Mi nuevo hábito: La lectura.

O algo sobre cómo volví a mirar y a leer un libro como cuando niña otra vez.
Cuando tu corazón te pide un escape, échale tus ojos, (o tus cuatro ojos) a un libro.

Leemos siempre en las revistas virtuales que la mejor manera de relajarse tras un día largo es distendiendo el cuerpo, haciendo gimnasia, saliendo a caminar, pero nadie habla sobre la aventura de leer un libro antes de ir a dormir.

Mientras leemos, se crean fotografías mentales con cada palabra o frase que tiene algún significado para nosotros y lo que todavía es más fascinante es que ha llegado a demostrarse que en la lectura intervienen todos los sentidos; activándose las correspondientes regiones cerebrales con palabras específicas que despiertan ese sentido. Por ejemplo, ante palabras como “cloaca” o “perfume”, según las estás leyendo en este preciso momento, las áreas de tu cerebro relacionadas con el olfato habrán entrado en actividad.

Ninguna actividad humana es tan compleja: al leer ponemos en marcha diferentes tipos de memoria y codificamos al mismo tiempo ortografía, semántica y fonología; así, por ejemplo, no es lo mismo leer “luna” que “nula”. Las bases neuropsicológicas de la lectura son apasionantes y lo son aún más, las capacidades que hemos desarrollado como saltar de una letra a otra en milésimas de segundo o adivinar el final de una frase cuando los ojos aún están leyendo el principio.

Los datos sobre la velocidad son de vértigo: 4 palabras por segundo, es decir, 1 palabra en 250 milisegundos. Y no nos detenemos letra por letra, sino que escaneamos el texto leyendo conjuntos de letras; siendo capaces además de predecir y de rellenar el texto con nuestra propia inventiva. Así podemos leer un texto a pesar de que esté mal escrito: el cerebro lo procesa de tal modo que lo hace entendible.

Pero la lectura profunda y detallada, igual que las matemáticas para muchos, no viene ni natural ni fácilmente para la mayoría de las personas, algo que no es irremediable mientras se disponga de voluntad y determinación. Muchos se duermen mientras leen (que mejor cura para el “insomnio”) pero a veces, hay que leer justamente sobre la cátedra de historia universal desde los tiempos antes de cristo para tu examen del lunes y hoy es domingo.

El verdadero aprendizaje proviene de una lectura deliberada y un conjunto de principios que son simples, pero desafiantes. La única manera de obtener mejores resultados en la vida es aprender constantemente y la mejor manera de aprender es leer con eficacia y leer mucho.

Para no llegar a esos calamitosos límites, el tip revolucionario es la simple organización del contenido. Para leer un libro que cuesta, la mejor manera es buscando una posición de lectura que no te seduzca a los valles del reposo uniforme, lee en un escritorio, donde puedas mantener el cuerpo erguido en tu asiento. Toma descansos para distenderte y tomar agua, de 5' por cada 40' que estés sentado/a leyendo. También podrías fijar metas por capítulos o por cierto número de hojas. Es preciso tomar notas sobre los puntos importantes en una hoja aparte, o mejor, apuntarlos en un documento en Word, también señalizar con resaltadores de página o subrayar el libro, para posteriormente comprimirlo en un resumen. Es de mucha ayuda asociar lo leído con imágenes, así que si encuentras fotografías relativas, será mejor que las adjuntes a tu resumen.

Otro secreto también está en la hora que comiences a leer y ésto se aplica ya a cualquier tipo de lectura. Que no te sorprenda que te dé sueño justo luego de una comida, aprovecha las horas del día como de 9 a 12, de 15 a 20h. Asimismo, la iluminación es importante. Si es posible, utilizar las luces blancas o la luz solar, ya que las luces tenues invitan al sueño.

Si eres de los que se distraen fácilmente cuando están leyendo, ya sea por el ruido del mosquito que esta zumbando en la esquina de la casa del vecino, puedes pedir ayuda a la música. Pero no cualquier género, si no más bien una que te ayude a enfocarte en lo que estás leyendo. Playlists instrumentales son perfectas para el caso y quién mejor que Spotify para surtirte en variedad. Te facilito una aquí.

Hoy podemos leer en todo y en cualquier lado gracias a la tecnología. Contamos con apps gratuitas que nos permiten descargar cómodos ebooks en nuestros smartphones, como Gitden Reader para Android, quien el año pasado me permitió leer más de cinco libros desde las cómodas 5 pulgadas de mi teléfono. Y no podemos decir que sólo leer libros es considerado una lectura, leer blogs, revistas, papers y ensayos digitales, también lo son.

Desarrollar el hábito de la lectura no es sencillo, tampoco lo fue para mi. Empecé con el desafío de 20 páginas mínimas diariamente, los primeros días fueron exitosos y en los días que le siguieron, empecé a notar ciertas peculiaridades típicas mías como cuando empiezo una serie televisiva, como no dejar un capítulo por la mitad, ni tampoco quedarme con la curiosidad hasta el día siguiente. El hábito se volvió el vicio que se nota bajo mis ojos, las lindas y verdeliláceas ojeras por quedarme, por curiosa, leyendo hasta las “altas horas de la noche”. Resultó ser que “la cura para el insomnio”, se volvió un motivo más.

Sin duda alguna, leer todos los días me llevo a mejorar el uso de mi vocabulario, también a desenvolverme tranquilamente al momento de escribir y no tropezarme e interrumpirme antes de terminar una oración, además, volví a dar una luz de esperanza a esa pequeña que ya me daba por perdida en el ansioso mundo de los adultos “responsables”.