. Tampoco le di lo que buscaba salió muy indignado de nuestra “relación”.
Después, comencé a hablar con un chico de la preparatoria en donde estudiaba. Me tomó confianza demasiado rápido y yo, por no ser grosera intente no mostrar mi incomodidad cuando me contaba problemas o situaciones personales. Al mes cosas como “voy a entrar a tu corazón” ya se habían vuelto algo de diario. Mis respuestas siempre eran como “te equivocaste de chat” a lo que él respondía indignado y dejaba de escribir durante algunos días. Todo terminó en que tampoco buscaba seriedad y a los pocos días de haberme enterado de sus negras intenciones, consiguió una novia.

Pasaron los meses y un chico de la nueva preparatoria comenzó a llamar mi atención, salimos una vez y con eso fue suficiente para darme cuenta de que no llegaríamos a ningún lado, aunque sus intenciones no fueran las de los chicos anteriores.
Siguió pasando el tiempo y no me fijaba en nadie en particular. 
De pronto un “bop” en mi messenger que respondí cortante, y seguí cortante hasta que el chico me dijo que su hermana es artista y que tendría una exposición en un museo esa misma noche, y bueno, ganó mi interés, no tanto por él, sino por su hermana la pintora.
Comencé a hablar cada vez más con el chico y nos dimos cuenta de que congeniábamos bien; entonces, me dijo que le gustaba, aunque ya era algo obvio. Le correspondí, nos conocimos, nos vimos, salimos y en eso quedó. Mi papá lo odiaba y el chico sólo me daba largas y no me decía qué quería de mí, hasta que me mandaba indirectas sexuales y otra vez, la misma historia.

Cabe mencionar que siempre me he fijado en chicos mayores que yo, la única excepción fue el chico de la nueva preparatoria, le llevo un año.

Ya estaba cansada, de que ellos me buscaran y yo; no quería buscar ni encontrar a nadie. 
Por primera vez en mucho tiempo, me sentía satisfecha con cómo me estaban saliendo las cosas. Mi mala suerte en los estudios se había desvanecido, estaba teniendo éxito en cuanto a escribir se refiere y entré a un taller de pintura al que había querido entrar desde que era muy pequeña, pero pensaba que realmente era pésima para dibujar.
Entonces, conocí al último muchacho. Bendito instagram. Las cosas se dieron muy rápido, y de igual forma, terminaron. Fue mi novio durante veintiún días. Supo ganarse a mis padres, a mi familia (aunque nunca lo conocieron) y a mis amigos. Pero así como tuvo interés en mi rápidamente, en cuanto acepté ser su novia, con igual rapidez desapareció.
Tampoco le gustaba que le dijera las cosas que me molestan, así que ese fue un factor por el que terminamos. Y si yo no le hubiera mencionado que no sentía interés de su parte en la relación, seguramente me preguntarían por él en vez de preguntarme por mi gato.

Me he puesto a pensar en que tal vez soy demasiado exigente en cuanto a conseguir pareja se refiere, pero ¿quién no lo es?. Estás buscando a alguien con quien ser íntimos y eso no lo logras con cualquiera.
Tal vez deba dejar de quejarme por todo, pero ¿no tengo la libertad de expresarme?. Muchas veces me dicen que me enojo por cosas muy pequeñas, pero no me enojo… o no siempre. Cuando algo me molesta/incomoda, lo digo de una forma bastante tranquila, las cosas que diga después, dependen de tu actitud.
También he notado que tal vez debería dejar de tener más méritos profesionales que mis parejas… pero, ¿cómo por qué?.

He llegado a la conclusión, como muchas otras personas, de que muchas veces a la pareja le asusta éxito que su compañero/a (en especial si la que tiene éxito es años menor o tienen metas similares) sea mayor al suyo. Y yo, a pesar de que no he tenido éxito como tal, he sabido darme a notar en los ámbitos en los que soy buena, y a mis parejas “oficiales” eso les causa gran conflicto. 
El novio de la relación tóxica no quería dejarme crecer profesionalmente, decía que seguramente iba a dejarlo en cuanto tuviera oportunidad porque seguramente no quería estar con un “fracasado” que no terminó la secundaria y a pesar de que siempre lo animaba y lo alentaba a superarse, salía con cosas como “seguro tú quieres que estudie porque te da pena decir que tu novio trabaja en un mercado”.
El último chico solamente le restaba importancia a mis logros, llegaba a contarle que me habían propuesto publicar un pequeño libro y decía “qué bueno, amor. Oye, fíjate que…” y cambio de tema, un tema que tratase de él, por supuesto.

¿Por qué tengo que hacer menos mis logros cuando los hablo con mi pareja cuando puedo llegar con mi gato, acariciarlo y escribir mientras me mira?.
No pide toda mi atención, pero tampoco le soy indiferente. Me da cariño cuando le da la gana y “contesta” cuando le hablo, lo que quiere decir que está atenta a lo que le digo.
No necesito darle muchos cuidados, es feliz mientras tenga comida y un lugar donde cagar.
No necesito ocultarle mi felicidad, ni mis tristezas, ni mis logros, ni nada.

Y si con mi gato puedo ser yo, soy la loca de los gatos. No me importa llegar a tener una cantidad enorme de ellos (mientras pueda darles cuidado a todos) porque me hacen feliz. Me hacen ser yo.